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domingo, 30 de agosto de 2026

La soberanía que no nos gusta



Es una basura inaceptable todo acto que pase por el tamiz de la sumisión, llamada ahora amistad, de o con Estados Unidos. Mucha gente chavista se pregunta ahora qué hacer, en vista de que el gobierno nacional está haciendo negocios violentos y mollejúos con esa entidad criminal que nos fracturó a misilazos, a cambio de un caudal de dólares que no entraba al país en más de una década. Nadie tiene una respuesta convincente.

Va siendo hora, entonces, de explorar algunas claves, ir al origen del tema o los conceptos que estamos discutiendo profusamente (ahora, y no cuando nos tocaba): la soberanía, la Revolución. Pero esa exploración tiene que ser sincera y dolorosa, no acomodaticia.

El ejercicio del momento para “los dirigentes revolucionarios” parece ser declarar que “soberanía” es cierto concepto que nos queda cómodo como analistas, porque no nos compromete. Soberanía: esa cosa que le toca al Gobierno defender mientras yo me entero por las redes de si lo hace o no, y por las redes juzgo y castigo con mi potencia de juez implacable.

La otra parte de la soberanía, que es la defensa cotidiana y permanente de lo que nos define como pueblo, como cultura y como corriente revolucionaria, sobre eso no me gusta discutir.

Entonces hay que discutirlo.

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En el año 2002 el pueblo de Bolivia decidió sacar a patadas del país a la franquicia McDonald’s. Los titulares del momento dijeron que McDonald’s “decidió” largarse de Bolivia porque le iba mal económicamente.

La forma correcta de leer ese fenómeno es: les estaba yendo mal económicamente porque la gente no iba a comprar comida basura en esa franquicia basura. Y no iba a comprar comida basura porque el pueblo boliviano está profundamente enamorado de su gastronomía ancestral, llena de maíces, tubérculos, ajíes, leguminosas y proteínas que tienen miles de años organizando y alimentando a ese pueblo. Un buen análisis de ese acontecimiento, en este otro artículo.

Esa victoria masiva no se la deben Bolivia y el movimiento anticapitalista mundial a una decisión del gobierno de nadie: fue una victoria del pueblo. A los bolivianos no fue a adoctrinarlos ningún mamagüevo que anda dando charlas sobre socialismo, indigenismo y movimiento campesino, montado en una maldita camioneta último modelo: al pueblo boliviano lo dirigió su propio apego a las claves milenarias de su cultura gastronómica.

Así se ganan las batallas por la soberanía, no encerrándonos en una urbanización de clase media a disertar mierdas vestidos con bluyín y cachucha, prendas más antiguamente gringas que MacDonald’s y las hamburguesas.

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La pieza gastronómica que algún sifrino nos empujó a considerar el “plato nacional” es una combinación de arroz (chino), carne de vaca (europea), tajadas (de musáceas del sudeste asiático) y unas caraotas comerciales (Phaseolus vulgaris, en lugar de las autóctonas tapiramas o Phaseolus lunatus). Aunque cultural y genéticamente somos una mezcla portentosa de ingredientes, resulta al menos sospechoso que en el presunto o pretendido “plato nacional” no figure nada propio de este territorio.

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Spoiler: la soberanía es muchísimo más que la defensa de la actividad o los productos que nos proporcionan dinero. Si la soberanía fuera solo eso el tema del momento no sería la soberanía sino una simple pelea entre propietarios a ver quién se queda con la plata.

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Tal como ocurre con la idea de Revolución, mucha gente (sobre todo militantes de algo que siguen llamando sumisamente “izquierda”, porque así ordenaron los europeos llamarla) decidió que la soberanía es algo que debe ejercer y defender exclusivamente el gobierno. De nada sirve que esa Constitución que invocan cuando les conviene diga expresamente que “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo” (artículo 5).

La soberanía, lo mismo que la Revolución, es esencialmente un acto de pueblo. Se supone que existen unas instancias de información, de formación y de promoción de ideas y direcciones históricas (partidos políticos, centros de estudio, sistema educativo) a las que les corresponde o correspondió en estos 27 años la tarea de masificar, consolidar y dirigir el hecho social y territorial de encausar la enormes energías sociales hacia objetivos revolucionarios, anticapitalistas y rompedores de esquemas. Como no hicimos la tarea entonces culpamos al gobierno de lo que sea: por ejemplo, de no hacer la Revolución y de ejercer la soberanía y entregárnoslas en nuestra casa, ya hechas, en papel de regalo.

No te muevas, no hagas un coño: el gobierno lo hace todo por ti.

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¿Cómo verificar en la vida cotidiana de las personas y en el funcionamiento de los centros poblados si no hicimos bien la tarea de la formación y la dirección de nuestra gente hacia metas revolucionarias, anticapitalistas o al menos audaces? Fácil: haz una encuesta o referéndum consultivo, a ver si la gente que formaste o te tocaba formar en clave antiimperialista y contrahegemónica vota a favor o en contra de:


  1. La proliferación de comida basura impuesta como costumbre por el capitalismo industrial (hamburguesas, perrocalientes, pizzas, bebidas gaseosas);

  2. El borrado de toda referencia imperial o colonial a la toponimia de nuestros pueblos, ciudades e hitos geográficos.


Solo eso, por ahora.

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¿Te imaginas un referendo mediante el cual el pueblo decida prohibir la venta y circulación del veneno llamado cocacola? ¿Sí te parece que formaste a la gente lo bastante como para tomar esa decisión soberana? ¿O nos da algún íntimo culillito someter esa cuestión a referendo porque existe una altísima probabilidad de que el pueblo vote a favor del refresco emblema de los gringos?

Y sobre la dolarización o la conversión de Venezuela en estado gringo, ¿nos atrevemos a organizar ese referendo o hemos pensado que tal vez la gente vote masivamente por la entrega final y concluyente de la soberanía?

¿En quién reside entonces la soberanía? ¿En la gente que se asume resistencia anticapitalista o en las masas bebedoras de cocacola?

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No es gratuita ni traída por los pelos esta referencia que vincula y hermana a la soberanía con el afecto que entra por el paladar y por los oídos. Osmany Barreto dice en una entrevista (aquí la entrevista completa) algo que debería ser masivamente discutido por los que hoy creen que la soberanía tiene que ver solo con el petróleo y la plata:

“Nos preocupa muchísimo que cuando hacen una fiesta, por ejemplo, una fiesta infantil, entonces repartes perro caliente, repartes hamburguesa, repartes pizza. Cuando esos chamos tengan 50 años, ¿qué van a recordar? La hamburguesa. Creo que es un tema de seguridad nacional. Si los recuerdos de la infancia, que es lo que va a construir su identidad, está forjado en torno a la hamburguesa y al reggaetón, dentro de 50 años vamos a tener en la casa unos abuelos que para recordar sus tiempos mozos prepararán una hamburguesa y pondrán a sonar a Daddy Yankee. Que nuestra generación y la que vino antes identifiquemos la infancia con harina pan y maicina americana ya es una derrota grave. La harina precocida tiene menos de un siglo, en términos históricos eso es un ratico. Pero la referencia de la arepa real, de maíz, es ancestral, no tiene que ver con ese producto. En el tema alimentario tenemos que volver a los fogones. Y eso no es un discurso romántico ni nada, es que nosotros necesariamente tenemos que volver para allá”.

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El capitalismo reside en nuestro cuerpo bombardeado de cultura gringa y de propaganda que nos amarra a referentes culturales, religiosos y económicos que no fueron diseñados por nosotros. El capitalismo no está en Wall Street ni en la Casa Blanca: está en cada decisión cotidiana que resulta en homenaje a la cultura gringa.
Los propagandistas y expertos en soberanía no tendrán éxito en masificar ninguna idea que nos haga defender y tan siquiera entender la soberanía real, la que perdemos cada vez que nos ponemos un bluyín e invertimos tiempo, energía emocional y recursos de disfrutar del beisbol, el “deporte nacional” (¿deporte nacional de quién? ¿De Venezuela? ¿En serio? ¿En qué rincón del Capanaparo inventaron el beisbol?). Los propagandistas y expertos en soberanía se limitan a engañar a la gente con la idea de que si el exministro tal fuera presidente entonces Venezuela seríamás soberana.


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Si medimos la soberanía en términos de capacidad real para producir nuestros alimentos, nuestras viviendas y nuestros procesos formativos nos encontraremos con que la soberanía la perdimos hace décadas. Ningún país que se alimente de la comida o de los seudoalimentos que compra fuera de sus fronteras puede proclamarse dueño de su soberanía. Ni el Chávez de la primera década de este siglo (cuando su popularidad se elevaba hasta el 75% entre las clases populares) logró revertir esa condición. Y mira tú que lo intentó.

Hay un episodio que a veces se recuerda y se repite, pero a manera de anécdota y sin tomar en cuenta su recio componente de propuesta estructural. ¿Recuerdan cuando Chávez propuso llenar las viviendas de gallineros verticales? ¿Recuerdan ese llamado desesperado a masificar en los niveles familiares y comunitarios la producción de proteína incluso cuando el petróleo rondaba los 100 dólares por barril?Aunque aplaudido por una Venezuela rural que se resiste a desaparecer, la dirigencia, citadina y de clase media de los partidos de Chávez, dejó ese dato y esa instrucción para la risa nerviosa y el chiste (“ese Chávez sí tiene vainas”) y lo dejó pasar, porque ¿cómo se te ocurre a ti que yo, profesional universitario, voy a estar criando animales, si mi misión es echar discursos?

La historia nos ha cobrado varias veces ese empeño en engordar a los supermercados en vez de engordar nuestra creatividad: en 2002-2003 (sabotaje petrolero), 2016, en 2019 (apagón), en la pandemia (2020-2021), las veces que nos estrangularon por desabastecimiento; en vez de pasar a la acción y a crear estructuras y mecanismos de producción, nos aplicamos a llorar desgarrados porque “los anaqueles y los expendios” estaban vacíos.

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Ahora mismo la naturaleza nos está dando oportunidades, algunas más espantosamente dolorosas y trágicas. El terremoto nos enseñó que la vivienda capitalista industrial es una trampa mortal, pero lo que se discute es dónde seguir poniendo a vivir a la gente en edificios propios de la sociedad capitalista industrial. Se avecina un período de sequía gravísimo, pero antes la naturaleza nos ha enviado varias tormentas tropicales. ¿Tienen noticias de algún proyecto de recolección de agua? ¿Saben de algún ente o comunidad que esté recogiendo el agua que hoy sobra pero que en pocos meses vamos a necesitar?

