viernes, 25 de noviembre de 2011

Salsa y control: quinceañero del Veintitrés en Buenos Aires

Mañana (sábado 26) presentan en Buenos Aires, Argentina, una edición marginal de Salsa y Control, el libro de cuentos gracias al cual la gente empezó a decir y a creer que soy escritor.
Esta es la tripa de esa edición:
Y este es el blog en el cual los chamos de la editorial dicen lo que piensan del librito y del autor:
Y acá abajo está lo que me ha provocado expresar a propósito de ese acontecimiento, aparte de la contentura y el agradecimiento enorme que siento por el gesto de los compas Eduardo Febres, Giordana García Sojo y todos los que participaron en la conspiración.

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Unos chamos venezolanos acaban de reeditar en Argentina el libro de cuentos Salsa y control, aquella obra que escribí cuando todavía era un muchacho y se me notaba. Esencialmente sigo siendo aquel muchacho pero ahora me desplazo en un cuerpo de 46 años, así que la muchachez sólo se me nota cuando hablo, cuando cometo irresponsabilidades y cuando me enamoro.
Sobre el libro y las circunstancias en que fue escrito y publicado creo que ya dije bastante en esta entrevista:

http://www.platanoverde.com/pulpa_detalle.php?id=71 .

Agregaré que en estos días están cumpliéndose 15 años desde que apareció la primera edición, más o menos 20 desde que entregué el manuscrito en la editorial, y unos 25 desde la vez que agarré un bolígrafo en mi cuarto, allá en el bloque 20-21 de La Cañada, y empecé a garrapatear algo que decía: "Antes de comenzar el tráfago de andamiajes y cornetas en la cancha...". Tráfago. Maldita sea. Qué pretencioso y cabeza e machete era yo en ese tiempo, cuánto daño me hizo leer a García Márquez. Pido perdón a mis muertos por haber usado ese tipo de expresiones en mi juventud.
Por cierto que ese cuento iba a titularse Guerra en La Silsa, y se suponía que allí iba a reeditarse el duelo de tumbadoras entre Mongo Santamaría y Ray Barretto mientras en otro lugar, dentro del bloque, se desarrollaba otro duelo donde mataban a Primito. Pero no, la vaina se me fue por otro rumbo y terminé contando el chisme del personaje a quien la chama de sus sueños se le entregó en unas escaleras y al hombre no se le paró el machete. A cualquiera le pasa, y también por eso le pido perdón a mis muertos.
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Esa que acaba de salir es una edición artesanal o al menos hecha con criterios artesanales, es decir, con las uñas. Me consta porque los compas que han hecho posible esa travesura andan en una mamazón todo el tiempo, y yo sé que al publicar ese libro no andan buscando ganarse unos reales sino más bien quedar igual de mamando y además endeudados.
Mencioné la muy burguesa palabra "travesura". Lo es: según las leyes y la convención y tal los derechos de publicación de Salsa y Control los tiene Monte Ávila Editores Latinoamericana, así que, si nos apegamos a las leyes y normas vigentes, esos carajos están incurriendo en un delito. Si algún abogado trasnochado de la editorial del Estado decide un día de estos ponerse a trabajar o a justificar su sueldo pudiera meterles un susto, porque todavía en este tiempo la gente cree natural, lógico y defendible el hecho de que un producto cultural (en este caso un libro) tenga dueño.
Sobre las artes pesa todavía, y parece que pesará aun por varias generaciones, el criterio de propiedad: mucho tiempo y mucha sangre ha de costarnos entender y aceptar que la cultura no puede ser una mercancía, que nadie debería pagar por leer un libro, escuchar música, disfrutar de una obra audiovisual. Pero si se da la coñaza y vienen y los demandan pues jugaremos con las armas del enemigo y entonces vendré yo, más burgués que nadie, a decir en el tribunal que la editorial no es la dueña de ese libro sino yo mesmo, compadre: yo escribí la verga esa y soy su propietario, y me dio la gana de regalarles el libro a los chamos de La Barbarie Buhonera junto con el derecho a quedar endeudados por publicarlo.
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Sobre el libro, aparte de otras cosas tantas veces dichas, quisiera agregar algo que seguramente ya dije antes pero no tan seguido. Me parece un libro aparatoso y con más pretenciones que logros, pero del cual me resulta muy difícil renegar porque ya mucha gente se refiere a él con cariño y agradecimiento, y yo no soy quién para venir a exponer razones para odiarlo. Por supuesto que hoy lo escribiría distinto, con otro lenguaje, con otro ritmo, con más "relax"; sería un libro conversado más que escrito.
Además (y esto es fundamental) como ese es el libro de mi juventud, y en la juventud uno está formándose y descubriéndose al mismo tiempo que descubre al mundo, Salsa y Control viene a ser el testimonio del muchacho desubicado, torpe y libre de obligaciones o convicciones políticas que yo era en los años 80. Paréntesis: no me parece en lo absoluto casual el que yo haya llegado a Caracas a los 15 años y que hoy ese libro quinceañero esté llegando a Buenos Aires: nuestras obras imitan a veces nuestros pasos viajeros.
Los primeros cuentos que escribí allí pertenecen a la visión del mundo de un coñito a quien le interesaba más la playa que el activismo político. De pronto sucedió el 27 de febrero y me agarró en la avenida Sucre, no pude entrar a La Cañada; de pronto la masacre, los muertos y el tiroteo más espantoso de mi vida, en el que no hice sino huir mientras otros chamos de mi edad se fajaban a tiros con los cuerpos represivos; de pronto la anarquía del 28 y yo me apliqué al disfrute irresponsable del saqueo mientras otros chamos de mi edad intentaban organizar a la gente para que lo hiciera todo con orden antes que llegaran los pacos; de pronto el metralleteo serio con fusiles y cañones punto cincuenta, yo tirado en el piso del apartamento mientras otros chamos de mi edad caían asesinados por racimos; de pronto el regreso a la universidad luego de los días de suspensión de las clases, yo desconectado de los acontecimientos macro mientras otros chamos de mi edad daban las noticias de que habían muerto unos compas con quienes nunca compartí, una Yulimar que lleva el nombre de mi hija, unos conocidos Yanco y Roland a quienes tortuaron y volvieron mierda en la DIM. Los primeros cuentos del libro fueron escritos antes del apocalipsis de febrero de 1989, y los otros después. Unos cuentos de Salsa y Control los escribió un muchacho y el resto los escribió otro distinto.
Ciertos cuentos de Salsa y control ya no podían ser entonces los mismos que otros, como no fue la misma mi vida desenfadada: ese año crucial me volvió político y politizado pero conservé la fobia a los jefes y subalternos, a las jerarquías y a la disciplina. Resultado: un carajo transgresor pero (o tal vez por ello mismo) incapaz para la vida en militancia y para la construcción de colectivos.
Ese año la historia de mi país le estalló en la cara a aquel carajito playero (el país estaba cambiando con él, o al mismo tiempo), oprimido pero sin criterio de clase y sin noción de lo que eran las luchas populares, y lo sedujo con un beso que sabe a humo, a sangre, a cera, a cosa que arde, a lágrima, a beso, a mujer prohibida, a Sóngoroconsongo, a muerte, a flores secas, a mierda, a perfume, a ropa de mujer que tiembla, a trabajo en cauchera; a hombre maldito, a hombre sentenciado, a amenaza, a gobierno que tambalea, a piedra, cuero y bongó...

