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lunes, 29 de junio de 2026

El dolor y la rabia; la razón y la conspiración



A una inmensa cantidad de personas el dolor humano nos provoca automáticamente más dolor, y también un sentimiento y un impulso primario llamado afán de solidaridad. Otras personas, corporaciones y laboratorios políticos logran bloquear esa pulsión biológica y natural de la especie y se aplican conscientemente a asuntos que van desde la frivolidad hasta la crueldad y la perversión.

En esta Venezuela estremecida física, política y espiritualmente hay ahora mismo personas trabajando, labrando, tallando, esculpiendo un dispositivo de guerra sucia para hacerlo definitivo y concluyente: la acción propagandística que pretende debilitar aun más al gobierno venezolano y a sus instituciones, con el objeto de lograr su colapso o su definitivo derrocamiento. La misión paralela o complementaria a esta sería la liquidación, destrucción y prohibición o proscripción del chavismo como factor político.
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Vamos con el dispositivo actual: en un momento de altísima tensión y confusión, que hace salivar a estrategas y a sicópatas por igual con escenarios propicios para una jugada política dentro de la teoría del caos. La rabia y desesperación, reacciones a flor de piel en un país adolorido, están siendo explotadas masivamente por diversos laboratorios mediáticos, basados en manejo de redes sociales, a partir de procedimientos falaces dirigidos a un colectivo sometido a situaciones de extremo dolor.

Usted detesta al gobierno y al chavismo; el manipulador estándar está aprovechando que en su momento de rabia, dolor y confusión, cualquier cosa que lo afecte o perturbe lo conecte con su odio anti-gobierno y anti-chavista. Y los espectadores que también detestan al chavismo y al gobierno le dan automáticamente la razón en todo al que grita, insulta o golpea a todo lo que huela a gobierno y a chavismo. Una persona adolorida es convertida así por los laboratorios mediáticos en un vehículo y en un instrumento de alta efectividad: como nadie puede o debería confrontar a una persona desinformada o no informada en medio de su dolor, es relativamente fácil confundir ese derecho a ser tratado con comprensión a el derecho a tener la razón en todo.

  • Hemos visto cómo las instrucciones o casi ruegos de las autoridades para que las personas no acudan masivamente a las zonas de desastre se difunden como medidas tiránicas para impedir que la gente no ayude a la gente;
  • Hemos visto cómo una situación aislada se pretende difundir como si fueran la norma: si un funcionario o militante chavista comete un error, los laboratorios basura lo muestran como "prueba" de que todo lo que hacen el pueblo y el gobierno en Venezuela son errores;
  • Hemos presenciado la insólita práctica que pretende imponerle a todo el mundo, e incluso a la gente que vive en La Guaira, unas piezas desinformadoras sobre lo que ocurre en La Guaira. Desde España y desde Miami se le dice a la gente que está en La Guaira lo que está ocurriendo en La Guaira. Estas jugadas prosperan por la sencilla razón de que muchas personas decidieron (y prefieren) dejarse engañar;
  • Hemos visto imágenes de funcionarios cargando aparatos electrodomésticos y la mediática desatada se ha encargado de "informar" que esa sola imagen es una prueba de que los organismos venezolanos de seguridad están saqueando en lugar de ayudar;
  • Hemos visto cómo se intenta desaparecer de los espacios informativos nacionales e internacionales (sobre todo de los internacionales) la acción de gobierno e instituciones, y darle visibilidad solo a la acción de las brigadas internacionales;
  • Hemos visto imágenes de personas enfrentando o insultando a efectivos policiales y militares, solo porque están ahí, y a esa situación se le presenta como un enfrentamiento permanente entre pueblo y gobierno;
  • Hemos visto cómo se pretende darle más veracidad y relevancia a los videos difundidos en redes sociales que a los protocolos internacionales para situaciones de catástrofe.

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Los errores que cometen los órganos de rescate, defensa y seguridad en este momento crítico son los mismos que cometen todos los órganos de rescate, defensa y seguridad en todas partes del mundo cuando se presenta una situación desmesurada y de proporciones gigantescas. Los jefes de la campaña antivenezolana lo saben, y se aprovechan de las muchas fisuras y fragilidades actuales para imponer un discurso.

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No es la primera vez que el chavismo en funciones de gobierno enfrenta un ataque cognitivo masivo y planificado para el asesinato de la verdad y el linchamiento moral (y después físico) de todo lo que sea o parezca obra de la Revolución venezolana, que aunque golpeada, sigue viva y alerta. Desde el mismo momento en que el comandante Chávez comenzó a hacer campaña electoral se activó el laboratorio de destrucción de la verdad, y esa maquinaria fabricante de mentiras no ha parado. Lo que la basura racista que quiere gobernar a Venezuela llama "la sociedad civil" y "la clase pensante" ha efectuado, por manipulación o por ignorancia, movimientos y campañas tan feroces como esta durante 27 años.

Lo que hace más perversa y sucia a la campaña actual es que está jugando con el dolor y la desesperación de millones de venezolanos.

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Asesinar y eliminar al chavismo es algo inviable, porque el chavismo no es una gestión de gobierno sino una corriente histórico-social con raíces en el pueblo y resortes activos en varios millones de personas. Pero la derecha acicateada por la locura trumpista seguirá intentando esa masacre con estocada final, y nosotros seguiremos resistiendo.