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Sigamos discutiendo sobre soberanía. Pero primero sería bueno saber de qué estamos hablando cuando decimos “soberanía”. Porque ese derecho soberano a no hacer nada con los recursos y las posibilidades reales; ese exigir a gritos que vayamos a la guerra, pero tratando de conservar el estatus y el confort de los dirigentes que no sabrían vivir sin comodidades capitalistas producto de la venta capitalista de petróleo, como que no se entiende mucho.

jueves, 21 de mayo de 2026

Manifiestos y proclamas por Venezuela, por el pueblo venezolano y por la Revolución

La seguidilla de actos, declaraciones y anuncios insultantes de la entidad criminal que gobierna Estados Unidos ha propiciado varios efectos en la Venezuela bolivariana. Algunos de esos efectos eran de esperarse (y de hecho los esperábamos hace tiempo), como por ejemplo el despertar de un germen que se creía extinguido o amansado a plomo desde el 3 de enero de 2026. Ese germen, llamado índole rebelde, no podía ni puede esperar más tiempo inactivo en su lugar de estacionamiento o de reposo, mientras el enemigo del pueblo venezolano se llena la boca decretando que es el dueño de nuestro país y que, además, debemos estar agradecidos por eso.

Se cocina, no por una sino por varias vías y núcleos de actividad política, organizativa y popular, una serie de proclamas o manifiestos que, de juntarse en un solo documento y refrendarse en Cabildo Abierto o en Asamblea de Ciudadanas y Ciudadanos, su contenido y propuestas tendrían carácter vinculante (artículo 70 de la CRBV). A estas alturas no es necesario ni siquiera recordar que la soberanía reside en el pueblo y no en el Gobierno. Ese manifiesto tendría su foco y su sustrato primordial en la urgente necesidad de reafirmar, invocar y asumir con todas las consecuencias el carácter antiimperialista de la Revolución Bolivariana. 

El Gobierno Bolivariano no está en situación ni en condiciones de declararle la guerra a Estados Unidos, y quizá tampoco de impedir alguno de los repugnantes actos con facha administrativa que lesionan nuestra soberanía. El oligofrénico que despacha en la Casa Blanca ha dicho que quiere 
convertir a Venezuela en el estado número 51 de Estados Unidos, y eso no es lo más grave ni lo más insultante que ha dicho o hecho desde el 3 de enero. La respuesta del Gobierno de Venezuela ha sido todo lo cautelosa que se puede esperar de un equipo que ha sido directamente amenazado de muerte.

Individualmente, y por razones primeramente éticas, los ciudadanos y ciudadanas tampoco estamos en condiciones de solicitarle a la presidenta y al alto gobierno que se inmole en masa y que entregue la vida; la existencia de un equipo de gobierno, el Alto Mando de la Revolución, es el último o penúltimo reducto que le queda a la República y al Estado. Nada haría el gobierno de Venezuela con lanzarse a una guerra que sería un suicidio, pues estar vivo es un requisito fundamental para seguir luchando. Ha dicho Luis Britto García que nadie ha conseguido nada rindiéndose. Habría que recordarle que suicidándose tampoco ha logrado nada ninguna persona o entidad.

Pero el pueblo bolivariano sí está en condiciones de declarar y recordar que nuestra guerra con el imperio no ha terminado, y que sí hay en el país métodos para activar formas de resistencia. No en contra del Gobierno de Venezuela, que no es el enemigo, pero sí al margen de sus actuales limitaciones.

Más allá de los gestos individuales o grupales, que han sido hasta ahora puramente declarativos, y del hecho de fijar posición en redes sociales o en eventos más o menos domésticos, la Venezuela en rebelión está despertando con una contundencia que recuerda el momento del chavismo como fenómeno aluvional, de la calle y del campo. Al parecer todavía ese movimiento no es perceptible en los canales regulares (incluyendo las redes sociales) pero sí en los circuitos y territorios donde el pueblo organizado entendió y activó el principio rector de la corriente histórico-social llamada chavismo.

Ya germinó, ya levanta sus ramas y follaje. En los próximos días saldrán a la luz comunicados, manifiestos y proclamas que, a pesar de su carácter rompedor de esquemas, no constituyen una afrenta al Gobierno Bolivariano sino una expresión de un pueblo que sí puede responderle al que ha venido a humillar

martes, 2 de abril de 2013

Hacia un nuevo ciclo de nuestra historia

Para los venezolanos Chávez no murió el 5 de marzo. Chávez todavía es Presidente de la República. Administrativa, formal y estrictamente, por supuesto que el presidente es Nicolás Maduro y todo indica que seguirá siéndolo durante los próximos años. Pero simbólica y emocionalmente los venezolanos estamos viviendo el último período de Gobierno de un sujeto por quien votamos el 7 de octubre de 2012. Después de esa fecha no hemos elegido a nadie para Presidente (lo haremos el 14 de abril).
El espíritu, el hacer, el ejercicio fáctico del Poder Ejecutivo sigue moviéndose de acuerdo con estrategias, estilos y procederes moldeados por Hugo Chávez, quien impregnó y esculpió por 21 años la historia política de este país. Nada se ha hecho en este Gobierno provisional que no sea continuación y prolongación del que teníamos antes de marzo o antes de octubre. Pero el dato esencial para entender de qué va todo esto es que falta por cumplirse la instrucción final de su mandato, la última voz jefatural que se le escuchó pronunciar a Chávez: salir a votar por Nicolás Maduro. Cumplida esa instrucción sí podrá decirse que tenemos un nuevo Gobierno y una nueva fase de la historia institucional venezolana. O, si queremos hacerle concesiones a la tristeza, decir que ha concluido el ciclo de Hugo Chávez frente a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.
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Lo anterior pudiera leerse apenas como el fin del camino de un hombre, pero si uno aparta un poco la emoción y el tono épico producto de nuestro amor y nuestro agradecimiento a Chávez (que nos lleva a decir cosas como que el Comandante no morirá jamás y que la patria bolivariana será exactamente la misma para siempre) nos encontraremos con que la historia de Venezuela está en proceso de dislocación, en otro momento de viraje hacia otro rumbo. Puede que lo correcto, en términos historiográficos, sea decir que ese cambio o ruptura se producirá sólo si el chavismo y su aparato partidista sufren alguna derrota y el Poder Ejecutivo cae en manos de otros factores (tras lo cual habrá que ver si de todas maneras la influencia de Chávez no marcará también la forma de gobernar de los presidentes que vendrán). Pero a partir del 14 de abril, o en el momento en que se instale el nuevo Gobierno, ya Venezuela habrá torcido su rumbo hacia otro distinto. El chavismo no murió con Chávez, pero la historia de Venezuela tendrá un signo distinto al que conocemos.
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Este fenómeno será perceptible desde el momento en que Nicolás Maduro comience a mostrar su estilo de comunicarse con la gente e implemente las primeras políticas autógenas de su gabinete, que seguramente será muy parecido a los gabinetes de Chávez pero que no será el mismo, entre otras cosas porque su jefe ya no será el mismo. Muy probablemente las políticas sociales, el discurso antiimperialista y la relación con el pueblo y los grupos de poder no experimenten un gran cambio, pero no es ni probable ni conveniente que Maduro se dedique a repetir sin variaciones el guión dejado por Chávez, quien por cierto no tuvo un solo guión sino muchos. El Gobierno de Chávez fue mutando, evolucionando, cambiando siempre, y no hay que ser muy sagaz para detectar las diferencias entre el Gobierno chavista de 2001 y el de 2012. Así pues, Maduro no tendrá más remedio que inventar o errar.
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Eso de "continuar la Revolución" se presta a tantas confusiones y equívocos que lo mejor es distinguir lo que pudiera ser el destino del Gobierno, el del Partido Socialista Unido de Venezuela y el del quehacer revolucionario de nuestro pueblo o de sectores de nuestro pueblo. Esto, porque nunca hemos creído que Gobierno y Revolución sean una misma cosa, ni que la Revolución consiste en mantener al PSUV al frente del aparato burocrático del Estado.
A tal efecto conviene precisar que el mantenimiento del PSUV en el poder dependerá de la eficiencia de esa maquinaria para proponer candidaturas, discursos y políticas atractivas para nuestra gente. Ganar elecciones para el chavismo es tarea del PSUV y de otros partidos. Pero eso no es la Revolución.

El Gobierno tiene una tremenda tarea, el cumplimiento de una línea macro propuesta por Chávez y que no debe ser violentada: la creación y consolidación de comunas rumbo al nacimiento de un Estado Comunal. Estamos en una etapa germinal de esa construcción, y como el experimento apenas comienza entonces pareciera que el Estado Comunal consiste en que el Estado debe financiar a las comunas, cuando la realidad indica que somos nosotros (aprendices de comuneros) quienes debemos hacerlo. Está bien que un Ministerio para las Comunas se ocupe de echar a andar experiencias que luego se harán autosustentables, pero creer que la misión del Estado será financiar para siempre los experimentos comunales es un error que suponemos en proceso de revisión por parte de los responsables. Así que la labor del Ministerio para las Comunas es importante y crucial, pero eso no es la Revolución.

En el nivel más horizontal y masivo del experimento revolucionario nos encontramos nosotros, los que no tenemos responsabilidades de dirección o jefatura en ninguna instancia. La gente en su hacer cotidiano, que ha captado la propuesta chavista de construcción de comunas, tenemos una tarea y es demostrar que podemos echar las bases de un edificio que ha de construirse durante muchas décadas, seguramente hasta después que nosotros y nuestros hijos hayan muerto. Si el Estado Comunal que estamos apenas formulando, discutiendo y construyendo torpemente, en procesos y experiencias focales y por los momentos aisladas, se convierte en la forma de vida y de participación ciudadana de los venezolanos que todavía no han nacido, eso sí es la Revolución.

Ese sí será el legado de Chávez y será también nuestro orgullo. Porque nosotros, formados y moldeados conforme a cánones burgueses, en escuelas burguesas y con un lenguaje y una forma de relacionarnos absolutamente burguesas, habremos demostrado que logramos violentarnos, derrotar nuestro ser egoísta, individualista, consumista y mezquino, para merecer el calificativo de generación revolucionaria.

