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lunes, 11 de noviembre de 2013

Algunos tips para entender esta fase de la guerra en y contra Venezuela

En Venezuela hay una guerra declarada entre el fascismo empresarial y el Gobierno de Nicolás Maduro. El Gobierno de Nicolás Maduro conserva en lo esencial la vocación antiimperialista y de corte social del gobierno de Hugo Chávez Frías, así que el pueblo chavista debe asumir que esta guerra es contra nosotros, los chavistas, y contra la Venezuela que se quiere soberana.
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Nosotros, pueblo de a pie, sin altas responsabilidades ni intereses en ninguno de los dos bandos, debemos: A) tomar partido por alguno de esos factores; estos tips van dirigidos a quienes toman partido por el factor Gobierno Bolivariano; B) ir creando las condiciones y la estructura que nos convierta en el futuro (tal vez un futuro todavía lejano) en pueblo organizado al margen de los dos factores. Esto no choca con el Gobierno nacional porque la construcción del Estado Comunal (propuesta fundamental del chavismo) nos abre las puertas para que funcionemos como conglomerado de gobiernos locales.
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Lo que aquí llamamos el enemigo, fascismo empresarial o poder económico es la estructura de dominación más perfectamente engrasada de la historia humana. Dentro de esa estructura hay un montón de factores que le dan movilidad y penetración universal; un tejido social complejo, unas instituciones, corporaciones y vocerías, que van desde las grandes empresas transnacionales hasta el estúpido a quien le pagan por echar discursos antichavistas y proempresariales en el metro, y al otro estúpido que lo hace gratis sin darse cuenta de que también le colabora al fascismo.
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El enemigo es una construcción mucho más poderosa, macabra, perversa y eficiente en la conspiración que el enemigo al que nos acostumbramos a enfrentar, y al que nos acostumbramos también a llamar "los adecos". Lo que representan los grupos económicos detrás de Primero Justicia y Voluntad Popular (partidos neonazis proempresariales por excelencia) es mucho más peligroso y tóxico que los factores más visibles de la llamada "Cuarta República". Esos grupos tienen historia, tienen siglos de maceración, tienen el apoyo de las hegemonías más poderosas del mundo. Al lado de ellos, los adecos son unos simples payasos que a veces les son útiles y a veces inútiles a esos enemigos inmensos.
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El Gobierno (el de Maduro y antes el o los de Chávez) hicieron lo correcto cuando negociaron con el enemigo, es decir, con el poder empresarial que quiere derrocarlo. Las sucesivas reuniones con Mendoza y Cisneros eran procedentes, inteligentes, necesarias, y además provechosas para nosotros, los ciudadanos de a pie. ¿Por qué? Porque en toda guerra los ciudadanos comunes llevamos la peor parte, así que es bueno que los factores en pugna (Estado y fascismo empresarial) conversen y traten de resolverlo todo por las buenas. Agotado el recurso de la negociación y el acuerdo toca entonces arremeter contra el enemigo. Eso es lo que está haciendo ahora el Gobierno nacional.
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Amarrarles las agallas a los empresarios y comerciantes y ponerle límite a su hambre de enriquecimiento es una acción justiciera y necesaria. Es un acto de guerra. Hay que contentarse, sí, pero no echarse en la hamaca a pensar que con esto derrotaremos al poder económico: ese acto de guerra es la respuesta a uno anterior y será respondido con otro. Es la lógica de la guerra: ellos disparan, nosotros disparamos; ellos tienen bajas, nosotros también.
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Es ingenuo y estúpido pensar que los especuladores y acaparadores recibirán esta bofetada del Gobierno con esta actitud: "Oh, qué fuerte me han pegado, yo mejor acato las leyes, me vuelvo chavista y me dedico a construir el socialismo". No seas güevón, camarada: esta coñaza seguirá y será dura. El enemigo no es cobarde ni débil, es un poder gigantesco cuyo sustrato no es Daka ni Pablo Electrónica: es un enemigo poderoso, insolente y coñoemadre que ya se llevó en los cachos a muchos países y que viene por el nuestro.
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Ya estamos oyendo decir al antichavismo: "A los empresarios no hay que estrangularlos sino estimularlos para que aumente la producción". Esa premisa podía interpretarse como lógica (no correcta pero sí lógica) en los países donde los empresarios no han declarado que quieren derrocar al Gobierno. En nuestro país no, porque ningún gobierno está obligado a seguir haciendo millonarios a los empresarios que lo quieren tumbar. Eso también es lógico (y correcto).
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Cuando hablamos del enemigo nos referimos al fascismo empresarial que quiere derrocar al Gobierno como sea, para poner en Miraflores a un monigote que les abra el chorro de la "libre empresa". No nos referimos al pelabolas que, por confusión, ignorancia o interés personal ha decidido apoyar a su enemigo histórico de clase, que es el empresariado.
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¿Llevaremos leña los ciudadanos comunes ahora que recrudecerá la guerra entre los dos factores enfrentados (el Estado y fascismo empresarial)? Pues sí, como siempre. Hoy podemos comprar productos baratos; mañana desaparecerán esos productos. Es normal: no hay guerra sin dolor.
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Después discutimos si conviene encender en Venezuela miles de electrodomésticos MÁS en tiempos de vulnerabilidad del sistema eléctrico. Sí, después lo discutimos, pero hay que discutirlo. Mientras tanto, vigilar y controlar precios de electrodomésticos es una medida radical justa.
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Los privilegios del empresariado no son los derechos del pueblo. El enemigo nos ha vendido ambas cosas como si fueran una misma. La ecuación es: si el empresariado está bien el pueblo está mal, y viceversa.
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Los empresarios han esgrimido algo que es verdad, es rigurosamente cierto: ningún empresario está obligado a producir si su empresa o fábrica da pérdidas. ¿No da plata producir espaguetis? Pues no se produce más y hay escasez o desabastecimiento de espaguetis. ¿Qué debemos discutir nosotros como pueblo y como clase? Lo siguiente: ¿por qué mother fucker un país que no produce trigo tiene que consumir masivamente espaguetis? ¿Qué deben discutir los empresarios como clase? Esto otro: ¿Por qué en vez de estar explotando obreros no te pones a trabajar, coñoetumadre?
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Cuando esta guerra entre en la inevitable fase bélica o de confrontación callejera tendremos una situación lamentable que ha sido constante en nuestra historia: quienes estaremos en las calles dando y llevando coñazos o tiros seremos los pobres. Los pobres que estamos conscientes de nuestro rol y nuestra posición en la historia, y los que, pasándose por el forro de las bolas el dato histórico de que el enemigo son los empresarios, se ponen del lado de ellos. Mientras nosotros estemos arriesgando el pellejo en las calles habrá una clase social y política (empresarios, "dirigentes", echadores de discursos viendo el peo por televisión y cobrando. Sí, hay una clase a la que le va bien cuando al común de la gente le va mal: los beneficiarios de las crisis. Por estas razones, entre muchas otras, la guerra siempre será una mala noticia para nosotros los pobres.

