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sábado, 4 de julio de 2026

Anotaciones mentales rumbo a otra Venezuela




1) Este país no podrá ser el mismo después del año 2026.

2) No es nueva esa perspectiva ni nuevo ese anhelo: nos la pasamos diciendo que hay que cambiar y transformar al mundo. Se supone, o muchos suponemos, que una Revolución consiste precisamente en desajustarlo, descolocarlo, recomponerlo todo. La guerra nos ha desajustado como República; la naturaleza nos ha descolocado como territorio, otra vez. Toca ahora recomponer (nos). Este es el momento de decidir bajo qué criterios éticos y técnicos se hará esa reconstrucción.

3) Se supone, o algunos suponemos, que la actual situación de calamidad, presión extrema y profundización de toda contradicción es un momento propicio para irse al fondo del proyecto histórico que hemos olvidado, postergado o desviado. No hay que seguir insistiendo en mejorar el capitalismo, hay que abandonarlo o al menos empezar a demolerlo.

4) Es obvio que el enemigo está empujando dramáticamente a la República en sentido contrario: no Revolución, sí capitulación y entrega.

5) Mientras la República (y el Estado, y el Gobierno) se precipitan por ese barranco, los fragmentos de la fracción del pueblo que se sabe continuador de una corriente histórico-social disruptora del capitalismo y de todo colonialismo, tenemos la misión de mantener viva la brasa de la Revolución. ¿Ahora, cuando muchos ven señales de mutis y de retroceso? Sí, justamente ahora.

5a) El chavismo y la Revolución conservan ciertas sustancias adherentes que permiten decir que tiene todavía el control del Estado. Pero el chavismo y la Revolución no son un Estado ni un Gobierno, son una entidad cuya potencia y cuya sustancia reside en el pueblo. Pudieran derrocar al Gobierno, pero no acabar con el impulso revolucionario que está sembrado en el ser venezolano.

6) Estas cosas hay que decirlas precisamente ahora, cuando sobrevive la sensación de que perdimos muchas cosas que habíamos superado, y cuando arrecian los movimientos dirigidos a defenestrar al chavismo, a sacarlo del poder y de las instituciones.

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Paréntesis 1: los jóvenes formados para la revolución en estos 25 años parecen creer que la revolución y el socialismo consisten en lograr que las estructuras capitalistas funcionen bien. He oído a jóvenes pichones de revolucionario asegurar que China es comunista y que Austria y Suecia son modelos de socialismo porque en esos países ganaron partidos de izquierda. Eso es una señal de alerta más grave que el pitico ese de los teléfonos que informó que iba a temblar poco antes de que temblara. Del terremoto de la mediocridad y la ignorancia sí no se salva nadie.

Paréntesis 2: el modelo chino no nos sirve por la misma razón por la que no nos sirven el modelo europeo ni norteamericano: papi, no somos chinos ni europeos ni gringos. Aunque culturalmente estamos moldeados por gringos y europeos, somos estructuralmente y originalmente caribeños, amazónicos, andinos y afro. En esos universos culturales y espirituales debemos abrevar para obtener el nutriente histórico rumbo a la otra Venezuela.

Paréntesis 3: lo esencial del chavismo en proceso de reacomodo o de dislocación sigue vivo en varios territorios o estructuras: en la gente afecta al Gobierno Bolivariano, en los movimientos sociales y revolucionarios pre-chavistas, y en una inmensa masa a la que no le estamos parando bolas: gente que es chavista y no lo sabe o no lo cree. gente que se declara antichavistas e incluso "de derecha", pero cuando escarbas en su forma de vida, en su ética y su conducta, resulta que son expresión de lo más prístino y hermoso del chavismo.

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7) No deberíamos esperar otro coñazo, otra tragedia, otra lección planetaria y tectónica, para entender de una maldita vez que es necesario, preciso, urgente y crucial levantar un modelo de poblado distinto a la ciudad industrial capitalista. Vivir en grandes edificios no nos convierte en un país cosmopolita ni moderno ni desarrollado sino en una caricatura ridícula de las ciudades norteamericanas, nos convierte en seres que se enorgullecen de vivir en cajones de concreto que son una sentencia de muerte.

7a) La destrucción de edificios y ciudades en Venezuela es idéntica a la destrucción de cualquier otra ciudad producto de la arrogancia capitalista. Hace 5 años se cayó por sus cojones un edificio en Miami. El edificio no lo hizo el chavismo y no hubo un terremoto de 7.5 grados que lo desmamagüevara en segundos: el edificio se cayó porque los edificios capitalistas se van a caer todos, más temprano o más tarde. Ni los edificios de la Gran Misión Vivienda ni los que hicieron las constructoras antes de este siglo son socialistas, son capitalistas como todos los edificios del mundo y por eso se cayeron . En ese edificio mayamero hubo 98 muertos. Proporcionalmente, si se hubieran caído mil edificios hubiese habido cerca de 100 mil muertos. Pero no estaba Delcy Rodríguez ahí para culparla de la mortandad; de resto, todo igualito: hemos copiado al pelo la receta de una tragedia al peor estilo capitalista. Imitar al capitalismo nos convierte en seres que preferimos vivir esperando la inevitable desgracia, por asco o por vergüenza a una vida digna, solo porque hace 100 años los gringos nos ordenaron dejar de ser rurales y convertirnos a la fuerza en citadinos, en caricaturas de neoyorkinos.

8) Caracas era hasta hace más o menos un siglo un valle fresco y de entorno amable, de ríos claritos y cantarinos. El capitalismo nos convenció de que lo civilizado y lo de avanzada era secuestrar a millones de personas en ese valle, ponerlos a cagarse masivamente en los ríos cantarinos y claritos en los que antes bebíamos agua, y preferir ser esclavos condenados en un cerro que campesinos apegados a la tierra y al trabajo productivo. La Guaira era o pudo ser un maravilloso territorio de pescadores pero el capitalismo lo convirtió en el barrio más frágil y más incongruente de Caracas.