La mala noticia es que los venezolanos vivientes no sabremos nunca si nos recordarán de esa manera. Lo siento. La historia está llena de gente que no se enteró del tamaño de su aporte a la humanidad.

domingo, 17 de marzo de 2013

Chávez en los altares y guerras espirituales

Incluso a uno, ateo y “más o menos” escéptico con todo asunto que suene esotérico, tenía que quedársele esculpida la declaración de los espiritistas del culto de María Lionza en 1992: aquel tipo que decía el “Por Ahora” era el Negro Felipe. Una cosa es que en ese encuadre fotográfico y de televisión que lo muestra del pecho para arriba, rodeado de micrófonos, el hombre de la boina sea igualito a la estatua del Negro Felipe que uno ve en los altares. Pero no era eso lo que decían los espiritistas: lo que aseguraban es que ese era el hombre.
Los no devotos vimos esto por televisión:

Y los espiritistas vieron esto:

Era 1992 y había llegado, ni más ni menos, el redentor de la Corte Negra, a quien muchos también identifican con Pedro Camejo o el Negro Primero (cosa confusa, ya que éste pertenece es a la Corte de los Libertadores). De ese preciso momento, y no de estos días de fervor, data la batalla en el plano espiritual, a favor y en contra de la conversión de Chávez en símbolo y sujeto de adoración mágica.
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¿Por qué desde el ateísmo o el escepticismo, esa coraza vital para quienes nos sentimos materialistas, también es importante este acercamiento? En primer lugar porque, crea lo que uno crea, dude, ignore o le produzca recelo, es un hecho que las religiones y cultos convocan gente en cantidad, y que esa multitud genera no sólo opiniones sino además estados de ánimo colectivos, tensiones varias y mucha energía social. Y segundo, porque si a ese plano que muchos llaman paranormal le cabe también el calificativo “virtual”, nos encontraremos con la revelación lingüística de que la espiritualidad es un territorio afín a otro que no es precisamente la calle, pero que mueve gente y voluntades por guacales: ¿qué tienen de real facebook, twitter e internet en general, y cómo es que uno invierte tiempo y energía en “eso” que no es el mundo real pero que lo afecta de manera tan certera?
Religiones: redes sociales donde no es preciso estar registrados para sentir su influjo.
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Tal como en La Ilíada, escenario en el que los dioses se echaban cañonazos y centellas mientras en la tierra los hombres hacían lo mismo, las batallas del tiempo chavista se han desarrollado también en el ámbito simbólico de los dioses hegemónicos y los cimarrones; entre las religiones que aplastan pueblos y las que son armas de la resistencia cultural, y también entre devotos de los mismos cultos. En alguna de sus alocuciones del año 2003, esa temporada dura posterior al paro-sabotaje y al golpe de abril, el Comandante relataba que en los patios exteriores del Palacio de Miraflores la Guardia Presidencial había encontrado muerto un animal rarísimo de aspecto diabólico, degollado y con la foto de Chávez amarrada al cuello: brujería o magia negra. De sacerdotes católicos que adversaron y apoyaron a Chávez en vida se ha hablado bastante; del desprecio racista y de clase que los santurrones más conservadores expresaron cada vez que el Presidente se acercó con respeto a los babalaos o pentecostales hay otro largo rollo; de los fanáticos que le desearon la muerte a Chávez invocando para ello códigos como las ofensas a una presunta tribu de Israel y más de una maldición infernal, ni se hable.
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Tal vez el eje geográfico donde se percibe con más nitidez y fortaleza esta tensión de lo estrictamente popular-rebelde contra lo estrictamente europeo-hegemónico sea el estado Yaracuy. Tenía que ser así, porque la montaña emblemática del culto sincrético por antonomasia está ahí cerca de Chivacoa: Sorte es el Vaticano de la religión del pueblo, y no había terminado de escribir la frase anterior cuando ya estaba empezando a sentir los embates del discurso de la convención burguesa, que informa que lo de María Lionza no es una religión porque su ceremonial no tiene una figura de autoridad reconocida por las demás religiones. Fácil: los caribeños no podemos haber inventado una religión porque somos indios, negros y feos, o una mezcla de las tres cosas. ¿Está claro?
Pero sucede que también, en ese mismo eje, nació y se formó en el caldo más rancio y conservador de la política venezolana uno de los tótems predilectos del socialcristianismo latinoamericano, el doctor Rafael Caldera. Precisamente el nombre de Caldera llevó por años la autopista que atraviesa a Yaracuy de punta a punta, desde Carabobo hasta Lara. En el año 2003, para que no quedaran dudas del carácter apostólico y romano del estado, la gestión de Eduardo Lapi mandó a poner a lo largo de esa autopista unas estatuas horrorosas de santos católicos de tamaño gigante. A ese atentado contra la estética de tan hermosa autopista lo llamaron “Museo Vial Religioso”, y es eso: una exposición de varios kilómetros donde uno ve al pasar esos muñecos abominables.


El 6 de junio del año 2004 ocurrió un evento de singular importancia simbólica. Comenzaba la campaña para el referendo revocatorio del mandato del Presidente y las calles estaban llenas de miedos y rumores. Entre otras cosas, se decía por esas fechas en predios del sifrinaje caraqueño que la Guardia Nacional había comprado 100 mil bolsas negras porque allí pensaban meter los cadáveres de una anunciada masacre: el chavismo más perro y salvaje iba a invadir los apartamentos de la gente bien en las urbanizaciones y eso iba a derivar en la mamá de las degollinas. La respuesta fue que en cientos de edificios de clase media se organizó la resistencia: ollas de aceite hirviendo, brigadas armadas, sistemas de alerta a base pitos y cacerolas cuando se acercara cualquier negro sospechoso (perdón: cualquier negro). Ese era el clima emocional cuando llegó la fecha del arranque de la campaña y el chavismo prometió llenar la avenida Bolívar de Caracas. Entonces la madrugada de aquella fecha 666 (6+6+ la suma de las cifras de 2004, que es 6) ocurrió el prodigio: la estatua de María Lionza ubicada en la autopista Francisco Fajardo colapsó y se partió en dos.
Cuando el terror se hubo medio disipado (ya que no hubo masacre y las ollas de aceite hirviendo tuvieron que desmontarse) comenzaron los análisis: la Reina estaba anunciando el fin de la era chavista, decían del lado de allá. Y el chavismo replicó que, por si no se habían fijado, la estatua se había partido justo por el vientre, lo cual significaba que no era el fin sino el alumbramiento de una nueva era.
Una réplica de la estatua herida de muerte sustituyó a ésta en el mismo sitio, y otra fue a parar a la entrada de Chivacoa. Allá, en la autopista antiguamente llamada Rafael Caldera (y ahora bautizada Cimarrón Andresote, en honor del azote de blancos aristócratas) está la Reina, humillando con su hermosura, con ese poderío hormonal de mujer Caribe; con su culo y sus tetas profanas, la pazguatería de las santas y santos europeos que pretendieron amansar a Yaracuy.



De la Reina dijo Chávez en otra ocasión: “¿Ustedes se imaginan? ¿Yo montado en la anca de esa danta, abrazando pro la cintura a María Lionza?”.
Y sí, es fácil imaginárselo.
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Al margen o al final de estos rollos hay que volver a la pregunta: ¿convertirá el pueblo chavista en santo o en objeto de devoción la figura del comandante Hugo Chávez? Hay rastros de que ese proceso comenzó y se desarrolla desde hace tiempo. Tal como ocurre con las expresiones populares más genuinas, ese proceso tiene lugar fuera de la convención católica que norma y determina esa cuestión de quién debe o no debe ser santificado y bajo qué criterios. Estas líneas nacieron al calor del registro testimonial y fotográfico que Gustavo Borges ha comenzado a realizar en barrios del oeste de Caracas: no es que Chávez vaya a ser venerado en clave de santidad, sino que ya hay altares alegóricos y mucha gente anda macerando en ellos sus oraciones y agradecimientos. El culto al Chávez espiritual (o al espíritu de Chávez) es un hecho, un culto de facto surgido del amor del pueblo pobre. Esto, sin importar lo que diga la “santa” Iglesia católica, que por cierto le debe sumisión a la religión del ser humano pobre de Venezuela y el Caribe: la “Corte Celestial”, donde caben todos los santos e íconos cristianos, es apenas una más de las veintiuna que adoran a la Reina María Lionza.

Altar en casa de Gustavo Borges. Los Robles, El Manicomio, Caracas
Así que no son las convenciones sino el fervor de los pueblos lo que convierte a alguien en sujeto u objeto de veneración. Si tantos personajes locales de las carreteras y pueblos de Venezuela (como la de Picapica, la de Taguapire, la de Benjamín Charles en Barinas) se convirtieron con el tiempo en ánimas y seres venerables, no debe extrañar que el hombre que difundió la rabia a la injusticia y el amor al pueblo por el continente ya haya comenzado a ganarse sus altares, descansando en guerra.

domingo, 10 de marzo de 2013

El Panteón de los rebeldes



Yo no te pude hacer un monumento
de mármol con inscripciones coloridas
Tite Curet Alonso 

Las casas donde se sabe que vivió Hugo en Sabaneta y Barinas revelan algo que de tanto decirse parece que se olvida: el dato esencial que moldeó el carácter este compañero es la humildad. Humildes son las casas en que vivió, humildes las escuelas, campos y calles donde transcurrió su niñez. Era humilde y sencillo su lenguaje cuando dejaba de carajear al imperio para ponerse a dialogar con nosotros, y de allí la forma de soltar chistes malos cuando la ocasión le exigía moderación y respeto. ¿Por qué no te callas? Porque mi pueblo es dicharachero, viejo pendejo, y yo soy hijo de mi pueblo.
Cuando al camarada Hugo le daba por recordar a su abuela Rosa Inés su verbo resbalaba por un tobogán de ternura asociada al fogón, el olor a leña, el café y esa manera de jugar y regañar que tenían nuestras abuelas, gente que vivió la Venezuela aún no devastada por el capitalismo industrial.
Pese a los chistes fáciles que el enemigo soltó y seguirá soltando a causa de la investidura de Presidente (que por cierto le concedió el pueblo pobre, no las hegemonías o corporaciones) la vida del pana Hugo fue sencilla, y una comprensión simple de esta secuencia que es la vida debería hacernos comprender que su lugar de reposo debería estar entre su gente, rodeado de sus muertos, de su gente querida y conocida: la gente de su pueblo, la que lo convirtió en ese ser humano que fue.
El año pasado Chávez soltó unas lágrimas evocando algo tan puro y libre de referencias iconográficas burguesas como la sabana apureña, que por cierto es extensión o continuación o presagio de la sabana barinesa. Dijo Chávez que su máximo anhelo consistía en ir a colgar un chinchorro en algún rincón de ese Apure colosal y terminar sus días echándoles cuentos a sus nietos. Se le formó el consabido tarugo en la garganta y lloró ante millones de teleespectadores, algunos de los cuales se burlaron porque nunca tendrán la humildad ni la valentía de conmoverse ante un paisaje. Quien va a Apure y no regresa estremecido de llanto o de risas es porque tiene el alma muerta.
Monte y lejanía: eso era lo que estaba pidiendo el compai Hugo en sus meses finales. Pero nosotros, que nos sentimos más arrechos que él y creemos saber qué cosa es un homenaje (porque la maldita escuela adeca en que estudiamos nos “enseñó” cómo es que se homenajea a los muertos) queremos mandarlo a descansar a un ridículo panteón europeo o a un sifrino panteón posmoderno. ¿Le cumplimos su última voluntad o cumplimos la nuestra?
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Por lo general las iconografías oficiales (burguesas) asocian la noción de “homenaje” con el boato, esa cursilería rimbombante propia de lo más decadente, por aristocrático, de la Europa medieval. La clave de la hegemonía católica, de paso, ordena adornar el ceremonial de la muerte con la consabida carga judeocristiana llena de culpas y disfraces que invocan a la postración y el sufrimiento infinito. Lo que el burgués y la burguesía entienden por “afecto” termina entonces convirtiéndose en un festival de florilegios y regorgallas propias de gente asustada que, como tiene mucha plata y no sabe qué hacer con ella, va y la invierte en sobresaturación de imágenes y símbolos que no honran a la gente sino al poder.
A propósito de los homenajes, hace poco ocurrió algo significativo con esto de los símbolos culturales que la convención burguesa considera homenajeables y dignos de premio y santificación. Venezuela entera celebró el que la UNESCO haya decretado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad a “Los diablos danzantes de Venezuela”. A CASI todos los diablos danzantes de Venezuela. No sé si los proponentes o los otorgantes, pero el caso es que alguien dejó fuera del paquete de diablos homenajeados a los diablos de San Hipólito. ¿Qué tiene que ver esto con Chávez? Mucho. Simbólica, geográficamente, quien se acerca a San Hipólito entenderá mejor a Chávez y a la Venezuela chavista.