sábado, 14 de enero de 2012

Cómo ganar una batalla sin disparar el primer tiro

Para efectos de esta circunstancia y este texto, "política" significará: "estrategias, acciones y ardides para captar votantes". La Política es mucho más que eso, pero por ahora simplifiquemos.
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En la presentación de la Memoria y Cuenta de Hugo Chávez ante la Asamblea Nacional, el Presidente recibió un ataque que emocionó al antichavismo. María Corina Machado le dijo en su cara una fracción de lo que muchos antichavistas quisieran decirle, y eso tuvo o tendrá para ella un impacto político negativo y uno positivo:



En ese ámbito en el cual la palabra y el gesto (pretendida o genuinamente heroico) van en busca de adeptos, cuando alguien dice o hace algo con su buena dosis de dramatismo o contundencia pueden ocurrir dos cosas:

  1. Impresiona a una cantidad de gente que antes no simpatizaba con el político-actor: éste termina captando popularidad, es decir, votos y voluntades. Es el caso del "Por ahora" aquel 4-F: nadie sabía quién era Chávez y de pronto se convirtió en el personaje de esa década, y de esta otra.
  2. Enardece sólo a los que ya están convencidos o captados: es el tipo de gestos que no capta más gente que la que ya está convencida. Caso Machado: ella logró elevar el encarnizamiento verbal y emocional del antichavismo, pero ningún chavista o indeciso se pasará a su bando por haberle dicho ladrón a Chávez.
Resumen: la Machado consiguió que muchos antichavistas la consideren valiente. Pero no logrará traspasar el umbral de popularidad impuesto por su mediocridad o falsedad. Las masas no se volcarán a apoyar a María Corina, quien por cierto lo único que hizo ayer fue decir algo cien veces más tibio o light que lo que se le dice cotidianamente a Chávez a través de todos los medios.
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Después de la intervención de la Machado, María León, indignada, solicitó a la Asamblea sancionar de alguna manera a su colega. Aplausos se escucharon, consignas, gritos. Si esa moción prosperara significaría un enorme favor, una bendición para la Machado: la diputada que quedó reducida a cadáver político luego de sus dentelladas contra el Presidente pasaría a ser una víctima del rrrrégimen, una valiente y sufrida mujer a quien le están castigando el gesto de opinar. Así lo leería cualquiera. Chávez se dio cuenta de ello y toreó la propuesta con sutiles pinzas: "No hagan nada contra ella, el Pueblo me recompensará" etcétera. Evidentemente, Chávez ha aprendido cosas sobre política, como por ejemplo la máxima que indica que el autocontrol gana más batallas que la exasperación y el desenfreno.
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Hace unos pocos días, tres marines norteamericanos han sido llevados a juicio por orinarse sobre los cadáveres de unos soldados afganos. Singular detalle: no se juzga a los tipos por haberles dado muerte a otros, sino por humillarlos después de muertos. Según cierto sistema de códigos y seudoéticas de la guerra, hay algo más grave que la muerte y es la humillación. Así que esos soldados afganos han ganado una batalla después de muertos. Las balas los convirtieron en cadáveres anónimos; el gesto perverso de sus matadores los convirtió en depositarios de condolencias, dolores y rabiosa solidaridad.
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Muerta políticamente María Corina Machado, si el chavismo en funciones de Gobierno comete el error de orinarse sobre ese cadáver, lo resucitará, y los cadáveres resurrectos pueden ser temibles.
Política: el arte de desarmar al enemigo sin necesidad de encañonarlo.