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El gobierno y la tendencia política sobre la cual se cimienta ha recibido golpes devastadores, pero sigue admnistrando y manteniendo en funcionamiento al Estado. El discurso insultante, y además falso, que sostiene que acá todo lo decide y motoriza Estados Unidos, es solamente eso: una falsedad y un insulto fácilmente desmontables.
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Las facciones que quieren acceder al control del aparato estatal están preparando para ya mismo, para los próximos días u horas, la irrupción en escena de una basura comemierda que nada tiene que aportarle al país en este momento (y en realidad en ningún otro momento): la señora Machado, que está en campaña electoral desde hace varios años, vendrá a mostrarse y a hacer algún show. Como en situaciones de desesperación hay quienes se arrojan en brazos de quien sea, en busca de consuelo o de alguna forma de apoyo sicológico, veremos escenas teatrales cuyo discurso de fondo dirá: "llegó la que va a salvar a Venezuela".

No es una profecía, cualquiera puede detectar los movimientos que dirigen las jugadas de laboratorio en esa dirección.

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Capítulo especialísimo para otra facción que también sueña con el poder, o con la posibilidad de destruir al actual gobierno pero desde una zona que ellos quieren llamar "la izquierda": desde los que pretenden encontrar en filósofos europeos del siglo XVIII la explicación a la Venezuela del siglo XXI, hasta los ex chavistas aspirantes a la presidencia. Es una delicia ver cómo se aferran a expresiones y argumentos idénticos a los fabricados en Miami para atacar al gobierno de Venezuela y buscar alguna grieta donde ponerse para que los vean y los oigan. Gente que conspiró contra Chávez, contra Nicolás y contra Delcy, con la esperanza de encontrar alguna fuerza que se los lleve por un desagüe que diga: "nunca me contaminé, nunca me equivoqué", cuando en realidad solo dice: "nunca entendí que la única revolución posible es la que ocurre en el territorio, no en los libros, y es bien difícil".

martes, 2 de julio de 2013

¿Viva la universidad? ¿Y como para qué?


Era viernes 25 de mayo de 2007 y estábamos a pocos días de presenciar el fin de las transmisiones abiertas de RCTV. La Asamblea Nacional cometió el error de invitarme para que hiciera uso de un derecho de palabra, en una sesión callejera concebida para que todos dijéramos a coro: "Granier es una rata golpista, viva Chávez". En vista de que yo había dicho eso muchas veces y de muy distintas formas, quise aprovechar esos minutos para decir algunas otras un poco nuevas y un poco incómodas, para esbozar aunque fuera un acercamiento al fondo del problema llamado Medios de Comunicación.


Al finalizar los 15 minutos que duró mi cháchara había un gentío mirándome con arrechera y otro gentío más cagándose de la risa, pero sin atreverse a expresarme su acuerdo. Yo soy así. Nací o me formaron con ese defecto. Tengo muy mal sentido de la oportunidad. Pensar que con haber alabado a los presentes me hubiese ganado unos aplausos.

En resumen, repetí más o menos lo mismo que un par de semanas antes en la cancillería (http://discursodeloeste.blogspot.com/2007/05/misin-boves-en-la-casa-amarilla.html): la universidad es una fábrica de mediocres sin sensibilidad social, prepotentes y con aires de entidad superior; una institución colonial de mierda, creada y desarrollada conforme a las necesidades de una estructura de poder elitesca y excluyente; una estructura según la cual los profes son seres muy inteligentes que le inculcan conocimiento (remember el verbo "adoctrinar", que se pone de moda cuando a los escuálidos les da por creer que educar y adoctrinar son cosas distintas) a una parranda de güevones, mismos que, al ser evaluados, deben reproducir dócilmente lo que el profesor, eco de la voz de la universidad, les ordena pensar. Si usted escribe o dice en un examen algo distinto a lo que la universidad le ordena, usted está raspao. Les grité que, a causa de ese desperfecto originario (ya que la universidad, como es creación medieval y su estructura y funcionamiento siguen siendo ejemplo de la mentalidad medieval, siempre estará del lado de los opresores y burgueses) va siendo hora de sentarse a discutir si ese asco de institución, esa fábrica de burgueses, merece ser defendida, reinventada o destruida como espacio de transmisión de saber.

Hablé también de la Ley de Periodismo y de la necesidad de derogar esa mierda, pues es expresión de una sociedad adeca que se niega a morir. Puse como ejemplo vivo de cierto disparate a Willian Lara, para entonces ministro deInformación: dije que él era licenciado en Comunicación Social (porque la UCV le dio una licencia) pero no es periodista, porque, que se sepa, el ministro no ejerce la profesión ni se gana el piche plato de espaguetis ejerciendo el oficio.