Los Diablos Danzantes de San Hipólito nacieron en 1810; son, por cierto, los más antiguos de Venezuela. La diferencia con los homenajeados es que, mientras éstos tienen un sustrato católico que se refleja en su ceremonial (son diablos sumisos: salen a la calle, cantan, parrandean, pero cuando el cura ordena parar ellos se postran, apoyan la cabeza en el suelo y se acabó la fiesta) los de San Hipólito son cimarrones y no andan postrándose ante nadie. Su ritual es sencillo, populachero y más o menos caótico, y ensalza la fiesta del pueblo por sobre el dato de sumisión o arrodillamiento propio de las religiones. Los diablos entran al lugar de la fiesta gritando, convocando a la gente; comienza a interpretarse un golpe de polca, a cuyo ritmo unos devotos tejen un árbol a la manera del sebucán. Luego se arma la parranda propiamente dicha con merengue campesino, y más tarde con repiques de joropo (casi siempre seis por derecho, periquera y pajarillo).
Como no hay autoridad religiosa que ordene no caerse a golpes o a botellazos en mitad de la euforia colectiva, existen unas figuras que son el Diablo y la Diabla Mayores, encargados de poner orden con un fuete. Borracho que se propasa o que intenta violentar el ceremonial se lleva su correazo, y así la disciplina se mantiene, autogestionada y sin policía, y el castigo es visto más como un chiste que como un acto de represión. Cierto que el día central de la celebración es el 24 de junio, día de San Juan, pero la otra clave de estos diablos es que van para donde los inviten, en cualquier momento del año.
Los Diablos de San Hipólito recorren Venezuela varias veces al año.
Los Diablos de San Hipólito son adorados por el pueblo, porque son expresión del pueblo, y detestados o vistos con recelo por la convención burguesa (de allí que no les hayan dado el premio que otorga la visión hegemónica de “Cultura” en el mundo).
Los Diablos de San Hipólito son cimarrones, rebeldes, populacheros e incómodos para la burguesía, porque no se amoldan a las reglas establecidas.
Los Diablos de San Hipólito no serán homenajeados nunca por los convencionalismos burgueses porque su sola existencia es un salivazo en la cara de los acartonados, los falsos, los domesticados, los sumisos y los jalabolas.
Los Diablos de San Hipólito nacieron en el eje San Hipólito-Los Rastrojos, una serie de campos y caseríos en las afueras de Sabaneta de Barinas.
El camarada Hugo Chávez nació en uno de esos campos, en Los Rastrojos. Fue allí donde Mamá Rosa le enseñó las claves del valor y la vergüenza. Ese pequeño poblado merece ser reconocido como la cuna de la rebeldía americana.
Entonces, ¿encerramos a Chávez en un panteón europeo o sifrino, o le regalamos el chinchorro allá en la sabana que lo vio nacer y convertirse en leyenda, allá en la cuna de su rebeldía?

lunes, 31 de diciembre de 2012

El hijo del Pueblo

Querido y golpeado camarada Hugo: mi último artículo de 2012 va para ti. Seguramente no lo leerás, pero sé que estas cosas han estado revoloteándote en la mente, porque más de una vez las has gritado a los vientos. Parten de esta premisa: aunque a uno, ateo o incrédulo, a veces le provoca salir de pazguato a pedirte la bendición (una manera muy nuestra, muy sembrada en nuestra alma tan española como cimarrona, de dar las gracias y profesar respeto) tú no eres el papá (o mamá) de nosotros, no eres el taita del pueblo. Tú eres hijo de este pueblo. Eres hijo de esta historia a veces violenta y a veces cantarina. Así que en vez de padre vienes a ser algo así como hermano nuestro.
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La idea viene galopando hace rato entre quienes hemos crecido en conciencia, y creo que fue Roland Denis quien la resumió así, como la sintetiza el título. A esa reflexión tan simple y obvia y al mismo tan profunda e irrebatible provoca agregarle una serie de detalles.
Por ejemplo, que  te diferencias de tantos taitas (caudillos, jefes, presidentes, ídolos, dirigentes) de nuestro largo proceso, en que muchos de aquellos llegaron y fungieron como conductores sin ser de los nuestros, de nuestra clase o procedencia. Boves era asturiano, Bolívar también más español que americano y además aristócrata; a Páez lo delataba el fenotipo catire y la vena goda, Zamora era rico y dueño de esclavos; de los demás bisontes mandamases de los siglos 19 y 20 muchos provinieron de nuestra entraña pero no dudaron en traicionarla, y jamás llegaron ni llegarán al pedestal que el cariño de las multitudes les reserva a los genuinos hijos devenidos conductores.
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¿A qué viene esto, precisamente en esta hora de compartir contigo tu dolor, que también es nuestro? Ni más ni menos, mi pana, vengo a echarte un par de chismes. A mostrarte una preocupación y un hastío, pero también una esperanza. Esperanza: esa cosa que uno, que ha sido jugador, lo lleva a poner el resto sobre la mesa así parezca que no hay posibilidades de ganar. A ti te gusta en esos casos usar la expresión Jugarse a Rosalinda. Y también una vez soltaste a manera de desafío: "O como chigüire o muero arponiao". Pues en esa andamos algunos: viendo dos o tres vainas frágiles o torcidas en nuestro proyecto, pero apostando a que, se enderecen o se terminen de partir, la jugada sigue siendo la que nos andas proponiendo desde 1998 (o desde 2006-2007, que es todavía más emocionante).
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Primer chisme: todavía hay gente nuestra que cree que tú eres nuestro papá, y que en tal carácter debemos dejar que lo conduzcas, lo decidas, lo evalúes y lo arriesgues todo, mientras nosotros nos dedicamos a aplaudir y a obedecer. Ah, y a pagar impuestos: nosotros pagamos y tus funcionarios nos hacen la Revolución.
Cositas tanto o más graves: también hay gente nuestra que cree que tú debes ser presidente para siempre porque sin ti se detiene la Revolución; gente que cree que decir Revolución es lo mismo que decir Gobierno de Chávez y por lo tanto anda aterrorizada porque cree que si Chávez no gobierna entonces se acaba la Revolución. Gente que no entendió nunca tu proyecto ni la propuesta "Democracia Participativa y Protagónica", y prefiere seguir diciendo que esto no es una Revolución porque todavía hay burgueses y porque uno camina por las calles y se encuentra un poco de MacDonalds. Compas que no entendieron (y ya no lo entenderán, ya se les hizo tarde) que tu llamado en 1997 no fue una oferta electoral sino una invitación a la acción. Traduzco: gente que no comprendió que en aquel 1997 tú no nos prometiste hacer una Revolución, sino que nos invitaste a hacerla juntos. Panas queridos que reclaman: "La Revolución me falló porque hay huecos en la calle, hay delincuencia, la escuela se está cayendo, el hospital no funciona, hay apagones", y a quienes toca gritarles en la cara: "Bueno, marico, pon a funcionar con tu gente los comités de Seguridad, Obras, Salud y Contraloría". Pero no: parece que no hemos superado la etapa infantil esa en la cual el Gobierno debe resolver esos y otros problemas mientras nosotros nos vamos de rumba o nos acostamos a dormir.
Nos la pasamos clamando por gerentes eficientes, por soluciones del Estado y las Corporaciones, y no nos percatamos de que tu propuesta consiste en ir prescindiendo de las Corporaciones y del Estado e ir construyendo gobiernos comunales en cada barrio, en cada caserío, cuadra y edificio.
Gente nuestra, y mucho pueblo antichavista, que no logró entender algo esencial: que el meollito del asunto, el cogollo central de todo ese peo de mantenerte en Miraflores, no consiste en el solo hecho de tener a alguien que nos gobierne sino que (maldita sea, por qué ha sido tan difícil entenderlo):