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Esto es algo más que un juego de ajedrez: es Guerra de Cuarta Generación. En una guerra convencional gana el bando que mata más enemigos. En una de Cuarta Generación, el que mata, ataca o causa daño antes que el rival, pierde.
Extraña guerra, sí: gana el que se deja pegar. Por esa razón EEUU desata sus guerras genocidas solamente después que ha difundido las "razones" por las cuales sus víctimas se merecen la destrucción: "Ellos nos atacaron primero, o se están preparando para atacarnos". Irak, Afganistán y mucho antes Japón, son ejemplos de cómo todo se puede justificar después que un bando recibe un ataque o la opinión pública es convencida de que ese ataque existió. Saddam no tenía armas biológicas pero las masas creían que sí, porque el Pentágono se encargó de difundir especies en ese sentido. En Libia, Khadafi no bombardeó a EEUU pero la maquinaria de propaganda bélica propagó una especie peor: el tipo bombardeó al pueblo, es decir a La Democracia. Y Europa y EEUU, ustedes saben, son los guardianes de la Democracia en el mundo.
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Sucede también que, a causa de nuestro temperamento, producto a su vez de una amplia y galvanizada cultura cinematográfica, desde la juventud tendemos a otorgarle a la violencia, al excesivo dramatismo y a los desafueros varios el carácter de ingredientes vitales para construir una imagen respetable. Mediante un interesante mecanismo sobre el que valdría la pena profundizar, la violencia o la visceralidad son asociadas automáticamente con el concepto “valentía”. Valiente: hombre de pelo en pecho que se cae a coñazos con cualquiera, va siempre adelante, no tiene miedo o cuando lo siente lo disimula muy bien. No solo el cine ha ayudado a consolidar esa figura; el heroísmo nos vino antes por la literatura y la tradición oral, y seguramente sus códigos vienen paralelos a la idea de machismo y virilidad: hay mujeres tan arrechas que parecen machos.
Cuando uno traslada ese síndrome a la interpretación de la Historia comienzan a torcerse también algunos conceptos, percepciones y aspiraciones como pueblo y como país. Así, no es difícil encontrar entre nosotros (llamémonos gente antihegemónica; por ahí nos llamarán “de izquierda”) hermanos militantes que todavía sueñan con el episodio inmortal, glorioso y supremo en el que nos metemos en la montaña con un fusil, bajamos al pueblo de su letargo y conquistamos la ciudad y el palacio de Gobierno, y ya: triunfó la Revolución. No hay que ser muy sagaz para detectar en esa narrativa las claves de un romanticismo más cercano a los superhéroes que a los revolucionarios (el pueblo en su letargo y YO, poderosísimo y valiente, voy y lo rescato para hacer el socialismo). Ni hay que andar muy al día en materia de historia y noticias del momento para saber que ese tipo de luchas y procedimientos pertenecen a otra etapa del avance de la humanidad hacia su emancipación. Que ya el poder no se conquista así (o no necesariamente) y que las tareas para ganar en el ajedrez geopolítico son más de contacto humano y de sudar procesos con nuestra gente, que de fastuosas batallas entre hombres barbudos y gringos trogloditas.
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Otro ámbito. ¿En qué se parecen el Vietnam de hace medio siglo, el Irak de la última década y la Libia que viene? En que el ser humano rebelde ha demostrado que a las grandes potencias se les derrota con guerras no convencionales, mediante la organización del pueblo y no necesariamente con la consolidación de ejércitos convencionales.
No queda más nada que decir entonces sobre los camaradas que todavía sueñan con “tomar el poder” por las armas, cuando ya tenemos un aliado en el poder. Discusión para otras entregas.