Más vale que no, mi compai.
Como respuesta, Earle Herrera reaccionó con tremendo argumento, demostrativo de la profundidad del pensamiento que emana de la U-U: "¡Willian Lara sí es periodista y que viva la Universidad!". El propio Willian intervino más tarde para decir que 
Cuarenta y ocho horas transcurrieron y allí estaba, la hez de "la flor de la juventud universitaria" encabezada por aquel Goicoechea, aquel Stalin González y aquel Guevara, quemando el centro de Caracas o intentándolo, mientras nosotros los monos, chaburros, marginales, maleducados y malandros los manteníamos a raya a botellazos, en defensa de la democracia venezolana. Les pedí entonces a los compatriotas revolucionarios Lara y Herrera que, si de verdad querían defender a la Universidad, lo hicieran en ese momento. Justo en ese momento: que defendieran a los niños lindos que se lucían en las pantallas de Globovisión: esos eran los profesionales del futuro. Esos eran los sujetos que al cabo de unos años defenderían la academia, el campus, el Almamarte o Almamater, la condición de profesionales, con el mismo encono con que lo hacían Herrera y Lara. Échenle bolas, les dije, siéntanse orgullosos; griten a voz en cuello: "¡Que viva la Universidad!".
Pero mira las sorpresas que te da la vida, o la política. Exactamente dos meses después de aquella sesión de la Asamblea Earle Herrera publicó en Aporrea un artículo titulado "Universidad de sal". No quiero tirarle más a Earle Herrera. Sólo quiero que recuerden el episodio dela Asamblea, y lean el artículo que escribió Earle un par de meses después. Es este:


Universidad de sal

Earle Herrera
Fecha de publicación: 26/07/07

Como la mujer de Lot, la universidad venezolana está convertida en estatua de sal. La vieja academia se quedó ensimismada, mirando hacia atrás, sobrecogida y paralizada por el temor a los cambios. Avanza por inercia y vive de sus glorias pasadas. Es, qué duda cabe, la institución más conservadora de la Venezuela contemporánea.

Su estructura preserva algo más que las formas del modelo medieval. La expresión más acabada de ese arcaico paradigma es el claustro universitario, con su calco en cada facultad en las llamadas asambleas, las cuales son cualquier cosa, menos asambleas. La palabra y figura del claustro le vienen de la universidad monástica y monárquica. Puro formol y mortaja.

Así transitó los siglos, con no pocos sacudimientos, como el de la Reforma de Córdoba en la Argentina de 1918. O el de aquellos albores libertarios, con los estatutos republicanos dictados por Simón Bolívar, en 1827. Pero las fuerzas conservadoras siempre terminaron por retornar al regazo colonial e imponer la fuerza inmovilizante del pasado.

En Venezuela, la universidad se colocó de espaldas al pueblo y se divorció de su realidad. Los millares de jóvenes que cada año quedaban excluidos de sus aulas, no eran su problema. Por el contrario, ese drama colectivo lo convirtió en un negocio que, vía prueba interna, pasó a engrosar lo que denominó “ingresos propios”, una forma de asalto, hay que reconocerlo, a mano desarmada.

En su seno, afloraron las roscas y grupos de interés. También los apellidos, para no irles a la zaga a los mantuanos del valle. O a sus amos, como los llamó Herrera Luque. Algunos nombres que despotrican de la elección indefinida, se hicieron indefinidos en cátedras, departamentos, institutos, escuelas y facultades. Los cargos en unos casos se volvieron hereditarios y, en otros, conyugales. Siempre partidistas.

La exclusión intramuros pasó invicta el siglo XX y se aferra a su claustro en pleno siglo XXI.Los “académicos” ultramontanos se irritan ante la sola posibilidad de que los trabajadores y empleados puedan tener derecho al voto para elegir a las autoridades. Gritan que eso sería el fin de una academia que, hace rato, está momificada. Estos catedráticos se consumen ante la sola propuesta de homologar el voto estudiantil y el profesoral. ¡Y se dicen democráticos!

¡Cómo pesan las arcaicas estructuras de la vieja universidad! A la altura de esta línea, para regocijo ventajista de las roscas “académicas”, es hora de que los profesores instructores por concurso de oposición no tienen derecho de voto para escoger las autoridades rectorales, ni de facultad, ni de nada. Poco importa que sobre ellos recaiga el mayor peso de la docencia en casi todas las universidades llamadas autónomas.

El siglo XXI ya no soporta a estos viejos mastodontes que tanto hablan de democracia y tanto la niegan. El claustro como estructura, digámoslo de una buena vez, debe volar en pedazos. Sobre sus escombros ha de renacer la nueva universidad, de cara al país, consustanciada con el pueblo y sus problemas y verdaderamente democrática. Desde los directores de escuelas hasta el equipo rectoral deben ser elegidos por toda la comunidad universitaria, sin exclusión.

Los que vociferan que el gobierno bolivariano amenaza la autonomía, en realidad es a estos cambios a lo que temen, a la verdadera profundización de la democracia universitaria. Cambios que están por cumplirse en forma inexorable. Las fuerzas conservadoras podrán retardarlos algo, pero no los detendrán. Con no poco pavor, esas fuerzas oyen que las campanas empiezan a doblar por el viejo claustro y sus momificados e inútiles pero costosos faraones “académicos”.

Lo de “académicos” es un decir. La exclusión como electores de trabajadores y empleados, de los profesores instructores, así como el valor de 25% que en la obsoleta ley se le asigna al voto estudiantil con respecto al profesoral, no ha significado la elección como autoridades de los más académicos. Hoy mismo, en este aquí y ahora, se puede hacer una larga lista de cargos rectorales y de decanos ejercidos por quienes nunca se han destacado en la investigación ni en la docencia, no han presentado debidamente sus trabajos de ascensos, no han escrito un solo libro, no tienen los títulos que exige la ley y ni siquiera han pronunciado alguna frase que los recuerde, sino para la historia, al menos para la anécdota.

Y a todas y cada una de esas autoridades, las ha elegido el añejo claustro y las esclerosadas Asambleas de Facultad. Hacia ese inconmovible pasado que tanto pesa sobre el presente y hace nugatorio el futuro, mira y se aferra la universidad que emula a la mujer de Lot, la universidadconvertida en estatua de sal. 

lunes, 1 de octubre de 2012

¡¡ VIOLEEEEENNNCIAAAAA !!