9) No hay lógica comunera que prospere si nos negamos a abandonar la lógica de la ciudad que los gringos nos ordenaron construir. No hay Misión Vivienda que prospere si no entendemos que el cemento, la cabilla y el asfalto son un boleto directo a la tragedia, y si seguimos teniéndole asco, miedo o penita a la construcción con tierra, madera, bambú.

9a) Problema con el punto 9: cómo coño vas a hacer que florezca una idea de ese calibre si eso no le llena los bolsillos a ningún empresario o político.

 10) Nuestra misión más seria en las semanas, meses y años que vienen debería ser decirles a los niños de Caracas (y de su barrio más grande, La Guaira) que la culpa del trauma espantoso que están viviendo fue nuestro enorme culillo a hacer una Revolución anticapitalista de verdad, y que su formación de ahora en adelante incluirá técnicas constructivas ancestrales, estudio de materiales nobles, siembra de especies alimenticias y medicinales, aprendizaje de la electricidad, la carpintería, la albañilería, la herrería y toda disciplina útil para el trabajo y para la vida. Es bastante probable que, en lugar de eso, nos apliquemos a decirles a los muchachos que toca reconstruir la ciudad tal como estaba, con los mismos materiales y la misma filosofía de la competencia y la basura empresarial, y cuando en unos meses venga el consabido rebaño de arquitectos e ingenieros sifrinos y mamagüevos, probablemente gringos, a hacerse ricos con sus diseños chiquiluquis y gentrificadores, entonces ahora sí se estará labrando nuestra derrota secular más ignominiosa y habrán triunfado los hijos de la grandísima puta maricorinistas y proyanquis, empresarios y profesionales coños de su madre de todos los gremios; habrán triunfado los gurúes del capital, los corruptos de todos los bandos, tendencias y colores, los sucios mercaderes de la espiritualidad convertida en religiones, habrán triunfado los estafadores evangélicos y sus marioneteros sionistas, los católicos y sus marioneteros pedófilos, habrán triunfado los malditos seudorrevolucionarios que nunca renunciaron a sus riquezas, habrán triunfado los hijos de puta fabricantes de canciones y de culturas putrefactas, habrán triunfado todos esos coños de sus respectivas madres de uniforme o bata blanca o cuello blanco, y entonces los güevones y los justos tendremos que ver en quién inculcamos el germen de la rebelión otra vez, a ver si mantenemos viva la llama de la revolución verdadera, que tendrán que hacer las generaciones que vienen porque las actuales siguen o seguimos aferradas a tanta basura capitalista disfrazada de socialismo.


domingo, 12 de julio de 2015

Cómo y dónde destruiremos al país de mierda

El detonante, vamos a llamarlo "inmediato" (porque hay otros remotos) de estas reflexiones, se me atravesó el 5 de julio de este año. Vino envuelto en un mensaje de texto deWalter Lanz. Decía: "Marico, lo logramos. Acabamos de obtener la primera reproducción de cachamas allá en El Frío. Con una hormona alternativa". Como sé que se trata de un mensaje incomprensible para la mayoría, invertiré dos párrafos en explicarlo.

Ese Walter y otros sujetos más, campesinos embarcados en una aventura llamada Escuela Popular de Piscicultura, tienen unos años criando cachamas con alimentos y procedimientos alternativos, naturales y artesanales, limpios, agroecológicos, etcétera. Había un paso por dar para conseguir la soberanía plena en ese asunto: había que romper un eslabón tecnológico, y acá es cuando se medio enreda el relato. Sucede que las cachamas no se reproducen de manera natural en cautiverio porque la hipófisis de las hembras, antes de expulsar sus óvulos para ser fecundados, segregan una hormona sin la cual no hay fertilidad y eso sólo ocurre cuando están en los ríos o lagunas naturales. El punto es que esa hormona ha sido aislada y comercializada por años, y el precio actual en el mercado es de 120 mil bolívares el gramo. No un kilo: UN GRAMO de la hormona cuesta esa cantidad de plata.

Ese es el escenario ideal para que la insolencia tecnocrática y burguesa imperante triunfe e imponga la ley: "Sólo el Estado, la Academia y las corporaciones podemos reproducir peces. Campesinos de mierda: mejor ni lo intenten". Pues en ese mismo escenario han irrumpido de pronto estos locos, que ya antes le cerraron el hocico a los "sabios" haciendo otras cosas que según éstos era imposible, y han logrado el prodigio de la fecundación sin necesidad de la hormona para millonarios.

¿Qué sustancia emplearon estos compañeros en sustitución de la hormona de hipófisis de pescado? Aquí es cuando uno decide entonces copiar la conducta y la actitud con que nos han tratado a los pelabolas los "sabios" de corbata, los que se sienten dueños de un conocimiento que debería ser patrimonio de la humanidad, a lo largo de siglos y siglos de dominación, y les respondemos igual que ellos a nosotros: si me lo mamáis en cruz te lo digo. Ya el Ministerio de Agricultura y Tierras está en contacto con la Escuela Popular de Piscicultura para hablar de esta historia, en la que todos los países (incluido el nuestro) y pueblos han sido sistemáticamente estafados por laboratorios y transnacionales de la producción de alimentos.

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Yo vivo en un país donde ocurre este tipo de prodigios, pero nosotros, los comunicadores al servicio de una Revolución, no lograremos que esta noticia, la más importante del año en el área de la Ciencia y la Tecnología, en Venezuela y tal vez en Latinoamérica, capte la atención de las mayorías (unas mayorías desesperadas porque creen que si no le venden carne ni pollo entonces ya no se puede acceder a la proteína animal). El titular de la noticia dice así: "Campesinos jediondos lograron, con unas poncheras y frascos de mayonesa, una hazaña que los científicos del mundo creen o nos han hecho creer que sólo se logra en laboratorios antisépticos, con guantes de látex y tubos de ensayo". Pero nadie le parará bolas a este notición, a este tubazo, por mucho que nos esforcemos en venderlo como la proeza científica que es. Lo bueno es que, con propaganda o sin ella, la ciencia en manos del pueblo sigue pateando a la ciencia en manos de burgueses.