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias J.R.,aun presente esta mezcla de nostalgia y crudeza,pasados un pocotón de años de la primera vez que leí Salsa Y Control, llevada por la morbosa curiosidad de experimentar sangre, sexo y fuego. Chabela

Zhandra dijo...

Hola Sr. José Roberto. Aunque no califiques "Salsa y control" como tu mejor libro, es un hijo tuyo de tinta y papel que ya tiene vida propia (quizá un poquito a tu pesar). La historia de cómo lo escribiste, como siempre, me llama a botón, pues de cierta manera describe lo que muchos hacemos y, con mucha violencia, intentamos no seguir haciendo: Quedarnos en nuestro espacio de comodidad, mientras otros se joden y le echan bola.
Lo bueno es que, a pesar de toda la alienación que podamos tener encima y toda la mierda que tenemos en la cabeza introducida por los libros, la televisión o cualquier otro aparato ideológico de lavado de cerebros, afuera de nuestra burbuja pasan cosas y el pueblo, ese que está cuestionando todo, hasta las casi eternas figuras históricas de autoridad, nos ubica, nos muestra nuestra pequeñez y nos enseña pedagógicamente.
Tal vez me falten años para ser un poco más valiente y salirme de ese espacio de reproducción de la ideología y los valores de la burguesía que es la universidad. Mientras, hago como puedo para que aquellos que pisan mi aula, entiendan que el "mundo" va más allá de sus propios ombligos. Un abrazo libertario, cargado de toda mi admiración.

Anónimo dijo...

No he tenido la oportunidad de leer ese libro tuyo, pero no era eso lo que queria comentarte. Estoy de acuerdo contigo en que los productos culturales no deben ser una mercancia. Pero me gustaria que me explicaras, de que viviria un escritor que se quiere dedicar a escribir si no percibe un ingreso por su trabajo, que en este caso es escribir?

JRD dijo...

Anónimo 26 de noviembre de 2011 13:07
Escribir no es un trabajo. Cuando mucho es una ocupación o un entretenimiento, o un oficio que se asume sin que se lo pidan. Alguien que pretenda que la gente le pague para que escriba es un maldito parásito, y en lugar de estar aspirando a escribir para comer debería ponerse a trabajar. Trabajo: eso que uno hace con las manos y que produce cosas útiles. Echar palabras en una computadora o un papel no sirve para nada. Alguien que quiera escribir pues que lo haga. Pero debería hacer al mismo tiempo algo útil para la humanidad, si quiere ganarse el pan.

Anónimo dijo...

Ok, Roberto. Vamos a poner que cualquiera que quiera vivir de escribir sea un maldito parasito. Y los libros por ende son una vaina inutil. Ahora, una persona que haga peliculas, o una persona que pinte, o un diseñador grafico, por ende, tambien son parasitos, por querer vivir de lo que hacen? Otra pregunta, la gente entonces deberia trabajar cierto numero de horas al dia y despues dedicarse a vainas inutiles, como por ejemplo, escribir. Entonces, en el tiempo que le queda para hacer cosas inutiles, el termina un libro, o un cuento, o lo que sea. Segun tu, la impresion del libro, tambien seria algo inutil? O el libro si tendria algo de utilidad?

Miguel Antonio Guevara dijo...

La diagramación la hizo Luis Emilio, qué sorpresa, él y Yuri son grandes personas. Saludos...