La razón de ser de estas breves líneas es la urgencia de responderles genéricamente a todos los compas que se han acercado a preguntarme, a plantearme idéntica preocupación: ya la gente casi no pregunta si creo que Chávez ganará o perderá las elecciones, sino si creo que nos caeremos a tiros antes o después de los comicios. Cosa que por una parte me parece lógica (¿a quién no le preocupan más el pellejo y un mínimo de paz ciudadana y garantías para transitar sin que te lluevan misiles?). Pero por otra parte me desconcierta, ya que para responder a eso basta con recordar momentos parecidos o mucho más graves de la historia reciente. Momentos de altísima tensión (recuerdo especialmente la circunstancia del referendo para votar la Reforma Constitucional), en que a pesar de los augurios, presiones, financiamiento de aventuras, incitación abierta de la derecha a través de sus medios de información, la violencia no se desbordó.
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No, en Venezuela no va a empezar una guerra civil el 7 ni el 8 de octubre. Chávez ganará las elecciones y, tal como ha ocurrido en los últimos 14 años, al día siguiente estaremos unos contentos y otros arrechos o deprimidos, pero no se desbordará la violencia. Puede que si el despecho antichavista llega a altísimos extremos de descontrol haya episodios locales de agitación y algún foco de desórdenes, pero eso no califica como el inicio de ninguna conflagración y no durará más que unas pocas horas.
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A ver: ya ha habido violencia y puede que la siga habiendo, pero ninguno de los episodios endógenos habidos o por venir en el mediano plazo califica como detonante de aventuras de destrucción masiva en nuestro país. En estos días asesinaron a unos señores en Barinas. Unas versiones indican que hubo un enfrentamiento entre chavistas y antichavistas (http://www.aporrea.org/medios/a151335.html) y otras (las preferidas de estos últimos) señalan que venía una alegre caravana de hermosas personas entonando cánticos de paz y amor y que entonces vino el hermano de Hugo Chávez y ordenó (seguramente por instrucciones del mismo Presidente): "Me los matan, porque matar hace nos populares a los políticos y si matamos a mucha gente obtendremos muchísimos votos". Y entonces los criminales chavistas identificados con sus uniformes y montados en carros oficiales dispararon a mansalva contra aquellos autobuses pletóricos de felicidad. Pero ni siquiera esta versión, casi-casi exenta de manipulaciones (como esta con la que se llenó la jeta los ultraderechistas uruguayos: http://www.elpais.com.uy/121001/pinter-666997/internacional/acusan-a-hermano-de-hugo-chavez-del-asesinato-de-tres-opositores/) logró que comenzara la guerra civil que serviría para graduar de criminales de guerra a Chávez y a los chavistas.
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Por otra parte, el antichavismo de pluma y papel ha buscado afanosamente en los últimos años utilizar algunas muertes para tratar de influir en el ánimo de la gente y ponerla belicosa. Este es un buen resumen de varios casos en los que el antichavismo ha utilizado algunas desgracias personales y familiares para tratar de venderlos como crímenes políticos: http://misionverdad.com/?p=237. Faltan allí los casos de Rafael Brito, unos estudiantes en Mérida y el Zulia y el de unas señoras tiroteadas en la plaza Francia de Altamira, pero es un buen compendio que pone a la vista lo esencial: que la oposición sabe que la muerte le es favorable y siempre ha estado buscando capitalizarla política y/o mediáticamente.
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Antecedentes que pesan: la historia tremenda de la muerte del estudiante Luis Carvallo Cantor, en marzo de 1987. El muchacho fue asesinado de un tiro por un abogado adeco, por motivos tan fútiles como que el joven estaba orinando en el jardín de la casa del abogado. La indignación por el hecho se juntó con la alta carga de arrecheras sociales acumuladas y la cosa derivó en una situación de disturbios que la historia de las luchas populares ha registrado con el nombre de "Marzo Merideño". Mérida fue militarizada y sometida a  toque de queda y allanamientos selectivos durante varias semanas, pero la protesta estudiantil se propagó por varias ciudades y el evento es un antecedente dramático de lo que luego fue el Sacudón, 11 meses más tarde. Así que el antichavismo, lleno de bobos tan candorosos que creen que agitar a todo un pueblo es cuestión nomás de meter casquillo y poner unas fanfarrias en TV; un bulto de estúpidos que creen que las avionetas son hijas de los aviones, que machete de burro es trompeta y que para curar el Sida sólo hay que decirle: "Vete, sida", siguen creyendo que acusando a Chávez de cada muerto habido en el país (o a todos al mismo tiempo) entonces ya el pueblo saldrá en masa a liquidarlo para poner en su lugar a un empresario. Seguirán creyendo en eso unos cuantos años.
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Y personalmente, ¿participaremos en hechos de violencia? Si una de estas tardes de mal humor viene un antichavista y me jode la paciencia más de la cuenta lo más probable es que se lleve el botellazo de su puta vida entre los dientes y el cráneo. Eso es violencia, cómo no. Pero tampoco hará que venga la OTAN a invadirnos en defensa de los dientes pulverizados de un güevón.
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Lo más parecido a un desborde de violencia que hemos tenido ocurrió aquellos días de abril de 2002; otros más a finales de ese año y comienzos de 2003; regresó el fantasma en 2005 y luego en 2007, cuando la patada por el culo a RCTV. Recuerdo a Teodoro Petkoff diciendo, escribiendo y gritando desaforado en diciembre de 2002: Si Chávez no renuncia EN LAS PRÓXIMAS HORAS tendremos una situación de guerra civil. Chávez no renunció, no hubo guerra civil y sin embargo Teodoro seguirá asustando a sus fans. A esas pobres viejas creyentes de la leyenda urbana que lo convirtió en héroe guerrillero sin haber echado nunca ni un tiro.
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Yo tuve mi época frenética y apocalíptica también, cómo no. Cada vez que se acercaba una fecha como esta que se aproxima acudía a ciertos compas proclives a hacer de cada sospecha un motivo para ponerse los guantes, y vaya que llegué a creer que en cuestión de horas había que poner a cantar las perolas. Hoy sigo creyendo que algún día habrá episodios violentos en Venezuela, pero eso no será por unos resultados electorales ni porque la oposición vuelva a cantar fraude luego de su derrota. Creo que cuando eso ocurra se deberá a la intervención directa de factores externos, no a la abrupta explosión de una parte del pueblo venezolano contra la otra.
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Una guerra civil es un episodio que requiere de financistas y de líderes adorados en cada bando. El antrichavismo no tiene ni líderes ni financistas dispuestos a financiarles otra aventura (ya les fueron financiadas suficientes, y fracasaron rotundamente en todas). Y el chavismo no tiene por qué acudir a la violencia de las armas, metido como está en la cresta de la ola que gana y gana elecciones y construye y construye un mundo mejor.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Voz de alerta y (a modo de) homenaje al antichavista Domingo Alberto Rangel