NOS PERMITE Y NOS INVITA A GOBERNARNOS

Pero no, el coñisimo e la madre: preferimos seguir creyendo que la Revolución se hace en Miraflores y no en la puta calle, el puto lugar de trabajo, el puto lugar donde estudiamos y bregamos: donde hacemos vida.
Muchos de nosotros siguen creyendo que la idea de volver a ganar gobernaciones y alcaldías es fortalecer esas instancias de Gobierno y de Poder. Se les hizo tarde (insisto): nunca entenderán que la idea de poner en esos espacios a chavistas leales no es atornillarlos en esos cargos sino fortalecer a los espacios que los sustituirán poco a poco a lo largo del siglo: las Comunas.
Tan vivos que parecemos y no nos damos cuenta de que para seguir dando pasos revolucionarios es preciso 1) ganar o conservar espacios de poder, y 2) evitar que los ricos y sus aliados instrumentales accedan a esas instancias. Pero que eso no significa de ninguna manera que el proyecto chavista consiste en tener un día todas las gobernaciones y blindarlas para hacerlas eternamente chavistas e inconmovibles. Nos ha costado mucho trabajo, camarada hermano, comprender que para construir una sociedad es preciso demoler la que hay, y que eso es un trabajo lento y de generaciones, pero que hay que visualizar ya: ¿cómo mother fucker vamos a ir hacia un Estado Comunal si antes no destruimos las instancias del estado burgués?
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Sospecha: hay compas que creen que si algo no ocurre a nivel nacional entonces no es revolucionario. Que sólo cuando un Gobierno destruye a los empresarios hay Revolución.  Hace poco les mostraba a unos señores intelectuales marxistas uno de los ejemplos reales de construcción de una comuna, actual y vivo en la comunidad campesina de El Zancudo, estado Apure (tracciondesangre.blogspot.com/2012/09/historia-de-una-gente-una-laguna-y-unas.html) y les mereció desprecio: les pareció que es un caso microscópico que no acabará con el capitalismo; esto, porque desdeñan el impulso humano de difusión, reproducción y mejoramiento de experiencias. Creen que nada puede mejorarse, que todo nace y se momifica para siempre. Ellos creen que después de Lenin ya no hay más historia, que todo tiene que ser como la URSS o es reaccionario. A la formidable experiencia revolucionaria de El Zancudo la llamaron experiencia hippie. Es normal: los intelectuales burgueses, incluidos los que cobran por leer y repetir libros de Carlos Marx, nunca sabrán cuál es la diferencia entre un hippie y un campesino. Desconocen el país y al pueblo que pretenden gobernar, y pretenden someterlo a un presunto "experimento científico" contenido en manuales decimonónicos y no en nuestra realidad objetiva.
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Te decía que entre las cosas que se nos han hecho difíciles, compa, está esa de acostumbrarnos a la idea de que algún día (en 2013, 2068, 2115 o 2342) ya tú no vas a ser Presidente de la República y sin embargo la Revolución debe continuar. Y más: algún día el antichavismo proyanqui volverá a retomar el control de ese Estado burgués que hemos tardado en demoler (porque el signo de nuestra revolución es la lentitud) y sin embargo los revolucionarios que estemos o estén vivos para cuando eso ocurra deben o debemos mantener viva la llama de la Revolución venezolana. Porque la Revolución no es una gestión de Gobierno: la Revolución es la lucha contra los mecanismos, estructuras, individuos, conductas y factores que quieren mantener vivo el capitalismo.
Hoy es relativamente cómodo hacer la revolución o sentir que uno anda en eso; pero llegará el momento en que hacer la Revolución será tan trágico como lo fue antes aquí y como lo es en otros lugares del planeta: una misión dolorosa, criminalizada, perseguida, proscrita; por hacer la Revolución nos buscarán los cuerpos de "seguridad", nos allanarán, encarcelarán, desaparecerán. Para un compañero lo suficientemente afortunado o distraído la noción hacer la Revolución puede significar hoy algo cómodo, bien visto y a veces remunerado. Vendrá el momento en que esa noción olerá a sangre y a tragedia. Pero habrá que seguir haciéndola. Ya no tendremos a VTV ni a los medios del Estado difundiendo nuestras pequeñas gestas comunitarias sino señalándolas como peligrosos gérmenes de comunismo y el terrorismo; ya no tendremos funcionarios aliados sino enemigos aplastantes. Imaginemos a Globovisión reproducido y multiplicado en las señales de VTV, Telesur y Vive: contra eso deberemos pelear. Ya se verá cómo, pero habrá que hacerlo.
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En este momento de rumores e incertidumbre yo mantengo las dos o tres reflexiones que vengo haciendo desde 2006, en el sentido de que tú no tienes que inmolarte ni seguir alimentándonos la idea de que serás nuestro presidente por toda la eternidad. Por ahí asomaste la posibilidad de que Nicolás Maduro te suceda en la Presidencia; creo que como medida para evitar que un cachorro ultraderechista proempresarial está bien. Ya veremos si Nicolás pasa las pruebas del temple, la habilidad y el apego al proyecto, pero de momento no tendré problema en difundir la convocatoria a darle el mandato al camarada, para evitar que Estados Unidos regrese por lo que considera suyo.
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Estos son los titulares: estás en la pelea, en tu pelea, en la que te juegas la vida. Ocúpate de ella, nosotros mientras tanto nos ocupamos de los bichos equivocaos que andan zamureando en estos días. En esa dramática alocución en la que le diste el espaldarazo a Nicolás demostraste el coraje y el sentido común suficientes para plantearlo como cosa posible: compa, si el cuerpo te pide descanso dale descanso, ya no tienes ninguna obligación con nosotros ni con nadie. Te prefiero vivo y en el chinchorro que anhelas, con la brisita llanera taladrando el mosquitero, y no sacrificándote por nosotros, que ya bastante grandecitos estamos. ¿Y la derecha que querrá venir por ti para hacerte pagar tu lealtad al pueblo? Después te cuento la sorpresa que les tenemos.
Mientras tanto, no tienes que seguir haciendo el papel de Padre nuestro, que no lo eres: tú eres hijo de este pueblo, y eso contiene una hermosa noticia: así como te parió a ti, este pueblo ha parido y seguirá pariendo carajos y carajas más arrechos y arrechas que tú. Puede que tardemos décadas o siglos antes de ver a otro de esos hijos formidables en la Presidencia de la República. Pero mientras la Historia nos lleva de nuevo a ese momento luminoso tus hermanos nos miraremos unos a otros, nos reconoceremos en esa hermandad que da la lucha de los pobres, y entonces te descubriremos multiplicado por muchos; con la autoestima alta, limpia y purificada por estos años de rebelión, nos asomaremos en ese espejo venezolano y te veremos, Chávez, reproducido en el carajito jodedor de la escuela, en la vieja que hace el mercado y regresa al rancho reventada de várices; Chávez en el jugador de truco y bolas criollas que en cada frase suelta chorros de ingenio y risotadas; Chávez en los cantores y raperos que proliferan tanto como sus coplas, líricas y versos; Chávez en la rebelión del taxista y el motorizado que en la rabia de su caos anuncian tempestades; Chávez en la tristeza de la puta y en los pequeños éxitos del ama de casa; Chávez en el albañil y en el que siembra la tierra; Chávez en los pescadores, artesanos y curanderos; Chávez en la música, en los vagos y nómadas; Chávez en la pobreza que generará otros Chávez; Chávez en las religiones blancas y en las de la resistencia; Chávez sentado en el anca de la danta y abrazado a la cintura de María Lionza, Chávez en el malandro y en el que estudia porque cree que en los libros está la salvación contra la ignorancia; Chávez en nuestras equivocaciones, contradicciones y aciertos; Chávez en todos nosotros, los que ya más nunca abandonaremos las calles.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Y entonces qué coño es una Revolución?


El chavismo ganó las elecciones y, tal como dice la canción de la Billo's Caracas Boys, "unos van alegres y otros van llorando". Pero la Historia siempre nos lleva al punto inevitable en que debemos bajarnos de la nube de la euforia y pensar los términos en que habremos de continuar el proyecto, siempre inconcluso, llamado Revolución. Al respecto vale la pena volver a los inicios, al principio, al factor convocante de las rebeliones, destrucciones y construcciones, y no detenernos en el hecho simple y difuso (y además falso) de que sólo mientras ganemos elecciones habrá Revolución.
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Una Revolución NO consiste en ganar elecciones. Es maravilloso tener en la presidencia de la República a un aliado, pero una actitud madura y responsable debe pasar por el trámite de imaginarse un país en el cual ni Chávez ni ningún otro aliado sean presidentes, porque esa circunstancia y ese momento llegarán algún día.
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Una Revolución NO consiste en el fortalecimiento del Estado burgués sino en la creación de otra forma de organización de la gente. En lo personal, si por algo soy chavista es porque varias veces a la semana sueño con la propuesta más fascinante del proyecto de Chávez: la creación de un Estado Comunal. Mientras aprendemos qué es eso y cómo funciona ya vamos viendo cómo la gente aprendió que hay cosas que deben discutirse y decidirse en asamblea. En este experimento hay cosas que están saliendo bien y otras mal. Pero esa dinámica recién estrenada es el germen de un dramático vuelco hacia la democracia más profunda: una donde el presidente, el gobernador y el alcalde ya no deciden qué haremos en la cuadra, porque en la cuadra ya tenemos Gobierno. Cuando tengamos unas décadas (probablemente un siglo) ensayando y fortaleciendo esos procesos locales ya no tendrán sentido ni viabilidad el Estado ni las corporaciones. Con nuestras actuales estructuras social y mental ese salto no es posible, ya que nosotros, formados en un Estado burgués y con códigos burgueses, no somos capaces de parir nada que no tenga señales y rémoras de la sociedad descompuesta que está muriendo. Pero dimos o estamos dando un paso crucial y conmovedor: empezar ese ensayo. Dar los primeros pasos, muy torpes y a veces fallidos (el carajito de un año aprendiendo a caminar y dándose un coñazo cada medio metro). Pero ya empezó ese larguísimo aprendizaje creador, y a Chávez le debemos ese comienzo.
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Una Revolución NO es una gestión de Gobierno. Una Revolución es un acto acto masivo y multigeneracional que por lo general se hace al margen (y muchas veces en contra) de los gobiernos establecidos. Pretender que Chávez y los funcionarios gubernamentales hagan en sus despachos la Revolución mientras nosotros sólo pagamos impuestos y esperamos a cambio los efectos de la acción de Gobierno es un error ingenuo, porque parte de la creencia de que el Gobierno debe hacer por nosotros la Revolución que en realidad nos corresponde hacer a nosotros en nuestros ámbitos de acción (comunidades, lugares de trabajo o de encuentro, ámbitos físicos y virtuales de acción y discurso).
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Una Revolución NO es el intento ni el acto de acabar con la oposición. He visto y oído chavistas deprimidos o preocupados porque el antichavismo obtuvo 6 millones y medio de votos. Si nos atenemos al carácter dialéctico de los procesos históricos debemos estar más bien felices de que tengamos contrapeso, adversario, fuerza que puja en sentido contrario al nuestro. Un hipotético país de 30 millones de chavistas y ni una persona en la oposición se anquilosaría, se agotaría, se aburguesaría irremediablemente. Sin peligros ni obstáculos que sortear, las tareas de demolición de lo viejo y construcción de lo nuevo perderían empuje, emoción y sentido. El pánico es mejor aglutinador de voluntades que la tranquilidad y el relax. El ser humano sin problemas a la vista muere de obesidad y desidia. Mientras haya antichavismo y empresarios y hegemonías financiando el antichavismo, habrá energía revolucionaria: ellos pujando para su lado y nosotros para el nuestro. ¿Habrá una etapa en que no existirá el enemigo actual? Probablemente. Y ojalá ya esté forjándose y gestándose el otro.
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Una Revolución NO se detiene cuando los gobiernos revolucionarios o de avanzada cesan en funciones. El día que los empresarios, las hegemonías mundiales y el poder económico logren ubicar a otro aliado en Miraflores entonces nos tocará continuar haciendo la Revolución pero en condiciones de dificultad y gravedad extremas. Tal como lo intentamos y lo intentaron otros en el pasado, hacer Revolución será un acto duro, criminalizado, perseguido, castigado, etiquetado de terrorista. Cuando el Presidente de la República no sea un aliado sino un enemigo de los actos audaces y contraculturales del pueblo en rebelión y acción creadora, algo tan aparentemente prístino y legal como conformar una organización vecinal o una agrupación con nombre "sospechoso" (de estos les hablaba hace poco a los muchachos que andan levantando el Frente Anarquista Revolucionario de Venezuela) será objeto de allanamiento, cárcel, tortura, persecución y linchamiento moral. Si hoy nos condenan y nos apabullan, aun teniendo de aliados a Chávez y (a veces también) a algunos medios e instituciones del Estado, imagínense cuando todo esté en manos de la burguesía. Con todo, esa situación sería preferible a la ilusión falsa y nociva de que una Revolución es un acto por el cual a uno tienen que pagarle, darle un uniforme y unas prebendas.
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La Revolución es un acto contra el orden impuesto. Una Revolución es esencialmente ILEGAL. Por lo tanto siempre habrá (dentro y fuera del Gobierno) convencionalismos, visiones del mundo y estructuras que buscarán exterminarnos, neutralizarnos o comprarnos con el fin de interrumpir el proceso histórico de emancipación de pueblos y seres humanos oprimidos.
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La tarea: aprovechar que el aliado seguirá en Miraflores para empujar procesos revolucionarios locales, regionales o multifactoriales. Haríamos bien en entender de una maldita vez que ese tipo que está en Miraflores no está ahí para hacer la Revolución por nosotros ni para financiar nuestras aventuras revolucionarias, sino para permitirnos hacer actos revolucionarios por nuestros cojones y con nuestra creatividad e impulsos libertarios. Liberémonos por un rato del éxtasis electoral y vamos por ellos, pues.

