Mostrando entradas con la etiqueta 27 de febrero de 1989. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 27 de febrero de 1989. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de febrero de 2013

Que se aparten los especialistas. El pueblo debe contar su historia


El 18 de febrero se cumplieron 30 años del “Viernes Negro”. Ahora, 24 años del Sacudón (mal llamado Caracazo, ya que todo comenzó en Guarenas y no en Caracas). El año 1983 es un antecedente importante de 1989. El primero fue el año de quiebre entre la Venezuela de la abundancia (para las clases privilegiadas) y la Venezuela del aterrizaje en la cochina realidad; el segundo, es el año de quiebre entre la Venezuela expoliada y la Venezuela en rebelión. 1989 no se comprende sin escudriñar 1983.
Para unos cuantos venezolanos esos episodios (Viernes Negro y Sacudón-27 de febrero) constituyen referencias claras, porque muchos los vivimos y tuvimos conciencia política del momento. Sabíamos lo que sucedía o teníamos al menos una vaga noción de ello. Pero hay una generación escasamente informada (o totalmente desinformada) al respecto. Voy a dividir los datos, extraídos de una búsqueda simple en la página del Instituto Nacional de Estadísticas:

  • Los venezolanos que hoy tienen entre 20 y 39 años (11.740.178 del total de 28 millones que somos) no habían nacido, acababan de nacer o eran muy jóvenes para entender desde su ocurrencia el alcance, la importancia y el dramatismo de aquellos hechos.
  • Más de 9 millones tienen 14 años o menos.
  • Es decir: existen más de 20 millones de venezolanos para quienes eso del Sacudón o Caracazo, eso del Viernes Negro y eso de los crímenes y genocidios del Estado adeco, son historia antigua que es mejor borrar de la memoria o tal vez fantasías de comunistas. Fantasías que tal vez Globovisión ayude a explicar “mejor”, o a manipular y retorcer a su antojo.
  • Un venezolano que hoy tiene 35 años, tenía 5 años en 1983 y 11 años en 1989. Es probable que recuerde los eventos del 89, pero puede decirse que no VIVIÓ lo que significó aquella rebelión ahogada en sangre. Un muchacho de 11 años está pendiente de resolver o vivir cosas muy importantes para un ser humano (la escuela, los síntomas de la preadolescencia; poco más que eso) pero no está pendiente del país, la política o la historia en desarrollo. A quienes eran así de jóvenes se les está tratando de ocultar hoy quiénes fueron los culpables de aquellas desgracias. Ahora, muchos de los responsables de esas desgracias o sus herederos políticos quieren regresar al control del Estado.

Me empecé a dar cuenta de lo dramático de esta situación hace poco, escuchando a ese monumento a la estupidez llamado Carla Angola: la tipa le decía a uno de esos imbéciles “dirigentes estudiantiles” de la derecha que el empeño chavista en recordar los atentados a la verdad por parte de los periodistas en 2002-2003; ese recordar del golpe de Estado y ese constante rememorar el sabotaje petrolero, son “un fastidio”. Y es fácil creer que sus interlocutores lo aceptan: esos muchachos que hoy tienen 18 tenían 8 ó 9 en 2002-2003 y tal vez les importa poco lo que pasó en aquellos años (ya sus padres se lo contaron como les dio la gana).
***
De allí la importancia de volver siempre sobre la Historia. O mejor: de renovar y refrescar la relación del ciudadano con su Historia. En las escuelas debería haber una materia o cátedra llamada Historia del Pueblo de Venezuela: todos sabemos o creemos saber qué hicieron los “grandes hombres”, pero casi nunca sabemos del valor del anciano que vive a nuestro lado. De ese anciano que se llevará sus recuerdos a la tumba. Pero (este pero quisiera que se viera enorme, desafiante por concluyente):

PERO YA ESTÁ BUENO DE "ANALISTAS"
Y "ESPECIALISTAS"

En un tiempo que queremos galvanizar en la memoria colectiva como el del protagonismo del pueblo va siendo hora de que la gente le cuente a la gente su vivencia. ¿Gente? Cierto: hay que especificar y aclarar: es una perversión que sólo quienes chapean con títulos de historiador, sociólogo, sicólogo y demás ólogos hayan sido ungidos como los autorizados para explicar qué sucedió o sucede en el país. La tarea de contarnos no debe ser tarea de ilustres académicos hablabonito que el día del peo estaban guardados en sus quintas de El Cafetal o en sus apartacos de Bello Monte. Cosa triste: uno pudiera creer que los antichavistas son los únicos en segregar y despreciar el decir del pueblo humilde y sin formación académica, pero resulta que entre nosotros, dentro del chavismo, también hemos conformado la respectiva corte de declaradores de clase media que pretenden ser especialistas en riquimbili sin haber visto nunca una riquimbili.
***
Paréntesis. Hace unas semanas, un gringo mamagüevo nombrado Jon Lee Anderson (un intelectual muy adulado entre la sifrinería académica escuálida y chavista por igual; al final en esos gremios de tragalibros todos terminan cayéndose a besos) escribió un mamotreto titulado "El Poder y la Torre" (http://prodavinci.com/2013/01/28/ciudad/el-poder-y-la-torre-por-jon-lee-anderson/), un intento tan eficiente como puerco, muy bien escrito y muy hijo de la gran puta, destinado a convencer a la gente de algunas vainitas de este color:

  • Que la Venezuela de 1983 era modelo de desarrollo y democracia, porque entonces se inauguraron el metro y el Teatro Teresa Carreño;
  • Que la Torre Confinanzas (ahora la llaman "Torre de David"), ubicada frente al elevado de la avenida Andrés Bello de Caracas, es una maqueta fiel y exacta de Venezuela, porque tanto en la torre como en el país gobernamos los malandros, los criminales y los feos. No ellos, los lindos niños que estudiaron en Oxford. Pues resulta que NAOU, men: en Venezuela gobierna el lumpen.
  • Que el escritor y periodista Jon Lee Anderson sabe más que cualquier habitante de San Agustín (barrio del que dice esto: "...puede verse la basura rodando entre pendientes fangosas, un laberinto de ranchos y callejones mugrientos. Me dijeron que no me bajase en la cima, para evitar el riesgo de ser asaltado") que Venezuela está hecha mierda, y por lo tanto los habitantes de San Agustín son unos subnormales. Si Jon Lee viviera en San Agustín votaría contra Chávez, y en cambio esos negros del coño votan por el tipo que no les ha ido a recoger la basura de sus "callejones mugrientos". Ah, pero ve tú: Jon Lee no se baja en San AGustín porque saldría violado.
Las reacciones a este artículo fueron casi inexistentes del lado del chavismo. Pero del lado del antichavismo los comentarios fueron más o menos en esta tónica: "Qué terrible realidad y qué valiente Jon Lee. Gracias Jon Lee, por mostrarnos este país corrompido".
Pero de bolas que se entiende: el antichavismo sifrino (tal vez no el pueblo pobre antichavista, que es otra cosa) es un conglomerado de mamagüevos que no conocen al país y por eso lo desprecian, y basta que venga un gringo pajúo a retratarles el país dantesco que ellos quieren creer que existe, para que crean que eso que narra el Lee es la verdad. Incapacitados por el miedo a conocer a Venezuela  (¿o no fue un sifrino el que le recomendó no ir para San Agustín?) y a hablar con la gente a ver por qué sale en masa a darle amor a Chávez, prefieren comprarle su maldito reportaje al Jon Lee.
Repito: que así se porten los escuálidos es entendible. Pero ¿no estaremos haciendo nosotros lo mismo, al poner a Román Chalbaud a contar una versión de un Caracazo que él seguramente "vivió" debajo de la cama de algún hotel en Aruba?
***
Los muchachos deben enterarse, por boca de los menos jóvenes que protagonizaron o al menos presenciaron en vivo la magnitud del vuelco histórico, de cuáles eran los signos perceptibles en la sociedad. Bueno, sí va, arréchense si quieren: el señor Gustavo Menoni, habitante de La Cañada, sabe lo que es un asesinato múltiple a manos de la policía, porque él lo vio en el estacionamienbto del bloque donde vivía en el 23 de Enero; el señor Luis Britto García no sabe un coño de eso, pero es Britto y no Menoni quien sale cada 5 minutos a hablar vergas por televisión.
Aporte personal: hace ya un rato me he estado negando a aparecer en televisión o a participar en foros. No porque no haya vivido de cerca o desde adentro algunos eventos graves, sino porque ya dije al respecto lo que tenía que decir y es una recontrasoberanísima estupidez que siempre inviten a la misma docena de "especialistas" a decir las mismas vergas cada año, cuando si de algo debe estar orgulloso este pueblo es de la cantidad de gente que habla sabroso en esos barrios y campos, pero que nunca serán llamados especialistas.