Apenas a minutos del final del domingo 23, decidí hacerle algún pequeño homenaje a Domingo Alberto Rangel, muerto justo este domingo que acaba de terminar. ¿Un homenaje a ese antichavista? Sí, a ese antichavista. Porque justo este fin de semana, en sucesivas (e inconexas entre sí) conversas se repitió una misma idea, una misma preocupación, una misma extrañeza: hay gente que cree que Capriles Radonski, y lo que él representa, son una clase de enemigo de la misma naturaleza que cualquier adeco o pobre confundido. Y más de un chavista tampoco ha detectado esa diferencia. Hay que desmenuzar mejor esa idea, porque es algo compleja a pesar de su aparente sencillez.

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Breve paréntesis. Creo que quienes tenemos y hemos tenido responsabilidades comunicacionales pequeñas, medianas o altas en el proceso de difusión de lo que es la Revolución venezolana hemos fallado en algo vital, crucial, importantísimo; algo que requería y requiere una atención urgente: hay que hacerle comprender a nuestra gente pobre, a nuestro pueblo expoliado por siglos, que la actual guerra que vive el planeta es una entre unos multimillonarios asesinos depredadores, y la gente pobre que necesita y está empezando a moldear un mundo distinto a esta mierda que nos hicieron construir los ricos.
Tal vez una de nuestras fallas haya sido la enfermiza fetichización de la literatura marxista y del lenguaje pesado y pastoso de los filósofos; otra, el muy burgués y elitesco canon de quienes sostienen que quien no se trague cientos de libros queda fuera del rótulo "revolucionario". Son sospechas apenas. Lo cierto es que la idea de que hace miles de años hay una lucha de clases debe masificarse (y tiene que haber una forma de contar de qué se trata sin parecer una momia y oler a naftalina), porque de lo contrario no sabremos ni siquiera identificar a nuestro enemigo. Ese que sí sabe identificarnos a nosotros, y sabe también poner a muchos de los nuestros a votar por esperpentos de la ultraderecha como por ejemplo el Capriles.
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Gustavo Borges (el23net.blogspot.com) se preguntaba en Facebook cómo era posible que hubiera gente pobre dispuesta a votar por Capriles. El desconcierto es genuino. Porque Capriles no es cualquier adeco, no es un escuálido promedio de esos que pegan unos gritos, repiten lo que dicen los dirigentes antichavistas en Globovisión y al final del día se van a mercal a hacer unas compras. No: Capriles Radonski es el instrumento de un poder multinacional que lleva cientos de años despedazando personas, sojuzgando pueblos, quebrando y saqueando países. La gente pobre que ha de votar por él no cree, no sabe, no entiende el inmenso peligro de entregarle el control del Estado a semejante engendro, y los responsables de esa incomprensión, repito, somos nosotros. Los que en vez de andar haciendo chistesitos y mostrando a un Capriles medio pendejo, pajizo y homosexual, como si esas cosas fueran un crimen, deberíamos andar buscando la forma de masificar el conocimiento de la amenaza verdadera: si Capriles gana nos quedaremos sin país.
Lo desesperante es que uno lo dice así y pareciera una cuña proselitista más a favor de Chávez. Pero no: esto no es un llamado a "votar contra el majunche" (ese es el lenguaje chavista, pesuvista o chavero estándar), esto es una voz de alerta dirigida a la gente que cree que Capriles es un bobo que cuando pierda se irá a su casa a llorar su derrota, y si gana entonces reconciliará al país y le dará más fuerza a las Misiones. Tarea pendiente: salir (y sacar a los nuestros) de ese letargo, de ese error monumental que llevará a mucha gente pobre a entregarle su voto a este instrumento de los mayores asesinos del planeta.
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¿Qué tiene que ver todo esto con el recién fallecido Domingo Alberto Rangel? Tiene que ver con que este caballero, en su furibundo antichavismo, sabía lo que estaba pasando en el mundo y en Venezuela. Hay varias formas de llegar a ser antichavista y de ejercer el antichavismo. Una es la estupidez y la ignorancia; otra; la consciente militancia en un proyecto de continuidad y fortalecimiento del capitalismo. Y hay otra, que aunque nos adverse y nos señale, proviene la conciencia de un ser nacional, de la comprensión de la historia y del legítimo desacuerdo con nuestro proyecto de país, sin caer en la automática adulación de cualquier monigote que se monte en la palestra a echarnos mierda. Antes de ser antichavista, Domingo Alberto Rangel fue militante de algo que es extraño a mucha gente, todavía a estas alturas del siglo: una singular esperanza de que Venezuela puede ser un país reconciliado y fuerte.
En el año 2002, año de gravísimas y peculiares resonancias para nuestra historia reciente, lo expresó de esta manera:

(Aquí, el enlace al artículo completo: http://www.analitica.com/bitblioteca/dar/paro.asp. De ese texto queremos resaltar el párrafo final):


¿El rostro del fascismo?

Estos episodios del paro, las cadenas tácitas de TV y las muchedumbres, me han demostrado cuán encarnizada y feroz puede ser la reacción derechista. En Las Mercedes he visto esos excesos de lacanaille dorée [canalla dorada] como la llaman los franceses. Cerca de mi casa hay dos negocios, uno de ellos, La Crocantina, vende exquisiteces y el otro, Katia, es un cafetín de comida árabe. A ambos se les obligó cerrar. Vi, desde pocos metros, cómo una muchedumbre de damas piadosas amenazaba a los dueños de aquellos negocios con quebrarles las vidrieras. Al día siguiente de este episodio, no pude tomar el metrobús en Chacaíto para llegar a mi casa e hice ese recorrido hasta Las Mercedes a pie. En la avenida principal de Las Mercedes vi, a pocos pasos del automercado Cada, al dueño de un puesto de periódicos, situado frente a la bomba Texaco, arrojar lágrimas. Se le había obligado a cerrar el kiosco. El hombre me dijo, mientras corrían las gotas por sus mejillas, que a la Casa del Llano, muy cerca de aquel lugar por la avenida Río de Janeiro, le habían roto dos cristales. Quiero decir algo que pertenece a mis principios: Venezuela no retrocederá a los tiempos deBetancourt o de Pérez Jiménez. Nada tengo en común con Hugo Chávez y lo he combatido desde el día en que triunfó por primera aquel 6 de diciembre de 1998. Muchos dueños de canales de TV y de periódicos que hoy le combaten, palmotearon sus espaldas embargados por el goce. Sigo siendo enemigo político de Hugo Chávez y lo seguiré siendo. Pero no soy tan cretino para abrirle las puertas de un país, que a mí me ha costado cárceles y aislamientos, al fascismo más sanguinario.

martes, 21 de agosto de 2012

Números, pronóstico e interrogantes

Falta un mes y medio para que se celebren las elecciones presidenciales en Venezuela. Todas las mediciones y tendencias (incluso las perceptibles al margen de instrumentos científicos) indican que se mantendrá la histórica polarización numérica que se inauguró en 1998. De acuerdo con esos números y tendencias, el proyecto chavista volverá a obtener más de 50 por ciento de la preferencia de los electores, y el antichavismo rondará el 40 por ciento.
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Teniendo en cuenta que el padrón electoral anda por 19 millones de ciudadanos, y que la abstención prevista es de 20 por ciento, la previsión de la convocatoria de votantes anda por los 15 millones de votantes. Si se mantienen las tendencias, poco más de 8 millones votará por Chávez y unos 6,5 millones votará por el candidato antichavista. Como pueblo chavista tendremos entonces unas cuantas tareas, que debemos abordar a partir de interrogantes no resueltas; algunas están en discusión, otras obviadas o escasamente discutidas.
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Algunas de las preguntas y discusiones que hay que masificar: ¿con qué estructuras iremos sustituyendo las instituciones y estructuras burguesas (y algunas medievales) sobrevivientes, como las Parroquias, claustros universitarios, jerarquías y partidos? ¿Cómo irnos organizando como pueblo de manera tal que, ante la crisis mundial del Estado y las corporaciones, seamos los ciudadanos en nuestras localidades y radios de acción quienes asumamos el autogobierno? ¿Cuándo y cómo daremos el salto desde la actual democracia electora de representantes hacia la democracia directa ejercida desde las comunidades? ¿Cuándo y cómo discutiremos (y para qué) la necesidad de sustituir las alcaldías y gobernaciones por centenares o miles de Gobiernos comunales (un Gobierno por cada comunidad o por cada cuadra)?
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Si la construcción de la democracia fuera un asunto numérico o matemático ya tendríamos el mandado hecho: ganamos el 7 de octubre y seguimos en lo mismo. Pero esa construcción es más un esfuerzo político y una profundización de la guerra sorda entre las tiranías empresariales y los pueblos oprimidos. Veremos por qué rumbo tuerce la historia después de octubre.