Yo vivo en el país de José Rondón, hermano del páramo merideño que a pocos meses de cumplir los 100 años sigue haciendo planes para el futuro y enseñando a jóvenes de cualquier edad a hacer casas con cualquier tipo de materiales (madera, botellas, trapos viejos, calcreto, piedra, arcilla). Pero sólo a jóvenes de la mente: abstenerse ancianos güevones de 25 años que creen que al país lo salvarán los empresarios.

Yo vivo en el país del pueblo Añú, una gente casi extinguida como cultura que habita allá arriba, en las islas donde el Lago de Maracaibo taponea al Golfo de Venezuela, y que está decidida a recuperar su idioma después de tres generaciones de renegar de ella; pueblo pesquero que vive de vender camarones y de sobrevivir a un monstruo cementero que le clavaron en plena Isla de Toas.

Yo vivo en el país de las hermanas Alejandra y Mayra, unas indígenas mezcladas de los pueblos jibi y curripaco que hicieron otro experimento formidable y productivo, en unas sabanas presuntamente estériles de Amazonas: hicieron un tanque de peces sobre el cual pusieron una plataforma para criar patos; el alimento y las excretas de los patos alimentan o fertilizan el agua para los peces, y esta agua a su vez sirve para regar un conuco de verduras y frutales que sirve para darles alimentos a los patos y a los peces (y a la gente, por supuesto).

Yo vivo en el mismo país donde vive El Maracucho, un muchacho jodedorcito que estudió hasta hace poco en el IALA (Instituto Agroecológico Latinoamericano Paulo Freire, aquí en Barinas) y a quien, por pura intuición y por sus cojones, le dio por ponerse a fabricar y perfeccionar una bomba de ariete (un artificio que bombea agua a varios metros de altura sin necesidad de energía eléctrica o combustible) pero utilizando botellas plástica de refresco, de esas que uno bota porque cree o lo enseñaron a creer que esas botellas no sirven para nada después que uno se jarta el veneno marca cocacola.

Yo vivo en un país donde la comida es gratis: pase por los llanos en tiempo de ribazón (diciembre a febrero, más o menos) y llévese o cómase allá mismo todo el pescado que quiera, con sólo meterse en esos ríos estremecidos armado de un saco, una red o un tobo, antes que vengan los coñoemadres caveros (bachaqueros con cava) a hacerlo por usted y a venderle en 600 bolos el kilo esos mismos peces que la naturaleza regala.

Yo vivo en un país que me permitió agarrar una casa rural, de esas que hicieron los adecos en nuestros campos, caerle a mandarria, construirle al lado un rancho parecido a mí en muchas cosas (está hecho de objetos desechados pero con historia), renovar las amistades a punta de dialogar con esos montañeses fabulosos y enchinchorrarme allí a observar las aves.

Sí, cómo no, yo vivo en un país de pinga. Pero ese no es El País. Esa gente querida construye, inventa y diseña un país para el futuro, pero si cometo el error de aislarme en ese pedazo del futuro (hecho de tanta historia y cultura pasada) estaré dándole la espalda al otro país, al de la coñaza y la destrucción; ese otro país donde habrá que caerse a plomo y a cabilla para destruir lo que nos dejaron los ricos dueños de Venezuela.

Porque yo también vivo en un país de muchachos que en vez de estar honrando su herencia campesina andan imitando el habla, los vicios y la inercia de unas ciudades en decadencia. En estos días vino un joven andino a querer malandrearme en la entrada de Pueblo Llano para que le diera plata, y el patadón por el culo que le di a ese pobre muchacho le va a doler para sentarse más o menos hasta que tenga 60 años, si es que llega a esa edad.

La frase que me quedó roncando en el cerebro mientras bajaba es fea, egoísta, perversa y coñoemadrita, pero me hizo bajar también de mi fascinación por la paz de mi montaña, y aclarar (aclararme) las cosas: "Yo viví 30 años en barrios caraqueños; no va a venir esta caricatura de malandro a querer marearme con discursos". Con discursos que no nacieron en el páramo sino en la cochina urbe industrial capitalista: ese muchacho no es expresión de su hermoso pueblo sino de la ciudad que los medios le siguen vendiendo como opción a esta juventud indigestada por tanta información sin masticar.

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Mientras está en construcción el país bonito, el de la convivencia, la conciencia y las hechuras duraderas del pueblo, el otro hay que salir a reventarlo en las putas calles de las putas ciudades descompuestas. 

No me queda otra: vivo en un país de gente amable y laboriosa, y también en uno de gente violenta, "viva" y coñoemadre que considera derecho humano a su parasitismo. Las batallas de la construcción me quedan en el llano, en la costa, en la selva y en este piedemonte fenomenal donde gobiernan los pájaros, los ríos y las mapanares, pero las batallas de la destrucción del otro país, el país de mierda, las batallas fundamentales de este tiempo, me quedan en Caracas. Así que en Caracas nos seguiremos viendo, fatal e inevitablemente.

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jueves, 10 de octubre de 2013