Artículo referencial:

Otro:


***
Ya antes hablábamos de los recuerdos que revelan cierta perversidad relacionada con la fecha 23 de Enero. Fecha que nos han vendido como “de júbilo”. Se nos ha dicho que el 23 el pueblo salió a celebrar “jubiloso” en las calles la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. Nosotros no recordamos lo que realmente sucedió, así que lo aceptamos porque nos lo dijeron.
Pero casi nunca se nos recuerda, por ejemplo, que el día 23 de Enero los adecos y copeyanos estimularon a las masas enfurecidas para que linchara a los funcionarios del régimen que caía. Muchos policías y empleados públicos fueron degollados y despedazados en las calles, bajo la acusación de ser “esbirros”. Esos mismos que aprovecharon la rabia del pueblo para ejecutar su venganza de clase política de manera sangrienta fueron desalojados del poder hace 14 años y nadie les ha tocado un cabello. Cierto es que parte del castigo vino solo, a base de olvido: nadie recuerda que personajes tan repulsivos como el Consalvi, el Ciliberto y el Morales Bello fueron presos políticos, que fueron torturados en los 50. De nada les valió que quisieran usar ese pasado para tratar de obtener aunque sea una sonrisa, un aplauso o unas migajas de respeto. La historia los desalojó para siempre de los afectos del pueblo, y vaya que ha sido barato el castigo, en comparación con el daño espantoso que le ocasionaron a la sociedad a su paso por el control del Estado.
***
Para cerrar, y para que quede claro. Ya está bueno de que los mismos opinadores y "analistas" hablemos en los foros y programas de TV sobre estos acontecimientos. No sólo porque uno al final no es especialista en nada, sino porque:

1) Ya los opinadores habituales contamos y dijimos lo que teníamos que decir y contar.
2) Hay que buscar a otras vocerías, al pueblo profundo que siempre ha sido silenciado, para que sean sus echadores de cuentos los que narren lo narrable.
3) Debemos borrar de una vez por todas el precedente del sujeto de verbo entrenado para los auditorios, que a causa de la excelencia de su lengüeteo pareciera ser el dueño de la verdad.

No me inviten para esas vergas, pero si quieren que les colabore puedo darles contactos de gente de los barrios y pueblos que nunca ha hablado en TV, y que de pronto puede soltar algún por ahora monumental. Los hay en todas partes. Sólo hay que buscarlos y caerles.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Salsa y control: quinceañero del Veintitrés en Buenos Aires

Mañana (sábado 26) presentan en Buenos Aires, Argentina, una edición marginal de Salsa y Control, el libro de cuentos gracias al cual la gente empezó a decir y a creer que soy escritor.
Esta es la tripa de esa edición:
Y este es el blog en el cual los chamos de la editorial dicen lo que piensan del librito y del autor:
Y acá abajo está lo que me ha provocado expresar a propósito de ese acontecimiento, aparte de la contentura y el agradecimiento enorme que siento por el gesto de los compas Eduardo Febres, Giordana García Sojo y todos los que participaron en la conspiración.

_______________

Unos chamos venezolanos acaban de reeditar en Argentina el libro de cuentos Salsa y control, aquella obra que escribí cuando todavía era un muchacho y se me notaba. Esencialmente sigo siendo aquel muchacho pero ahora me desplazo en un cuerpo de 46 años, así que la muchachez sólo se me nota cuando hablo, cuando cometo irresponsabilidades y cuando me enamoro.
Sobre el libro y las circunstancias en que fue escrito y publicado creo que ya dije bastante en esta entrevista:

http://www.platanoverde.com/pulpa_detalle.php?id=71 .