martes, 29 de noviembre de 2011

Politiquear

Cierta percepción ciudadana acerca de lo que es la política relaciona esta actividad, parcela u ocupación, con la destreza para mentir. Político: embaucador y mentiroso. La asociación es vieja y probablemente tenga su origen en el talante (poco comprendido por cierto) de la obra que dio inicio a la ciencia política, entendida como construcción filosófica: el nombre de Maquiavelo es asociado automáticamente con las nociones de perversidad, maldad y trampa, así poca gente haya leído El Príncipe o sepa de qué se trata, qué contiene o qué propone.
En algún momento se acuñó la idea de que para ser un político exitoso hay que ser maquiavélico, lo cual en sentido estricto puede significar que el aludido está siguiendo las instrucciones o enseñanzas de Maquiavelo. Pero para efectos del habla común de las personas, que no tenemos por qué haber leído los clásicos de la filosofía para tener derecho a usar ciertos términos, lo que estamos queriendo decir es que el mundo de la élite política y el de los aspirantes a vivir de la política está lleno de seres repugnantes, militantes de una antiética capaz de moverlos a hacer cualquier suciedad con tal de conseguir sus objetivos (ser diputados, presidentes, alcaldes o amantes de todos los anteriores).
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Es mentira que maquiavelo haya dicho algo que quienes no lo leyeron le atribuyen con una facilidad deslumbrante: “El fin justifica los medios”: Y en caso de que lo hubiera escrito sigue siendo fascinante la manera en que algunos se han amoldado a ese precepto. Que María Corina Machado haya inventado un tiroteo para hacerse la víctima; que cada semana Julio Borges haga una rueda de prensa para presentar cifras forjadas acerca de la presunta destrucción de Venezuela; que la hegemonía anglosajona haya inventado que en Irak había armas químicas y que Khadafi dizque bombardeó con aviones una marcha pacífica, antes de proceder a invadir esos países; que la prensa burguesa promueva día a día una imagen dantesca y terrorífica de Venezuela; que ayer mismo Antonio Ledezma haya dicho que Chávez mandó a suspender para siempre las elecciones. Todo “eso”, ese despliegue que no puede llamarse sino asesinato moral (paso previo para el asesinato físico) forma parte de una misma praxis política: creo una imagen espantosa del enemigo para así justificar su destrucción física, su muerte efectiva.
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A Kissinger se le atribuye el haber dicho: “Acusa a tu enemigo de fornicar con cerdos y luego siéntate a ver cómo lo desmiente”. Aplica muy bien para la forma en que el poder económico en decadencia y sus sirvientes ejercen la política. Por fortuna vivimos en un país en el cual la verdadera política la están ejerciendo el hombre y la mujer humildes, y no los aspirantes a ricos o a gobernantes de un país previa invasión y bombardeo de sus tutores internacionales.

sábado, 5 de noviembre de 2011

La fase terminal

Decíamos: dentro del capitalismo ya no puede hablarse más en términos de desarrollo, mejoramiento, avance positivo, humanización o progreso. Sólo podrá hablarse en esos términos cuando este sistema de relaciones degenerado y lamentable sea sustituido por otro. En las circunstancias actuales, lo que es bueno para el capitalismo (“bueno”: término muy relativo para un cuerpo en descomposición) no lo es para la humanidad. Lo que alegra y da esperanzas de sobrevivencia a las hegemonías dueñas del poder y los recursos del planeta es una tragedia para los pueblos oprimidos, esto es, para las mayorías. Así, cuando decimos “desarrollo”, “progreso”, “mejoramiento” nos estamos refiriendo a lo que existe, y lo que existe es un sistema en proceso de derrumbe. Igual, cuando hablamos de “corrupción” nos estamos refiriendo a ese mismo cuerpo en decadencia.
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Por lo anterior, contentarnos cuando Venezuela muestra signos de avance, recuperación o progreso medido en cifras macroeconómicas, nos traslada a una dolorosa paradoja: si cedemos al espejismo de que “vamos bien” dentro del capitalismo pudieran algunos creer que vale la pena seguir dentro de este sistema. Dentro de este organismo descompuesto. ¿Para qué buscar alternativas si dentro del cataclismo general podemos salvarnos?
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Se hunde el barco, pero yo feliz porque podré bandearme un rato más mientras los demás se ahogan. Honestamente: ¿le suena ética esa postura? ¿Acomodarse en el bando de los que morirán más lentamente mientras ven morir a los demás sin remedio?
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El capitalismo “popular” que propone una precandidata prohegemónica insinúa que es posible oler a perfume dentro de una atmósfera general que huele a cloaca. Que usted puede zambullirse en el río Guaire y sentirse feliz en medio de la purulencia. Que usted puede chapalear en la morgue y sentirse como en casa, inmune al caos y la desolación. Decirnos a los pobres que es posible encontrar afecto, solidaridad y posibilidad de salvación en medio del sistema que nos empobreció por siglos equivale a decirle a la víctima de violación que hay algo bueno dentro del violador, algo que no hemos explorado. Y que ella, que jamás ha sabido ni sabrá qué significa ser víctima, va a enseñarle a usted el camino de la felicidad en medio de la humillación más rotunda.

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Vote por María Corina: ella le explicará las ventajas y la enorme belleza de ser esclavo, oprimido, sirviente de empresarios. Ella le demostrará que un enfermo en fase terminal puede otorgarle (a usted, que quiere salvarse) un rato de felicidad. Mientras ella y los suyos, tan sacrificados, “trabajarán” para usted desde su comodidad y su conocimiento de las artes del sobrevivir en la cúspide del capitalismo moribundo.