Catabres y resistencia cultural

Walterio Lanz en una carretera de Apure
En aquel proyecto de país que el capitalismo industrial nos hizo abortar existía una figura romántica, importantísima, que empezó a ser mal vista cuando estalló la bomba de lo que llamaron “modernidad”: el paso de la sociedad rural a la despiadada urbanización: el intento de convertirnos en urbanos y cosmopolitas: Santos Luzardo asesinando una y otra vez a Doña Bárbara cuando ya antes había liquidado a los indígenas. Esa figura era el catabre o cataure.
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“Catabre”, hablando estrictamente de su significado original, es la totuma, vasija o recipiente donde los campesinos guardan las semillas que sembrarán cuando llegue el momento, pero esa palabra se trasladó por extensión a unos señores que iban por los pueblos repartiendo semillas. Algunas las vendían, otras las intercambiaban por las que no tenían o les pedían en otros pueblos, algunas más las regalaban.
Esos señores cumplían la labor de los pájaros y algunos insectos: propagaban por donde pasaban el germen de lo que después serán especies alimenticias.
Dicen quienes los vieron por esos caminos que se trataba de señores con aspecto de mendigos, barbudos y de vestir descuidado, pero llevaban su tesoro en los bolsillos o en pequeños sacos o mapires; sus catabres para nómadas. La sociedad industrial banalizó esa función y la convirtió en objeto de burla o vergüenza, que es lo mismo que decir que los criminalizó y los condenó a muerte.
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Cuando los burgueses y aristócratas decidieron que para ser “gente decente” había que enrollarse una maldita corbata en el pescuezo la palabra “catabre” empezó a convertirse en insulto. En la Carora de mi juventud oí decir de mucha gente que andaba con la ropa sucia o rota que “parecía un cataure”. Aunque la mayoría no sabía qué significaba eso exactamente, a los muchachos nos daba risa, tal vez porque el nombrecito era feo y así como campuruso (quizá el mismo proceso sociológico y mental que lleva a muchos a tenerle verguita a la palabra y la idea de conuco). Cataure: viejo loco que en vez de ir a comprar caraotas al supermercado trata de enseñarle a la gente que puede sembrar matas en el patio de su casa, que hay cientos de variedades de granos y que son gratis.
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El proceso de destrucción moral de los catabres es el mismo que, con los años y mientras avanza el empeño en alejarnos de la naturaleza/urbanizarnos, ha hecho que odiemos o nos avergüencen nuestra forma de hablar, nuestros olores corporales, nuestro impulso a jugar (¿trabajar?) con tierra, los muchos colores de nuestra piel, nuestras comidas originarias, nuestra música, nuestras costumbres, nuestras formas de procurarnos los alimentos y la vivienda. ¿Para qué sembrar una mata de aguacate si en Central Madeirense venden los aguacates que antes sembraron unos campesinos feos, desconocidos y jediondos? ¿Para qué hacer una casa si para eso quedaron los ignorantes de mierda, esos esclavos albañiles que no estudiaron como estudié YO y por lo tanto merecen el trabajo esclavo que lo humilla (y YO el trabajo intelectual que me enaltece)? ¿Para qué enseñarles a mis hijos a sembrar y construir su casa, si los hijos de los actuales esclavos seguirán el ejemplo de sus padres para que los míos sean profesionales e intelectuales sifrinos, de esos que citan a Marx campaneando un güisqui? ¿Para qué enseñarles a los muchachos urbanos a ordeñar una cabra o una vaca y con ello enseñarles el origen profundamente amoroso y humano de componer tonadas, si para eso están los muchos Simón Díaz que les roban la expresión artística a los miles de artistas genuinos pero anónimos? ¿Para qué andar por la vida oliendo a ser humano si hay tanto desodorante, perfume y colonia en el mercado?
Es la misma razón por la que cierto compañero soñador, audaz y revolucionario recibió tantas burlas, ataques, acusaciones de insania mental y pensamiento retrógrado cuando le propuso al país masificar en las viviendas urbanas los gallineros verticales y los conucos en cada balcón y azotea de casa o edificio. Sospechaba ese llanero humilde que si todas las comunidades producían casa por casa sus alimentos ya más nunca habría escasez de nada; que si en cada barrio hubiera suficientes productores de maíz Lorenzo Mendoza tendría que meterse sus quintales de harina inorgánica por el hueco del culo. Pero no, no seas güevón, Chávez: los señores intelectuales tienen que pensar, los administradores tienen que echar números, los abogados tienen que hacer leyes, los méedicos tienen que estafar a los pacientes/clientes y para ello tienen que andar pulcramente vestidos y olorosos a fragancias caras, no con las uñas sucias de tierra ni hediondos a gallina. Hazme tú el favor. Así que hazme la revolución y garantízame la soberanía alimentaria: que los campesinos sigan sembrando y criando animales que serán asesinados en mataderos, porque lo mío es el barrio, la urbanización y el centro comercial. Siasmaricotú.
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Por ahí cargo un  montón de semillas nativas (al final, algunas fotos con sus leyendas informativas). La mayoría, leguminosas (familias de las caraotas). Ando organizando un par de viveros (Barinas y Yaracuy) para reproducirlas y propagarlas; mientras tanto, se las regalo a quien tenga dónde y cómo sembrarlas y cuidarlas mientras paren. Suena fácil y lo es, pero es una tremenda responsabilidad.
De una larga lista de campesinas y campesinos que recuerdan y añoran el viejo arte de comer y dar de comer sin pagar ni cobrar he aprendido lo poco que sé sobre un asunto crucial: la resistencia cultural basada en el reconocimiento y la propagación de nuestras semillas autóctonas.
Hace unas horas realicé una jugada peligrosa. Convencí a las maestras del Simoncito ubicado en Altamira de Cáceres (Barinas) para que me permitan entregarles un puñado de semillas y poner a los niños a germinarlas, y luego a sembrarlas en un  pedazo de terreno que tienen allí mismo. Es peligrosa la jugada porque de esas semillas, casi extintas o en vías de extinción, no sé cuántas pudieran prosperar o perderse. Dependerá de cuánto convenza a esa gente de lo importante y trascendental de cuidar esas matas hasta que den alimentos y nuevas semillas. Confío en la buena vibra de los niños y en la sensibilidad de las maestras. Habrá que poner énfasis en el punto central: tan importante es la semilla como estimular en los chamos el impulso de conocerlas y sembrarlas cuando crezcan. La semilla física acompañada de la semilla ideológica: esos chamos tendrán que comprender un día que sembrar esas bichas extrañas es peligroso, audaz, contracultural, emocionante, útil, importante: revolucionario. Que en México ya no puedes tener unas semillas en tu casa porque vas preso, y que si nos apendejeamos nos zampan una legislación similar en Venezuela.
Soy un aprendiz de catabre. Sí, me siento orgulloso de serlo.
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La variedad de estas especies comestibles es incalculable; en Venezuela hay centenares de ellas, casi perdidas, perdiéndose en la orilla de las carreteras y los terrenos baldíos, donde crecen y se reproducen como lo que son: como monte. Y como monte son despreciadas o desconocidas: como nos enseñaron que lo que tiene valor es lo que viene empacado y se cobra por kilos, entonces les pasamos por un lado a las muchas caraotas callejeras que se nos ofrecen gratis, camino al supermercado que vende otras menos sabrosas.
Esas bichas callejeras tienen un nombre más o menos genérico: se llaman tapiramas o tapiramos.
Las tapiramas nos alimentaron por cientos o miles de años, hasta que el mercado nos ordenó que comiéramos y consideráramos comestibles sólo a las caraotas negras, blancas y rojas, y no más de seis especies de otros granos comerciales (lentejas, arvejas, frijoles, quinchonchos). La razón: los granos que usted compra en el mercado pueden sembrarse y prosperar a punta de fertilizantes y otros tóxicos, y hacen ricos a unos tipos y unas corporaciones. Su proceso de cosecha es mecanizable porque la mata suele ser pequeña y de tallo alto, y por lo tanto pueden recogerse muchos miles de toneladas en poco tiempo. Las semillas nativas, en cambio:

  1. Son gratis: usted puede sembrarlas en cualquier patio o pedazo de tierra. Propagar esas especies no enriquece ni empobrece a nadie, así que ¿para qué sembrar unas vainas que no tienen valor comercial (precio)? ¿Para comer? ¡JA! ¿Y quién necesita comer algo que nunca escaseará y por lo tanto nunca será negocio?
  2. Su cosecha no es mecanizable, ya que crecen como enredaderas y la recolección tiene que ser necesariamente a mano.
  3. Son limpias: nadie necesita fumigar con agrotóxicos (pesticidas o abonos químicos) unas matas domésticas sembradas sin criterio industrial. TODO lo que usted consigue en cualquier bodega, abasto, supermercado o mercado (popular o de los otros) viene con veneno.

Existe una Red de Truekeros, un Frente Antitransgénico y unas cuantas docenas de catabres que llevan por ahí semillas nativas para regalar o intercambiar. También hay cientos de campesinos que guardan sus mejores semillas para sembrar en la temporada siguiente. ¿Un eslogan para concluir? No compres vegetales comestibles: siémbralos. O uno más inmediato: todos a propagar nuestras semillas nativas u originarias (antes que nos lo prohíban, y después también). Son sabrosas, alimenticias y son gratis.
Post data: o recuperamos, propagamos y masificamos nuestras semillas originarias o Monsanto u otra potencia nos seguirá imponiendo mierdas tóxicas como alimento.


Maíz criollo amarillo, cosechado en El Cogollo (Tinaquillo, Cojedes), en el conuco de Santos y Aníbal (según indicación de Walterio Lanz). Me las han traído a Barinas y prometo sacarles cría. Les enviaré de vueltas hijas y nietas.

1) Emperatriz escarlata, un grano gigante (La Azulita, Mérida); 2) Todi negro o mucuna (La Chigüira, Socopó, Barinas); 3) Paspasa rayada negra (Sanare, Lara); 4) Tartaguita morada (Cumanacoa, Sucre, y replicada en Aroa, Yaracuy).
Dos variedades de paspasa: la "vaquita" (no será difícil adivinar cuales son y por qué se llaman así) y la morada. Se las robé a Gaudy García allá en Monte Carmelo, Sanare, estado Lara.

1) Tapirama negra (San Diego, Carabobo); 2) tapiramos o frijoles jabaos (Sanare, Lara); 3) un grano blanco y negro, espectacular, del que desconozco el nombre o procedencia. Me la traje de Monte Carmelo (Lara); 3) Otro frijol cuyo nombre desconozco; parece un huevito de pavo pero pequeño (0,5 a 1 cmt).
1) Tuca verde (Gaudy García dice que se la trajeron de África); 2) Tapirama blanca (San Diego, Carabobo); 3) Tapirama chancleta (es obvio por qué le dicen así), de Sanare; 4) el célebre y generoso Maíz Cariaco blanco (Cumanacoa, Sucre), que alimentó a parturientas y niños recién nacidos en cantidad, hasta que el mercado nos enyucó con las fórmulas lácteas, la "leche" en polvo y otras mierdas; 5) Tapirusa (otros lo llaman "cabello de ángel" o frijolito bembón blanco), de San Diego (carabobo); 6) frijol o tapiramo bayo (Charallave, Miranda).
Esa mata de tres tallos en ese vasito es una de las bombas de proteínas más poderosas del planeta. Dentro de unos meses será un arbusto, y en un par de años un señor árbol de unos 12 metros de altura. Se llama chachafruto y en siglos pasados poblaba la cordillera andina, desde Venezuela hasta Argentina. Dicen que cuando los genocidas españoles quisieron reducir a los incas se aplicaron al exterminio sistemático de esta planta, pues esa era la principal fuente de alimentos de esa cultura. Hoy mucha gente de montaña la anda recuperando (la planta, una leguminosa gigante, da frutos sólo cuando se le siembra a zonas ubicadas a mil metros o más de altitud).
Esta planta llegó a Barinas así: Malú se trajo de Mérida varias vainas de chachafruto, se comió como tres docenas y guardó una semilla. Esta muchacha, que no es agricultora pero tiene en las manos una magia extraña, agarró ese vasito donde acababa de tomarse un café, le abrió unos huecos por debajo, lo llenó de una tierra mala que encontró por ahí en la calle y metió la pepa. Al día siguiente había que salir de viaje y el vaso se quedó en una mesa cualquiera, sin sol y sin nadie que la regara.
Dos semanas después la magia había funcionado: el chachafruto tiene más de 15 centímetros y va pa arriba. Ahora sí está llevando sol y agua, pero hay que resembrarla en una zona alta; Barinas es llano, aquí no prosperará. Creo que su destino será Altamira de Cáceres.