lunes, 1 de octubre de 2012

¡¡ VIOLEEEEENNNCIAAAAA !!

La razón de ser de estas breves líneas es la urgencia de responderles genéricamente a todos los compas que se han acercado a preguntarme, a plantearme idéntica preocupación: ya la gente casi no pregunta si creo que Chávez ganará o perderá las elecciones, sino si creo que nos caeremos a tiros antes o después de los comicios. Cosa que por una parte me parece lógica (¿a quién no le preocupan más el pellejo y un mínimo de paz ciudadana y garantías para transitar sin que te lluevan misiles?). Pero por otra parte me desconcierta, ya que para responder a eso basta con recordar momentos parecidos o mucho más graves de la historia reciente. Momentos de altísima tensión (recuerdo especialmente la circunstancia del referendo para votar la Reforma Constitucional), en que a pesar de los augurios, presiones, financiamiento de aventuras, incitación abierta de la derecha a través de sus medios de información, la violencia no se desbordó.
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No, en Venezuela no va a empezar una guerra civil el 7 ni el 8 de octubre. Chávez ganará las elecciones y, tal como ha ocurrido en los últimos 14 años, al día siguiente estaremos unos contentos y otros arrechos o deprimidos, pero no se desbordará la violencia. Puede que si el despecho antichavista llega a altísimos extremos de descontrol haya episodios locales de agitación y algún foco de desórdenes, pero eso no califica como el inicio de ninguna conflagración y no durará más que unas pocas horas.
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A ver: ya ha habido violencia y puede que la siga habiendo, pero ninguno de los episodios endógenos habidos o por venir en el mediano plazo califica como detonante de aventuras de destrucción masiva en nuestro país. En estos días asesinaron a unos señores en Barinas. Unas versiones indican que hubo un enfrentamiento entre chavistas y antichavistas (http://www.aporrea.org/medios/a151335.html) y otras (las preferidas de estos últimos) señalan que venía una alegre caravana de hermosas personas entonando cánticos de paz y amor y que entonces vino el hermano de Hugo Chávez y ordenó (seguramente por instrucciones del mismo Presidente): "Me los matan, porque matar hace nos populares a los políticos y si matamos a mucha gente obtendremos muchísimos votos". Y entonces los criminales chavistas identificados con sus uniformes y montados en carros oficiales dispararon a mansalva contra aquellos autobuses pletóricos de felicidad. Pero ni siquiera esta versión, casi-casi exenta de manipulaciones (como esta con la que se llenó la jeta los ultraderechistas uruguayos: http://www.elpais.com.uy/121001/pinter-666997/internacional/acusan-a-hermano-de-hugo-chavez-del-asesinato-de-tres-opositores/) logró que comenzara la guerra civil que serviría para graduar de criminales de guerra a Chávez y a los chavistas.
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Por otra parte, el antichavismo de pluma y papel ha buscado afanosamente en los últimos años utilizar algunas muertes para tratar de influir en el ánimo de la gente y ponerla belicosa. Este es un buen resumen de varios casos en los que el antichavismo ha utilizado algunas desgracias personales y familiares para tratar de venderlos como crímenes políticos: http://misionverdad.com/?p=237. Faltan allí los casos de Rafael Brito, unos estudiantes en Mérida y el Zulia y el de unas señoras tiroteadas en la plaza Francia de Altamira, pero es un buen compendio que pone a la vista lo esencial: que la oposición sabe que la muerte le es favorable y siempre ha estado buscando capitalizarla política y/o mediáticamente.
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Antecedentes que pesan: la historia tremenda de la muerte del estudiante Luis Carvallo Cantor, en marzo de 1987. El muchacho fue asesinado de un tiro por un abogado adeco, por motivos tan fútiles como que el joven estaba orinando en el jardín de la casa del abogado. La indignación por el hecho se juntó con la alta carga de arrecheras sociales acumuladas y la cosa derivó en una situación de disturbios que la historia de las luchas populares ha registrado con el nombre de "Marzo Merideño". Mérida fue militarizada y sometida a  toque de queda y allanamientos selectivos durante varias semanas, pero la protesta estudiantil se propagó por varias ciudades y el evento es un antecedente dramático de lo que luego fue el Sacudón, 11 meses más tarde. Así que el antichavismo, lleno de bobos tan candorosos que creen que agitar a todo un pueblo es cuestión nomás de meter casquillo y poner unas fanfarrias en TV; un bulto de estúpidos que creen que las avionetas son hijas de los aviones, que machete de burro es trompeta y que para curar el Sida sólo hay que decirle: "Vete, sida", siguen creyendo que acusando a Chávez de cada muerto habido en el país (o a todos al mismo tiempo) entonces ya el pueblo saldrá en masa a liquidarlo para poner en su lugar a un empresario. Seguirán creyendo en eso unos cuantos años.
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Y personalmente, ¿participaremos en hechos de violencia? Si una de estas tardes de mal humor viene un antichavista y me jode la paciencia más de la cuenta lo más probable es que se lleve el botellazo de su puta vida entre los dientes y el cráneo. Eso es violencia, cómo no. Pero tampoco hará que venga la OTAN a invadirnos en defensa de los dientes pulverizados de un güevón.
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Lo más parecido a un desborde de violencia que hemos tenido ocurrió aquellos días de abril de 2002; otros más a finales de ese año y comienzos de 2003; regresó el fantasma en 2005 y luego en 2007, cuando la patada por el culo a RCTV. Recuerdo a Teodoro Petkoff diciendo, escribiendo y gritando desaforado en diciembre de 2002: Si Chávez no renuncia EN LAS PRÓXIMAS HORAS tendremos una situación de guerra civil. Chávez no renunció, no hubo guerra civil y sin embargo Teodoro seguirá asustando a sus fans. A esas pobres viejas creyentes de la leyenda urbana que lo convirtió en héroe guerrillero sin haber echado nunca ni un tiro.
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Yo tuve mi época frenética y apocalíptica también, cómo no. Cada vez que se acercaba una fecha como esta que se aproxima acudía a ciertos compas proclives a hacer de cada sospecha un motivo para ponerse los guantes, y vaya que llegué a creer que en cuestión de horas había que poner a cantar las perolas. Hoy sigo creyendo que algún día habrá episodios violentos en Venezuela, pero eso no será por unos resultados electorales ni porque la oposición vuelva a cantar fraude luego de su derrota. Creo que cuando eso ocurra se deberá a la intervención directa de factores externos, no a la abrupta explosión de una parte del pueblo venezolano contra la otra.
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Una guerra civil es un episodio que requiere de financistas y de líderes adorados en cada bando. El antrichavismo no tiene ni líderes ni financistas dispuestos a financiarles otra aventura (ya les fueron financiadas suficientes, y fracasaron rotundamente en todas). Y el chavismo no tiene por qué acudir a la violencia de las armas, metido como está en la cresta de la ola que gana y gana elecciones y construye y construye un mundo mejor.

martes, 21 de agosto de 2012

Números, pronóstico e interrogantes

Falta un mes y medio para que se celebren las elecciones presidenciales en Venezuela. Todas las mediciones y tendencias (incluso las perceptibles al margen de instrumentos científicos) indican que se mantendrá la histórica polarización numérica que se inauguró en 1998. De acuerdo con esos números y tendencias, el proyecto chavista volverá a obtener más de 50 por ciento de la preferencia de los electores, y el antichavismo rondará el 40 por ciento.
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Teniendo en cuenta que el padrón electoral anda por 19 millones de ciudadanos, y que la abstención prevista es de 20 por ciento, la previsión de la convocatoria de votantes anda por los 15 millones de votantes. Si se mantienen las tendencias, poco más de 8 millones votará por Chávez y unos 6,5 millones votará por el candidato antichavista. Como pueblo chavista tendremos entonces unas cuantas tareas, que debemos abordar a partir de interrogantes no resueltas; algunas están en discusión, otras obviadas o escasamente discutidas.
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Algunas de las preguntas y discusiones que hay que masificar: ¿con qué estructuras iremos sustituyendo las instituciones y estructuras burguesas (y algunas medievales) sobrevivientes, como las Parroquias, claustros universitarios, jerarquías y partidos? ¿Cómo irnos organizando como pueblo de manera tal que, ante la crisis mundial del Estado y las corporaciones, seamos los ciudadanos en nuestras localidades y radios de acción quienes asumamos el autogobierno? ¿Cuándo y cómo daremos el salto desde la actual democracia electora de representantes hacia la democracia directa ejercida desde las comunidades? ¿Cuándo y cómo discutiremos (y para qué) la necesidad de sustituir las alcaldías y gobernaciones por centenares o miles de Gobiernos comunales (un Gobierno por cada comunidad o por cada cuadra)?
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Si la construcción de la democracia fuera un asunto numérico o matemático ya tendríamos el mandado hecho: ganamos el 7 de octubre y seguimos en lo mismo. Pero esa construcción es más un esfuerzo político y una profundización de la guerra sorda entre las tiranías empresariales y los pueblos oprimidos. Veremos por qué rumbo tuerce la historia después de octubre.

viernes, 15 de junio de 2012

Recta final (la de este año)