Agregaré que en estos días están cumpliéndose 15 años desde que apareció la primera edición, más o menos 20 desde que entregué el manuscrito en la editorial, y unos 25 desde la vez que agarré un bolígrafo en mi cuarto, allá en el bloque 20-21 de La Cañada, y empecé a garrapatear algo que decía: "Antes de comenzar el tráfago de andamiajes y cornetas en la cancha...". Tráfago. Maldita sea. Qué pretencioso y cabeza e machete era yo en ese tiempo, cuánto daño me hizo leer a García Márquez. Pido perdón a mis muertos por haber usado ese tipo de expresiones en mi juventud.
Por cierto que ese cuento iba a titularse Guerra en La Silsa, y se suponía que allí iba a reeditarse el duelo de tumbadoras entre Mongo Santamaría y Ray Barretto mientras en otro lugar, dentro del bloque, se desarrollaba otro duelo donde mataban a Primito. Pero no, la vaina se me fue por otro rumbo y terminé contando el chisme del personaje a quien la chama de sus sueños se le entregó en unas escaleras y al hombre no se le paró el machete. A cualquiera le pasa, y también por eso le pido perdón a mis muertos.
***
Esa que acaba de salir es una edición artesanal o al menos hecha con criterios artesanales, es decir, con las uñas. Me consta porque los compas que han hecho posible esa travesura andan en una mamazón todo el tiempo, y yo sé que al publicar ese libro no andan buscando ganarse unos reales sino más bien quedar igual de mamando y además endeudados.
Mencioné la muy burguesa palabra "travesura". Lo es: según las leyes y la convención y tal los derechos de publicación de Salsa y Control los tiene Monte Ávila Editores Latinoamericana, así que, si nos apegamos a las leyes y normas vigentes, esos carajos están incurriendo en un delito. Si algún abogado trasnochado de la editorial del Estado decide un día de estos ponerse a trabajar o a justificar su sueldo pudiera meterles un susto, porque todavía en este tiempo la gente cree natural, lógico y defendible el hecho de que un producto cultural (en este caso un libro) tenga dueño.
Sobre las artes pesa todavía, y parece que pesará aun por varias generaciones, el criterio de propiedad: mucho tiempo y mucha sangre ha de costarnos entender y aceptar que la cultura no puede ser una mercancía, que nadie debería pagar por leer un libro, escuchar música, disfrutar de una obra audiovisual. Pero si se da la coñaza y vienen y los demandan pues jugaremos con las armas del enemigo y entonces vendré yo, más burgués que nadie, a decir en el tribunal que la editorial no es la dueña de ese libro sino yo mesmo, compadre: yo escribí la verga esa y soy su propietario, y me dio la gana de regalarles el libro a los chamos de La Barbarie Buhonera junto con el derecho a quedar endeudados por publicarlo.
***
Sobre el libro, aparte de otras cosas tantas veces dichas, quisiera agregar algo que seguramente ya dije antes pero no tan seguido. Me parece un libro aparatoso y con más pretenciones que logros, pero del cual me resulta muy difícil renegar porque ya mucha gente se refiere a él con cariño y agradecimiento, y yo no soy quién para venir a exponer razones para odiarlo. Por supuesto que hoy lo escribiría distinto, con otro lenguaje, con otro ritmo, con más "relax"; sería un libro conversado más que escrito.
Además (y esto es fundamental) como ese es el libro de mi juventud, y en la juventud uno está formándose y descubriéndose al mismo tiempo que descubre al mundo, Salsa y Control viene a ser el testimonio del muchacho desubicado, torpe y libre de obligaciones o convicciones políticas que yo era en los años 80. Paréntesis: no me parece en lo absoluto casual el que yo haya llegado a Caracas a los 15 años y que hoy ese libro quinceañero esté llegando a Buenos Aires: nuestras obras imitan a veces nuestros pasos viajeros.
Los primeros cuentos que escribí allí pertenecen a la visión del mundo de un coñito a quien le interesaba más la playa que el activismo político. De pronto sucedió el 27 de febrero y me agarró en la avenida Sucre, no pude entrar a La Cañada; de pronto la masacre, los muertos y el tiroteo más espantoso de mi vida, en el que no hice sino huir mientras otros chamos de mi edad se fajaban a tiros con los cuerpos represivos; de pronto la anarquía del 28 y yo me apliqué al disfrute irresponsable del saqueo mientras otros chamos de mi edad intentaban organizar a la gente para que lo hiciera todo con orden antes que llegaran los pacos; de pronto el metralleteo serio con fusiles y cañones punto cincuenta, yo tirado en el piso del apartamento mientras otros chamos de mi edad caían asesinados por racimos; de pronto el regreso a la universidad luego de los días de suspensión de las clases, yo desconectado de los acontecimientos macro mientras otros chamos de mi edad daban las noticias de que habían muerto unos compas con quienes nunca compartí, una Yulimar que lleva el nombre de mi hija, unos conocidos Yanco y Roland a quienes tortuaron y volvieron mierda en la DIM. Los primeros cuentos del libro fueron escritos antes del apocalipsis de febrero de 1989, y los otros después. Unos cuentos de Salsa y Control los escribió un muchacho y el resto los escribió otro distinto.
Ciertos cuentos de Salsa y control ya no podían ser entonces los mismos que otros, como no fue la misma mi vida desenfadada: ese año crucial me volvió político y politizado pero conservé la fobia a los jefes y subalternos, a las jerarquías y a la disciplina. Resultado: un carajo transgresor pero (o tal vez por ello mismo) incapaz para la vida en militancia y para la construcción de colectivos.
Ese año la historia de mi país le estalló en la cara a aquel carajito playero (el país estaba cambiando con él, o al mismo tiempo), oprimido pero sin criterio de clase y sin noción de lo que eran las luchas populares, y lo sedujo con un beso que sabe a humo, a sangre, a cera, a cosa que arde, a lágrima, a beso, a mujer prohibida, a Sóngoroconsongo, a muerte, a flores secas, a mierda, a perfume, a ropa de mujer que tiembla, a trabajo en cauchera; a hombre maldito, a hombre sentenciado, a amenaza, a gobierno que tambalea, a piedra, cuero y bongó...