Los datos de la rebelión

Ejercicio retórico difícil, ese de tratar de asumirse rebelde, desobediente y libertario y al mismo tiempo profesar simpatías o adhesión a un proyecto de gobierno. Por definición, alguien que cree en la emancipación del ser humano debería estar contra todo Gobierno o poder establecido. Pero en momentos de dramático cambio de paradigmas se producen sobresaltos y anomalías en la historia, y en ese escenario el dato importante del proceso venezolano actual viene a ser que nuestro mayor acto de rebeldía como pueblo, en más de un siglo de historia reciente, ha sido mantener en el Poder Ejecutivo a alguien que le ha abierto las compuertas a nuestras fuerzas constructoras (y a muchas de las fuerzas destructoras).

No es que de pronto nuestra vocación colectiva sea el apoyo a un gobierno o al poder: es que nuestra forma de desafiar al poder, ese mismo que está en proceso de decadencia y autodestrucción en el planeta, es el mantener al frente de un proyecto a alguien que encarna el antipoder. Mirando ahora la otra acera, ya resulta fácil detectar el punto de fractura existente en el discurso estándar del antichavismo que se dice democrático pero no puede dejar de aportar datos sobre su vocación tiránica y opresora. Relumbra por allá discurso que endiosa al gerente, al profesional y demás figuras elitescas, en desmedro de un pueblo pobre a quien se le exige que estudie pero se le niega el derecho a pisar el mismo felpudo que los hijos de los privilegiados. Señal a recordar: los universitarios marchando y protestando para evitar que los obreros y trabajadores de las universidades participaran en los procesos de elección de autoridades y otros; y la declaración infame retransmitida docenas de veces por Venezolana de Televisión: la niña bien reflexionando que “Darle voto a los obreros de la UCV es como darle a la cachifa el derecho de decidir qué hacer en mi casa”.

El antichavismo, y dentro de ese mazacote todas las variables del desprecio al ser humano simple y sin obsesiones artificiales con el lujo y la ostentación de saberes burgueses, cree que desprecia al chavismo porque éste es antidemocrático. Efectos terribles de no saber qué es la democracia y cuál es su sujeto. Cuando se enteren de que los pueblos en rebelión son capaces de grandes destrucciones pero también de ejemplos de humanidad, entonces comprenderán que en Venezuela se está viviendo el momento democrático más esplendoroso, en medio de una rebelión planetaria que en otras partes es sangrienta, pero que aquí es lenta e indulgente (por ahora).

Lo comprenderán, sí; pero sólo lo harán cuando ya sea demasiado tarde.


El mito del ‘gerente eficiente’

Afortunadamente estamos dejando atrás algunos vicios como país y como pueblo. Uno de ellos es el de la adoración automática y enfermiza, por temerosa, de ciertas figuras que nos legó el medioevo (mentalidad que, por cierto, originó la invasión y exterminio perpetrados en estos territorios durante la Colonia). Así, hemos ido superando el terror a la sotana, a la toga y el birrete, a la peluca del magistrado; al boato de momias, al olor a incienso y alcanfor que destilan los rituales conservadores por excelencia.

Hoy toda figura de autoridad está siendo sometida a las lupas de un pueblo que le ha descubierto la dimensión humana a lo que antes parecía sagrado e intocable. Sin embargo, persisten algunos temores, llamados y tendencias a respetar figuras de más reciente aparición; el “gerente eficiente” encarnado en el empresario o profesional universitario que se cree superior por serlo, es una de ellas. Y como todavía queda por allí quien se deja impresionar con el currículum o historial de ciertos aspirantes a dominar al país, para entregárselo ya sabemos a qué hegemonías, despuntan en el horizonte, con una enorme maquinaria de prensa y artillería audiovisual a sus espaldas, individuos del talante propagandístico de un Capriles Radonski y un Leopoldo López.

Ninguno de ellos tiene conexión alguna con lo que llamamos pueblo; la gente oprimida y excluida por el sistema capitalista no tiene razón ni motivo alguno para guardarle afecto o simpatía a semejantes especímenes, ya que ellos representan justamente el segmento social que ha excluido y explotado a los pobres del mundo. Pero en este punto es donde comienza a activarse el mito, y ellos lo explotan así: “Yo, gerente eficiente que goberné un municipio como Baruta o Chacao, puedo convertir a Venezuela en ejemplo de organización y limpieza”. Fácil: la gente no vive “bien” en Baruta y Chacao porque allí vivan mayoritariamente familias millonarias, de clase media alta, sino porque estos pimpollos (provenientes de familias millonarias también) son “gerentes eficientes”. Según esa propaganda, que es a un mismo tiempo cómica y grotesca, por irrespetuosa e insultante, si Leopoldo López llegara a presidente enseguida La Ruezga Sur y La Carucieña serían como Colinas de Santa Rosa, La Rosaleda y Las Trinitarias, y La Charneca y El Guarataro serían como La Floresta y La Castellana. La otra parte del mito pretende vender la especie de que si uno copia el modelo organizativo inglés entonces un día Caracas será como Londres. Olvídese de los miles de años de historia de cada país y de desarrollo desigual y de la condición de saqueadores de unos y explotados de otros: usted pone en Miraflores a alguien que estudió en Oxford y ya, nos convertimos en país desarrollado y casi europeo.
De ese mito infecto ha comenzado a alimentarse la precampaña electoral del antichavismo. Y, conociéndolos como los conocemos, no cambiará. El conservador promedio es predecible.