El arranque oficial de la campaña abre un nuevo ciclo político en Venezuela (el crucial, el decisivo): es la recta final del proceso electoral. En ella se definirá con cuántos venezolanos convencidos continuará el proyecto de construcción de un modelo de país y de humanidad iniciado en 1998.
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No es exageración ni exceso de optimismo. Tal vez el ojo no está tan alerta con las claves y definiciones puestas en la mesa. Lo de “modelo de humanidad” es una conclusión a la que se llega mediante un simple acto de verificación de datos objetivos. En Venezuela está ocurriendo algo que no ha sucedido nunca en ningún otro país (la demolición, lenta pero sostenida, de unos cuantos paradigmas perversos enquistados acá desde hace siglos) y eso le da a “esto” carácter de revolución planetaria y no sólo de expresión local de las luchas del ser humano rebelde.
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En cuanto a la cantidad de personas mayores de 18 años que se han sumado con mayor o menor grado de participación a esta fase del proceso venezolano, aludo a dos puntos aparentemente contradictorios: 1) a la necesidad de sumar la mayor cantidad posible de voluntades dispuestas a continuar el proyecto con un aliado en el poder, y 2) a otra necesidad alterna: la de entender que, si ocurriera algún cataclismo o accidente que desaloje del poder a los factores aliados, tenemos otra tarea enorme y es la de organizarnos en resistencia. Ganar las elecciones del 7 de octubre de este año es para los constructores del futuro algo importante, necesario, vital, y todo o casi todo parece indicar que esto ocurrirá de manera apoteósica (dramática para algunos).
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Pero hay otro momento de nuestra historia que debe preverse, analizarse, pensarse y discutirse con toda responsabilidad: el momento en que debamos poner en práctica lo aprendido en materia de organización del pueblo para el pueblo, en las formas de autogobierno, en la gradual demolición del viejo Estado y el salto audaz hacia otra forma de organización popular: el sueño de Chávez y del chavismo más consciente es uno donde el Estado, tal como lo concebimos hoy, abandona sus funciones mastodónticas y le deja al pueblo la misión de construir. ¿Qué hacemos con ganar y ganar y ganar elecciones si no ensayamos el cómo continuar y continuar y continuar como pueblo y no como aplaudidores de jefes?
Es una tarea larga pero debe discutirse desde ahora. Un “ahora” que pasa por el esfuerzo titánico en procura de la victoria chavista del 7 de octubre.
¿Y si perdemos? Pues habrá que continuar la tarea pero en condiciones más duras, terribles y sangrientas. Pero habrá que continuarla. Nadie dijo que la Revolución es algo que sólo puede hacerse con un aliado en Miraflores.

martes, 8 de mayo de 2012

Caracas PA MÍ SOLO y los demás que se pudran

Esa del título es la actitud de los carajitos del maldito video, que sería bueno que pasara de moda y que lo pensáramos desde otros ángulos. Eso de "Qué fina sería Caracas sin gente" pasará a la historia de los decires lamentables, tal vez equiparable en carga racista y fascista al "Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra", que por cierto habla de otra de las muchas formas en que nos han dividido como pueblo.
Al respecto:


El título se refiere también, por desgracia, a la actitud de una cantidad de compas chavistas que no soportaron unas palabras mías en televisión (Clic por aquí: http://www.youtube.com/watch?v=vs3wHXrTGWc) en referencia al proceso de destrucción de Caracas como construcción capitalista.
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Yo dije que Caracas se está cayendo a pedazos (y lo hice por respeto: lo que tenía en mente era decir que se está volviendo mierda).
Dije que es natural que eso ocurra porque es una ciudad capitalista y como tal es indefendible.
Dije que entonces la diferencia entre los pobres en rebelión y los ricos en desesperación es que ellos huyen y nosotros nos quedamos aquí guerreando, a ver qué hacemos con esto.
Dije que me parece de pinga que el capitalismo haya construido una ciudad-campo de concentración para su provecho y disfrute, y ahora los hijos del capitalismo no quieren vivir en el monstruo que crearon sus padres y demás antepasados.
Pero el simplismo, la paranoia, el profundo miedo a ver el país, la humanidad y la Revolución más allá del simple esquema escuálidos versus chavistas; la tremenda estupidez de algunos y el carácter de funcionarios enamorados de sus respectivas labores en alcaldías e instancias gubernamentales, llevaron a una gente a acusarme de haberles echado mierda a las gestiones de Jorge Rodríguez, Jacquelín Farías y el mismísimo Hugo Chávez. Y claro, ustedes saben que quien incurra en esa herejía debe ser execrado por escuálido y contrarrrrevolucionario. En concreto, me han echado en cara esta sentencia: Si tan fea te parece Caracas ¿por qué no te vas con los sifrinos esos?
Juicio sumario al Duque: hay que lincharlo porque el bicho se atrevió a decir que Caracas está jodida, y eso que uno lo ve tomando aguardiente o chocolate en los alrededores de la Plaza Bolívar. Qué bolas.
Creo saber cuál fue el proceso mental que llevó a la mayoría de ellos a la indignación y a la histeria. A ver: los carajitos del video ese Caracas ciudad de despedidas dijeron que Caracas es un asco; entonces yo, para no ser como ellos, tengo que decir que está de pinga. Si ellos dicen que la mierda sabe a mierda yo DEBO decir que sabe a gloria; si ellos dicen que en Caracas está todo mal yo DEBO decir que está todo bien. Bonita lógica que ha lesionado a muchos en un flanco esencial del ser rebelde: ya mi capacidad de crear y aportar al debate no está sujeta a la libre observación sino a lo que el enemigo opine primero, y a lo que mis jefes me permitan o no me permitan opinar.
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Misión Imposible: explicarle a alguna gente que un proceso de devastación y de humillación de seres humanos que va para 500 años no lo resuelve una gestión gubernamental, ni diez ni veinte. Ni Jorge Rodríguez ni nadie puede corregir un desperfecto secular de esta y todas las capitales latinoamericanas. Lo único que puede hacer un Gobierno municipal es lo que está haciendo el actual: fomentar procesos de conciencia y resistencia al capitalismo, y mitigar un poco los procesos de deterioro de la ciudad. Pero la ciudad (esta y todas las que fueron creadas por el capitalismo) está en decadencia. Es un cadáver que puede ser maquillado pero no resucitado ni convertido en poblado socialista.
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Vuelta al segundo párrafo. Lo mínimo que uno espera cuando echa a rodar una idea o propuesta es que muchos salgan a rebatirla; nada más triste y sospechoso que una opinión que cuenta con el aplauso unánime de todo el mudno. Así que lo lamentable no ha sido que haya deacuerdos ni que algunos me hayan mandado a lavarme el hueco del culo (ni que fuera la primera vez), sino la actitud de algunos en este sentido: Caracas está muy bien y tú eres testigo de ello porque te la pasas en el centro de Caracas. Lo cual es, en esencia, la misma actitud de la carajita del video: ella quiere que en Caracas no haya más gente sino ella, sus amigos y familiares, y el camarada rabioso quiere hacerme creer que Caracas es sólo el casco histórico y la gente que trabaja o transita en sus alrededores. Hace dos semanas una muchacha llevó a su hija al Periférico de Catia mordida por ratas mientras dormía, en su rancho de Gramovén. Pues bien, esa muchacha está en la obligación de tenerle afecto a la ciudad porque Joaquín Cortés bailó gratis en la plaza Diego Ibarra.
En estos días de lluvia vuelve el terror a una Macayapa devastada donde todavía "vive" gente. Pero decir esto, sin acotar que Jorge y Jacquelín han embellecido la ciudad, es un acto de traición. Para algunos, Caracas es el montón de oasis poblados de cafés y bares parecidos a los de Los Palos Grandes. En aquellos se reúnen los sifrinos de derecha; en éstos se reúnen los sifrinos de izquierda. Y sí, yo me seguiré echando palos en unos y otros y donde me dé la gana de hacerlo.
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La actitud se llama, en el menos grave de los casos, individualismo: Caracas está bien si SSHHHOOO la disfruto, y está mal si SSHHHOOO la padezco. Por lo tanto, hacer análisis sobre la gente que está padeciendo más allá de mi disfrute, y disfrutando más allá de mi desgracia, es castigado. Es, repito, la misma actitud: si la estás pasando bien, quédate TÚ; si la estás pasando mal, lárgate TÚ. Ya por ahí me mandaron a la mierda: si no opinas que esto está bello, puedes irte. Una imposibilidad trágica de entender que el país es algo más que uno y el entorno de panas con que uno se toma las birras. Como si el confort o la pelazón de bolas de uno solo (del Duque, en este caso) definiera qué es bueno o qué es malo para una Caracas jodida estructural y espiritualmente.
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Como siempre, esto no pasará de ser una escaramuza virtual más entre tuiteros y opinadores. La Caracas en destrucción, por suerte, está bullendo en los barrios, donde el arte es un grito de protesta y de rabia. Mientras las alcaldías construyen y maquillan el pueblo grita sus expresiones de resistencia y rebelión. En eso anda la multitud. Usted puede seguir tomándose los vinos donde Rocío y comiendo pizza donde Evio. Disfrútelo, pero téngalo claro: ESO no es el socialismo. Es un oasis para el relax dentro de una ciudad capitalista, tan sólo eso. Lo demás es caerse a mojones.