sábado, 5 de mayo de 2012

Ciudad de despedidas




Eso que aparece en el video no es, como muchos creen y dicen, espantados, la juventud venezolana. Es apenas una parcela de la juventud urbana (perdón: urbanizada). O sea.
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Caracas no es una sola (clic: El Discurso del Oeste), así que eso tampoco es la juventud caraqueña: es apenas el fragmento de una especie de tribu caraqueña o urbana, de clase media o con aspiraciones de serlo. Estoy seguro de que más de uno de esos vergajos es pobre y sus padres se partieron o se parten el lomo para seguir convirtiendo a sus hijos en esa cosa lamentable. O sea.
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El video es un documento formidable, útil, importantísimo. Es la radiografía más importante que he visto de la mentalidad fascista en formación. Nada de lo que diga Chávez o recite cualquier tratado de sociología, filosofía política o siquiatría clínica es capaz de explicar mejor que ese video qué cosas son esas llamadas endorracismo, odio clasista, enemigo de clase, lucha de clases. Si yo tuviera poder de decisión en el Ministerio de Comunicación e Información transmitiría ese documental en cadena nacional. Es importante que los venezolanos lo veamos, analicemos y discutamos. Caracas, ciudad de despedidas es el mejor argumento para explicarle a nuestra gente pobre por qué sería una tragedia social e histórica espantosa que Henrique Capriles Radonski o alguno como él (como los coñitos del video) sea presidente de la República. O sea.
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Esos muchachos que hablan allí son hoy fascistas en formación y mañana serán fascistas formados. Hoy sólo tienen el impulso primario de despreciar como se lo indican sus apetitos y su conciencia burguesa en proceso de germinación; mañana sabrán cómo se llama eso que los mueve, mañana habrán revisado la historia humana, despreciarán a nuestros muertos y se enorgullecerán de quienes los asesinaron. La madurez o entrada a la adultez no borrará sus percepciones sobre lo feo e indigno que es el país en que nacieron sino que las agravará. Hoy y mañana, ellos creen y creerán que son demócratas y que aman la democracia. Ellos creen que saben qué cosa es la democracia. Ellos creen que Chávez es un tirano y que ellos son ejemplo de cómo debe ser una gente decente. El impulso frenético originado en su sueño de confort, de esa forma de confort que sólo es posible aplastando y segregando a los más desvalidos, hace prever fácilmente que esos muchachos dentro de unos años tendrán dinero, tendrán poder y tendrán esclavos y no les importará que se les note. Esa energía con que hoy hacen sus análisis políticos y sociológicos (porque eso es lo que hacen, gústele o no a la cofradía intelectual chavista o izquierdosa) la emplearán mañana en acumular riqueza, en esclavizar pobres (y dirán: "O sea, estoy generando empleos para estos negros, o sea") y en cumplir su sueño: irse de Venezuela o recluirse en un oasis de burguesía protegido de los malandros y los ruidos y los olores.
Una de esas muchachas está unos pasos por delante de sus coetáneos: tiene prestigio. Lo heredó de sus padres, que son artistas reconocidos y adulados por la burguesía. En un sitio web que ha sido clausurado de emergencia, estaba reseñado un micro documental que anunciaba así a las mujeres protagonistas del audiovisual: "Dos de las personas más talentosas de Venezuela". Se refería a Raquel Abend y a su mamá, ambas artistas plásticas y parece que la hija es también poeta. Chama con pedigrí. O sea.
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Esa Venezuela, esa visión del mundo, esa parcela infecta, desaparecerá. Está en vías de extinción. No significa esto que su poder esté disminuyendo o que un día de pronto amaneceremos sin esta clase de enfermos; tampoco significa que un día de estos los vamos a acabar a metralla. Significa que los saltos históricos estructurales y de conciencia que se han dado en Venezuela están favoreciendo la proliferación de otro tipo de gente. De gente a la que no le molesta la gente. De gente que sabe que, en efecto, Caracas está vuelta mierda, pero que sabe por qué; gente que seguramente tiene un íntimo anhelo de largarse pero no para afuera, sino para los adentros, en busca del país que nos arrebataron.
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Una vieja (y mala) película sobre una invasión de arañas en un pueblo gringo fue promocionada con un lema o eslogan interesantísimo: Tú odias a las arañas. Ellas también te odian. Camaradas, por favor crean esto, procésenlo, entiéndanlo: así como uno se indigna o ríe a carcajadas, o ambas cosas a la vez, cuando ve documentales como ese de los carajitos sifrinos, de la misma manera ellos se ríen y se espantan cuando ven nuestros videos de raperos, buhoneros, mujeres pobres destruidas por el sistema. Eso mismo que usted siente al verlos a ellos lo sienten ellos al vernos a nosotros. Siempre fue así, sólo que ahora lo estamos reconociendo y discutiendo públicamente. O sea.
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De eso, justamente de eso estamos hablando cuando decimos que en esta Venezuela dislocada, gobernada y saqueada desde siempre por los ancestros de esos muchachos del coñísimo, hay una revolución que debe profundizarse. Porque está tibia o en etapa germinal. Porque, aunque tenemos a uno de los nuestros en Miraflores, todavía pulula el sifrino que jode en cargos altos y medios, en instancias de decisión, y esa es la razón por la que de vez en cuando se dan procesos y episodios que nos parecen incongruentes y decepcionantes; contradictorios y dolorosos. En la estructura del Estado no ocurrirá nunca un Gobierno del pueblo y para el pueblo. Hoy hay mucho pueblo en la burocracia estatal, pero los sifrinos están al mando. Algunos de esos funcionarios sifrinos han decidido violentarse y ponerse a trabajar para el pueblo; eso es algo pero nunca pasará de ahí. El Estado burgués siempre será conducido por burgueses o aspirantes a burgueses. Así que los esfuerzos deben centrarse en la construcción de una democracia callejera, asamblearia, y ese es un dato chavista que algunos entienden y otros no: el dato del Estado comunal, los miles de gobiernos locales sustituyendo al Estado Nacional, lentamente, paulatinamente, en un proceso de multitudes y generaciones que hará inviable la existencia de seres como los del video.

O sssseeaaaa...

sábado, 5 de noviembre de 2011

La fase terminal

Decíamos: dentro del capitalismo ya no puede hablarse más en términos de desarrollo, mejoramiento, avance positivo, humanización o progreso. Sólo podrá hablarse en esos términos cuando este sistema de relaciones degenerado y lamentable sea sustituido por otro. En las circunstancias actuales, lo que es bueno para el capitalismo (“bueno”: término muy relativo para un cuerpo en descomposición) no lo es para la humanidad. Lo que alegra y da esperanzas de sobrevivencia a las hegemonías dueñas del poder y los recursos del planeta es una tragedia para los pueblos oprimidos, esto es, para las mayorías. Así, cuando decimos “desarrollo”, “progreso”, “mejoramiento” nos estamos refiriendo a lo que existe, y lo que existe es un sistema en proceso de derrumbe. Igual, cuando hablamos de “corrupción” nos estamos refiriendo a ese mismo cuerpo en decadencia.
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Por lo anterior, contentarnos cuando Venezuela muestra signos de avance, recuperación o progreso medido en cifras macroeconómicas, nos traslada a una dolorosa paradoja: si cedemos al espejismo de que “vamos bien” dentro del capitalismo pudieran algunos creer que vale la pena seguir dentro de este sistema. Dentro de este organismo descompuesto. ¿Para qué buscar alternativas si dentro del cataclismo general podemos salvarnos?
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Se hunde el barco, pero yo feliz porque podré bandearme un rato más mientras los demás se ahogan. Honestamente: ¿le suena ética esa postura? ¿Acomodarse en el bando de los que morirán más lentamente mientras ven morir a los demás sin remedio?
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El capitalismo “popular” que propone una precandidata prohegemónica insinúa que es posible oler a perfume dentro de una atmósfera general que huele a cloaca. Que usted puede zambullirse en el río Guaire y sentirse feliz en medio de la purulencia. Que usted puede chapalear en la morgue y sentirse como en casa, inmune al caos y la desolación. Decirnos a los pobres que es posible encontrar afecto, solidaridad y posibilidad de salvación en medio del sistema que nos empobreció por siglos equivale a decirle a la víctima de violación que hay algo bueno dentro del violador, algo que no hemos explorado. Y que ella, que jamás ha sabido ni sabrá qué significa ser víctima, va a enseñarle a usted el camino de la felicidad en medio de la humillación más rotunda.

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Vote por María Corina: ella le explicará las ventajas y la enorme belleza de ser esclavo, oprimido, sirviente de empresarios. Ella le demostrará que un enfermo en fase terminal puede otorgarle (a usted, que quiere salvarse) un rato de felicidad. Mientras ella y los suyos, tan sacrificados, “trabajarán” para usted desde su comodidad y su conocimiento de las artes del sobrevivir en la cúspide del capitalismo moribundo.

Frente al hundimiento

En un barco que se está hundiendo usted tiene varias opciones y no sólo las dos que a uno le vienen primero a la mente. Usted puede: a) contratar otro barco para su salvación y la de su familia; b) resignarse y hundirse y morir al lado de los demás; c) recurrir a su imbecilidad intrínseca y creer que poniéndole paños y teipes al agujero que tiene el barco en el fondo puede llegar a salvarlo, y salvarse todo el mundo dentro de él; d) ponerse al lado del capitán (que, por cierto, hace rotundos esfuerzos por hundir más la nave y trata de convencer a los pasajeros de que van a salvarse si confían en él) con la esperanza de que él salve, no a todo el mundo sino a usted y a su gente querida; e) asumir con total gallardía que la maldita nave ya se está hundiendo, que en consecuencia un gentío muere y seguirá muriendo en esa tragedia y que por lo tanto hay que proceder a construir otro barco adonde llegará y vivirá otra gente, no necesariamente toda la que está en el barco actual. Y si la vida no nos alcanza para construir o empezar a construir ese otro barco, entonces al menos habrá que comenzar a soñarlo. Porque ese sueño puede que no lo salve a usted individualmente, pero es probable que salve a la raza humana.

Dentro del capitalismo sólo puede hablarse o pensarse en términos de sobrevivencia. Dentro de un sistema que está muriendo nadie puede pensar la vida en clave de mejoramiento personal o del “nivel o calidad de vida”, sin incurrir en el pequeño crimen cotidiano del individualismo y la entrada en competencia con el que no tiene oportunidades. Aunque pudiera ser también que alguien, en un acto experimental de construcción de micromundos, pueda legar un ejemplo, una clave, un manual de instrucciones para su uso en el momento en que toque construir. El tiempo actual es de destrucción; cualquiera que ande construyendo ese tipo de manuales prácticos, al margen de la pelea cotidiana, pudiera estar evadiéndose o dejando un ejemplo. La historia los absolverá o los juzgará.

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Ponerse hoy del lado de los amos del mundo, con la esperanza de que nos traten bien y no nos castiguen con la dureza del que no quiere salvar a los tripulantes sino al barco, es cobarde, repugnante, sucio y además inútil. Porque el capitán del barco morirá también con nosotros: “El mundo ya no se acaba solamente pa’l pendejo”, reza una reveladora canción de Gino González.

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Soñar la otra sociedad es un acto importante y necesario y además urgente. Hay un debate en curso acerca de si es procedente comenzar a construir un barco nuevo sin que el otro se haya hundido por completo. Venezuela es un peculiar caso de permanencia del capitalismo en medio de esfuerzos e intenciones por construir su barco antagónico. No tengo una bola de cristal para saber si este experimento será perdurable o efímero, pero este es el espacio de los que al menos están discutiendo la otra sociedad. Así que en este barco he de hundirme y con estos soñadores dejaré un legado.