sábado, 11 de febrero de 2012

Nuestra edad de oro


La más reciente película de Woody Allen, nombrada en español “Medianoche en París”, se pasea por una metáfora que quizá no ha sido debidamente escudriñada: la persistente tendencia humana a creer o sospechar que todo tiempo pasado fue mejor. La película se concentra en el ámbito de la literatura y las artes, y busca mostrar cómo la gente se deslumbra y emociona en presencia o ante la sola mención de vacas sagradas como Hemingway, Scott Fitzgerald, Picasso, Dalí, Buñuel. A esa conclusión había llegado un turista del tiempo que se movió desde el presente hacia los años 20 parisinos y allí conoció a esos y otros consagrados. Hasta que conoció a una personaja (digo, creo que así se dice ahora) que fornicó con todos ellos y se la llevó a hacer un tour que la muchacha quería hacer: viajar a la Belle epoque, al tiempo de esplendor del Moulin Rouge (finales del XIX y principios del XX), donde se topó con Gauguin y otros vergajos. Entonces la muchacha del siglo XX y el tipo del XXI producen la discusión central de la historia: él creía que la época más brillante de la humanidad era el siglo XX, donde la había encontrado a ella, y la joven decía que la época de oro era aquella otra, más atrás.
El sujeto, brillante y maduro aunque norteamericano y de clase media-alta, decide mandar todo a la mierda y acostumbrarse a la perra vida real: regresó a su época y se enamoró de la humilde francesa que le vendía libros baratos en un kiosco equis.
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El pueblo venezolano está viviendo su época de oro, y muchos no lo creemos o no nos damos cuenta porque tenemos el cerebro y las percepciones atiborradas de epopeyas independentistas, nombres fastuosos e intocables, deslumbramientos inculcados desde la escuela. Si usted dice que en El Socorro (Guárico) hay un viejo campesino que echa cuentos formidables que hacen palidecer a los bodrios escritos desde Caracas por un burgués llamado Rómulo Gallegos, capaz que viene cualquier intelectual (y más de un camarada) y lo condena al silencio, lo fusila moralmente: qué bolas tiene éste, venir a decir que hay un campesino jediondo que narra mejor que Gallegos. Los códigos que nos incrustaron en la escuela adeca en que estudiamos (a ver: TODOS los que estamos leyendo este artículo estudiamos en una escuela adeca, burguesa, formadora de esclavos o amos, capitalistas todos) han alcanzado categoría de tótem.
Quien se aplica a derribar un tótem por lo general sale aplastado por éste y sus defensores. Por eso la tarea de derribar dioses (mitos) y fantasmas tiene que ser colectiva, no de individuos aislados y segregados.
La buena noticia es que nuestro pueblo ha entrado, lenta pero sostenidamente, en una dinámica de derribamiento iconoclasta o desacralización de figurones y figurines que nos impusieron como sagrados.
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La mala noticia es que, paralelo a esa política ciudadana de transgresión, ha venido a cobrar fuerza en el seno de pretendidas vanguardias políticas o ideológicas cierto espíritu tenebroso que les exige a los demás una pureza y una perfección que nadie en este tiempo capitalista puede sostener a cabalidad. Hablar desde presuntas convicciones es fácil. “Presuntas convicciones”: las cosas que uno dice con el hocico en forma de discursos revolucionarios o libertarios, pero que para sus voceadores y voceros son difíciles e imposibles de sostener.
Ejemplo práctico. Hace poco hubo en las redes sociales una especie de debate sobre una práctica de este Gobierno de querer vender como logros de la Revolución algunos éxitos conseguidos en territorios que son del enemigo: un piloto en fórmula 1, un golfista, una miss, unos grandeligas, una carroza en el carnaval de Río de Janeiro. Cuando la miss en cuestión visitó Miraflores se desataron los demonios: Chávez, acusado de tener debilidades por emblemas de un mundo corrompido que queremos destruir y no fortalecer.
En ese debate participé con una reflexión más o menos en estos términos: Chávez ha cometido enormes equivocaciones últimamente. Chávez es contradictorio, comete errores, incurre en devaneos pequeñoburgueses insoportables. He presenciado todo eso y he tomado una decisión: yo sigo siendo chavista. Primero, porque para yo hacerle un juicio sumario a ese tipo tengo que demostrar que yo soy mejor o más revolucionario que él, y no lo soy: yo también cometo errores y la cago con frecuencia. Yo tomo cerveza Polar (la cerveza del enemigo), me gusta Shakira, ayer me jarté un perrocaliente, uso ropas hechas por esclavos y quiero comprarme un carro. Y segundo, porque las otras opciones son indignas: meterme a escuálido o ponerme a soñar con el revolucionario perfecto, el que nunca se equivoca y no habla con misses sino con revolucionarias impolutas (¿y dónde están esas bichas, por cierto?). Yo soy chavista. Chávez es un tipo como yo: se equivoca.
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Chávez no es igual, mejor o peor que ninguna figura histórica registrada bibliográficamente: sencillamente, a Chávez le tocó ser presidente de la época más esplendorosa del pueblo venezolano; si le exigimos perfección o lo “compramos” como es, es nuestra discusión, y ese discutir es una de las aristas de nuestro experimento. Es un sujeto como nosotros, bichos imperfectos y metidos en el trance de sacarnos del cuerpo este capitalismo, que casi siempre nos gana individualmente pero que a la larga perderá.

sábado, 14 de enero de 2012

Cómo ganar una batalla sin disparar el primer tiro

Para efectos de esta circunstancia y este texto, "política" significará: "estrategias, acciones y ardides para captar votantes". La Política es mucho más que eso, pero por ahora simplifiquemos.
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En la presentación de la Memoria y Cuenta de Hugo Chávez ante la Asamblea Nacional, el Presidente recibió un ataque que emocionó al antichavismo. María Corina Machado le dijo en su cara una fracción de lo que muchos antichavistas quisieran decirle, y eso tuvo o tendrá para ella un impacto político negativo y uno positivo:



En ese ámbito en el cual la palabra y el gesto (pretendida o genuinamente heroico) van en busca de adeptos, cuando alguien dice o hace algo con su buena dosis de dramatismo o contundencia pueden ocurrir dos cosas:

  1. Impresiona a una cantidad de gente que antes no simpatizaba con el político-actor: éste termina captando popularidad, es decir, votos y voluntades. Es el caso del "Por ahora" aquel 4-F: nadie sabía quién era Chávez y de pronto se convirtió en el personaje de esa década, y de esta otra.
  2. Enardece sólo a los que ya están convencidos o captados: es el tipo de gestos que no capta más gente que la que ya está convencida. Caso Machado: ella logró elevar el encarnizamiento verbal y emocional del antichavismo, pero ningún chavista o indeciso se pasará a su bando por haberle dicho ladrón a Chávez.
Resumen: la Machado consiguió que muchos antichavistas la consideren valiente. Pero no logrará traspasar el umbral de popularidad impuesto por su mediocridad o falsedad. Las masas no se volcarán a apoyar a María Corina, quien por cierto lo único que hizo ayer fue decir algo cien veces más tibio o light que lo que se le dice cotidianamente a Chávez a través de todos los medios.
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Después de la intervención de la Machado, María León, indignada, solicitó a la Asamblea sancionar de alguna manera a su colega. Aplausos se escucharon, consignas, gritos. Si esa moción prosperara significaría un enorme favor, una bendición para la Machado: la diputada que quedó reducida a cadáver político luego de sus dentelladas contra el Presidente pasaría a ser una víctima del rrrrégimen, una valiente y sufrida mujer a quien le están castigando el gesto de opinar. Así lo leería cualquiera. Chávez se dio cuenta de ello y toreó la propuesta con sutiles pinzas: "No hagan nada contra ella, el Pueblo me recompensará" etcétera. Evidentemente, Chávez ha aprendido cosas sobre política, como por ejemplo la máxima que indica que el autocontrol gana más batallas que la exasperación y el desenfreno.
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Hace unos pocos días, tres marines norteamericanos han sido llevados a juicio por orinarse sobre los cadáveres de unos soldados afganos. Singular detalle: no se juzga a los tipos por haberles dado muerte a otros, sino por humillarlos después de muertos. Según cierto sistema de códigos y seudoéticas de la guerra, hay algo más grave que la muerte y es la humillación. Así que esos soldados afganos han ganado una batalla después de muertos. Las balas los convirtieron en cadáveres anónimos; el gesto perverso de sus matadores los convirtió en depositarios de condolencias, dolores y rabiosa solidaridad.
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Muerta políticamente María Corina Machado, si el chavismo en funciones de Gobierno comete el error de orinarse sobre ese cadáver, lo resucitará, y los cadáveres resurrectos pueden ser temibles.
Política: el arte de desarmar al enemigo sin necesidad de encañonarlo.
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Esto es algo más que un juego de ajedrez: es Guerra de Cuarta Generación. En una guerra convencional gana el bando que mata más enemigos. En una de Cuarta Generación, el que mata, ataca o causa daño antes que el rival, pierde.
Extraña guerra, sí: gana el que se deja pegar. Por esa razón EEUU desata sus guerras genocidas solamente después que ha difundido las "razones" por las cuales sus víctimas se merecen la destrucción: "Ellos nos atacaron primero, o se están preparando para atacarnos". Irak, Afganistán y mucho antes Japón, son ejemplos de cómo todo se puede justificar después que un bando recibe un ataque o la opinión pública es convencida de que ese ataque existió. Saddam no tenía armas biológicas pero las masas creían que sí, porque el Pentágono se encargó de difundir especies en ese sentido. En Libia, Khadafi no bombardeó a EEUU pero la maquinaria de propaganda bélica propagó una especie peor: el tipo bombardeó al pueblo, es decir a La Democracia. Y Europa y EEUU, ustedes saben, son los guardianes de la Democracia en el mundo.
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Sucede también que, a causa de nuestro temperamento, producto a su vez de una amplia y galvanizada cultura cinematográfica, desde la juventud tendemos a otorgarle a la violencia, al excesivo dramatismo y a los desafueros varios el carácter de ingredientes vitales para construir una imagen respetable. Mediante un interesante mecanismo sobre el que valdría la pena profundizar, la violencia o la visceralidad son asociadas automáticamente con el concepto “valentía”. Valiente: hombre de pelo en pecho que se cae a coñazos con cualquiera, va siempre adelante, no tiene miedo o cuando lo siente lo disimula muy bien. No solo el cine ha ayudado a consolidar esa figura; el heroísmo nos vino antes por la literatura y la tradición oral, y seguramente sus códigos vienen paralelos a la idea de machismo y virilidad: hay mujeres tan arrechas que parecen machos.
Cuando uno traslada ese síndrome a la interpretación de la Historia comienzan a torcerse también algunos conceptos, percepciones y aspiraciones como pueblo y como país. Así, no es difícil encontrar entre nosotros (llamémonos gente antihegemónica; por ahí nos llamarán “de izquierda”) hermanos militantes que todavía sueñan con el episodio inmortal, glorioso y supremo en el que nos metemos en la montaña con un fusil, bajamos al pueblo de su letargo y conquistamos la ciudad y el palacio de Gobierno, y ya: triunfó la Revolución. No hay que ser muy sagaz para detectar en esa narrativa las claves de un romanticismo más cercano a los superhéroes que a los revolucionarios (el pueblo en su letargo y YO, poderosísimo y valiente, voy y lo rescato para hacer el socialismo). Ni hay que andar muy al día en materia de historia y noticias del momento para saber que ese tipo de luchas y procedimientos pertenecen a otra etapa del avance de la humanidad hacia su emancipación. Que ya el poder no se conquista así (o no necesariamente) y que las tareas para ganar en el ajedrez geopolítico son más de contacto humano y de sudar procesos con nuestra gente, que de fastuosas batallas entre hombres barbudos y gringos trogloditas.
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Otro ámbito. ¿En qué se parecen el Vietnam de hace medio siglo, el Irak de la última década y la Libia que viene? En que el ser humano rebelde ha demostrado que a las grandes potencias se les derrota con guerras no convencionales, mediante la organización del pueblo y no necesariamente con la consolidación de ejércitos convencionales.
No queda más nada que decir entonces sobre los camaradas que todavía sueñan con “tomar el poder” por las armas, cuando ya tenemos un aliado en el poder. Discusión para otras entregas.