Las guerras del pueblo

De Maquiavelo para acá, la humanidad se acostumbró a una percepción coreográfica de lo que es la política. Política: El arte de conquistar el poder o conservarlo. Quítate tú pa’ ponerme yo; yo ataco, tú te defiendes, y viceversa. La guerra por otros medios, etcétera. No es malo creer en máximas o sentencias de este tipo. Lo ingenuo es pretender simplificar los simbolismos hasta el punto de convertirlos en verdades inalterables. Quizá acostumbrados a la asociación de las ideas de “guerra” y “toma del poder” con su simulacro intelectual más notable (el ajedrez), los analistas internacionales suelen caer en el infantil error de creer que, cuando muere un líder (o es desmovilizado, neutralizado, puesto fuera de circulación o simplemente defenestrado) entonces ya quien lo derrocó ganó la guerra. Jaque mate, el rey no puede moverse y se acabó el juego, sin importar qué puede hacer el resto de las piezas: Yo le mato al jefe y usted está muerto.

Una variante de esa visión es la que le otorga a la territorialidad carácter concluyente. “Tomar el cielo por asalto” es una expresión que resume ese anhelo que en la vida real es la toma de un palacio de Gobierno, cuartel general o búnker: “Vamos todos a Miraflores” y después Carmona Estanga es el presidente, así despache desde el hotel Four Seasons. Ocurrió en Irak, ocurre en Panamá (con una intensidad bajísima que desanima, pero ocurre) y ocurrirá en todos los países donde la actual hegemonía económica y militar se imponga e instale por la fuerza: Usted puede liquidar a un ejército regular, usted puede masacrar a miles o millones de personas, pero para liquidar a un pueblo hace falta mucho más que la liquidación física de un líder. Liquidar a un sistema tampoco es tan fácil como maniobrar en un tablero y llevarse en los cachos al mánager; no porque Chávez esté al frente del Poder Ejecutivo se acabó el capitalismo en Venezuela. Y no porque hayan matado a Khadafi Europa y EE UU gobernarán con tranquilidad la Libia devastada. Lo que sigue no es un aspaviento para repetir el cansino eslogan según el cual “si invaden la patria de Bolívar los volveremos ñoña”. No se trata de eso. Es sólo un intento por poner un ejemplo de lo que ha ocurrido en la historia de Venezuela en ausencia de la figura de autoridad (representativa o no de los anhelos del pueblo). Como cualquier pueblo del mundo, el pueblo venezolano siempre se subleva, se sale de cauce, se suelta a la anarquía y a la destrucción, cuando sus conductores legítimos o impuestos cesan en funciones, mueren o pierden el control del orden convencional de la sociedad: Cuando ya no obtienen reconocimiento ni por el afecto del pueblo ni a través del miedo. Sucedió el 5 de julio de 1811 (sacudón contra blancos criollos y españoles de espanto cuando se declaró la independencia); sucedió el 5 de diciembre de 1814 a la muerte de Boves; sucedió en 1830 a la muerte de Bolívar; sucedió en 1936, en 1958; sucedió el 27 de febrero cuando la figura del presidente y del régimen quedaron disueltas a los ojos de la gente; sucedió el 12 de abril de 2002.
Insisto en que esto no es una advertencia ni un alarde de nada. Es simplemente la observación simple: cuando termina la guerra regular y cae la figura de poder suele comenzar la Guerra del Pueblo. Y esa es la que no termina en el tablero convencional. Esa es la que dura y se prolonga. Y en esto estamos desde que hay explotadores y explotados en la tierra.



Los datos de la rebelión

Ejercicio retórico difícil, ese de tratar de asumirse rebelde, desobediente y libertario y al mismo tiempo profesar simpatías o adhesión a un proyecto de gobierno. Por definición, alguien que cree en la emancipación del ser humano debería estar contra todo Gobierno o poder establecido. Pero en momentos de dramático cambio de paradigmas se producen sobresaltos y anomalías en la historia, y en ese escenario el dato importante del proceso venezolano actual viene a ser que nuestro mayor acto de rebeldía como pueblo, en más de un siglo de historia reciente, ha sido mantener en el Poder Ejecutivo a alguien que le ha abierto las compuertas a nuestras fuerzas constructoras (y a muchas de las fuerzas destructoras).

No es que de pronto nuestra vocación colectiva sea el apoyo a un gobierno o al poder: es que nuestra forma de desafiar al poder, ese mismo que está en proceso de decadencia y autodestrucción en el planeta, es el mantener al frente de un proyecto a alguien que encarna el antipoder. Mirando ahora la otra acera, ya resulta fácil detectar el punto de fractura existente en el discurso estándar del antichavismo que se dice democrático pero no puede dejar de aportar datos sobre su vocación tiránica y opresora. Relumbra por allá discurso que endiosa al gerente, al profesional y demás figuras elitescas, en desmedro de un pueblo pobre a quien se le exige que estudie pero se le niega el derecho a pisar el mismo felpudo que los hijos de los privilegiados. Señal a recordar: los universitarios marchando y protestando para evitar que los obreros y trabajadores de las universidades participaran en los procesos de elección de autoridades y otros; y la declaración infame retransmitida docenas de veces por Venezolana de Televisión: la niña bien reflexionando que “Darle voto a los obreros de la UCV es como darle a la cachifa el derecho de decidir qué hacer en mi casa”.

El antichavismo, y dentro de ese mazacote todas las variables del desprecio al ser humano simple y sin obsesiones artificiales con el lujo y la ostentación de saberes burgueses, cree que desprecia al chavismo porque éste es antidemocrático. Efectos terribles de no saber qué es la democracia y cuál es su sujeto. Cuando se enteren de que los pueblos en rebelión son capaces de grandes destrucciones pero también de ejemplos de humanidad, entonces comprenderán que en Venezuela se está viviendo el momento democrático más esplendoroso, en medio de una rebelión planetaria que en otras partes es sangrienta, pero que aquí es lenta e indulgente (por ahora).

Lo comprenderán, sí; pero sólo lo harán cuando ya sea demasiado tarde.