lunes, 8 de abril de 2013

“La bendita votadera” y la democracia venezolana


La construcción de democracia no es un asunto matemático sino un asunto político. Ah pero a los burgueses les gustó eso de ir a votar para ver quién se queda con el poder. Bueno, pues entonces mamen. ¿Ustedes querían elecciones? Aquí están las elecciones venezolanas. ¿Que en Venezuela se vote casi todos los años significa que en Venezuela hay mucha democracia? Pregunta choreta con respuesta que parece choreta: por primera vez en nuestra historia en Venezuela SÍ hay una democracia en construcción. Pero no porque haya elecciones, sino por una cantidad de cosas que suceden al margen de las elecciones.
***
Probablemente el artículo más (fácilmente) citado de la Constitución venezolana del año 1961 haya sido el que se refería a la soberanía. Decía el artículo 4 de ese papel ya derogado: “La soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce, mediante el sufragio, por los órganos del Poder Público”. La gente en la calle solía recitar ese artículo incompleto, así: “La soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce mediante el voto”. La cosa se digería de esta manera: si yo voto, yo mando. O de esta otra: votar es la forma que tiene el pueblo de mandar. Por eso al presidente se le llamaba y todavía se le llama “mandatario”: ese sujeto no está ahí para pisotear al pueblo sino para obedecer lo que éste le manda a hacer cuando vota.
Bien bonitos sonaban esos conceptos, hasta que vinieron los dos primeros presidentes del puntofijismo (Betancourt y Leoni) a demostrar que usted podrá haber votado mucho, pero si pretendía venir a indicarle al presidente lo que estaba haciendo mal le salía era persecución, tortura, desaparición o despedazamiento en la cárcel. Rolitranco de alcabala al concepto: si usted quería calificar como soberano tenía primero que chapear con el carnet de Acción Democrática o Copei, o demostrar que usted era un idiota incapaz de participar en nada que no fueran las elecciones.
***
La constitución de 1999 violentó esa letra burguesa de la anterior: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público”, lo cual ya indica un cambio cualitativo importante. Pero el año 2007 el presidente Hugo Chávez propuso una Reforma de la Constitución que contenía este soberbio, revolucionario, contracultural, demoledor y redentor artículo (el 136): “El pueblo es el depositario de la soberanía y la ejerce directamente a través del Poder Popular. Este no nace del sufragio ni de elección alguna, sino que nace de la condición de los grupos humanos organizados como base de la población”. Toda vez que en el referéndum de ese año no se votó artículo por artículo sino por el paquete completo de propuestas (donde la propuesta original de Chávez fue aumentada y distorsionada por una serie de pezuñas insolentes) nos perdimos una ocasión histórica de mandar al infierno todo lo que la cultura burguesa considera democracia: ya para que haya democracia no era preciso andar haciéndoles concesiones a quienes destruyeron el país, ni comprándoles su noción interesada de lo que es votar y lo que es construir democracia.
Así que seguimos votando por individuos para el cargo de presidente y otros más. Pareciera un triunfo para ellos, los conservadores y burgueses. Pero se atraviesa el detallazo de que, incluso dentro de las normas inventadas por ellos, seguimos revolcándolos de una manera impía. ¿Te gusta la idea de que las elecciones definan la existencia de democracia? Bueno, pues toma tu (sobre)dosis de democracia eleccionaria. En eso andamos ahora.
***
El voto (que por cierto nos lo vendían como un derecho y un deber: si usted no aparecía en un registro como votante, y no conservaba en la cédula la calcomanía que indicaba que usted había votado, a usted cualquier policía podía tratarlo como a un delincuente) se convirtió en aquel entonces en el corral que el poder se inventó para que usted creyera que estaba construyendo democracia. Vota por mí, mi amor, que si me conviertes en presidente ya estarás mandando. ¿Y qué más hago? Pues más nada: dedícate a trabajar para un patrón, a estudiar alguna carrera que le sirva al sistema, y a rumbear. Pórtate bien y vive un día pepsi: hacer democracia es quedarse tranquilo mientras los poderosos gobiernan.
***
El término democracia (gobierno del pueblo) ya no se atiene sólo a lo que indica el término griego, sino que pasa por una cantidad de filtros muy convenientes, y además muy oportunos hoy para esos señores que han perdido 16 de 17 elecciones en 15 años. Cuando uno revisa hitos como las revoluciones francesa y norteamericana (siglo 18) notará que hay elementos retóricos que les vienen al pelo a los ricos y a sus partidos y candidatos: resulta que democracia no es el gobierno del pueblo (lo que nosotros llamamos pueblo pobre u oprimido, en vías de redención y liquidación de la pobreza y la indignidad) sino el gobierno de todos los miembros de la sociedad. En esto hilaron fino los proponentes de la democracia liberal a lo gringo: si no hay libre empresa (libertad para tener esclavos) no puede haber democracia ni libertad. ¿Cómo camina una sociedad donde cada gremio o grupo empuja para su lado? Fácil: siempre hay grupos que tienen ventaja efectiva y ésta no es necesariamente numérica. Eso explica que nosotros ganemos elecciones y ellos sigan siendo ricos y acomodados: la democracia “moderna” ha sido moldeada para que los poderosos pierdan algunos espacios dentro de la administración del Estado, pero nunca su supremacía y su insolencia de clase.
¿Hay empresarios en Venezuela? ¿Hay empresas transnacionales en Venezuela? ¿Hay voces pro Estados Unidos en Venezuela? Por supuesto que sí. Pero en esta acera cobra forma un enemigo más poderoso que la simple y llana prohibición de la empresa privada y la inversión transnacional: el cambio del espíritu y letra de eso que llaman “democracia moderna”, ese tipo de democracia en que los explotadores y explotados se dan la mano “para progresar y echar adelante el país”. Ya los empresarios y sus ejecutores no pueden mandarnos a matar tan fácilmente, porque en las instituciones del Estado hay ahora unos cuantos aliados nuestros. Pero el espíritu que ordena llamar “democracia” sólo a lo que conviene a los negocios e intereses de los ricos, está vivo y galopante en forma de fascismo a la venezolana: eso que gusta de llamarse antichavismo, y que tiene tantos defensores y financistas en los regímenes hegemónicos.
Si usted se fija bien, el antichavismo suele acudir a una idea de democracia que contiene todavía más trampas que esas que acuñaron los jerarcas de la Cuarta República: ahora resulta que la democracia no consiste sólo en votar sino además en votar por los tipos que le agradan al poder económico y otras hegemonías mundiales. Ya “democracia” no significa sólo votar y permitir y estimular el voto, sino alternarse en el poder con los enemigos de la democracia: si no hay alternabilidad no hay democracia. Un sistema donde los tiranos no ganan elecciones no puede ser democrático. ¿Por qué? Bueno, porque las hegemonías no ven la conducción del Estado como un servicio público sino un premio que ellos se merecen, por haber invertido tantos recursos en desestabilizar y conspirar.
***
Aparte del hito de la democracia liberal está la experiencia canónica de Francia. Antes los soberanos eran los reyes y de eso no le quedaba ninguna duda a nadie. Hasta que el pueblo y los burgueses de Francia demostraron que si usted le tasajea el pescuezo a un tipo, por muy muy muy poderoso que éste sea, ese güevón no sólo pierde la soberanía sino además la vida. Pero los burgueses que capitalizaron las rabias del pueblo durante la Revolución Francesa, asustados por la enorme energía social traducida en violencia homicida, que usted puede desatar cuando invoca palabras como “libertad”, decidieron jugar un poco a los conceptos, y decidieron no proclamarse ellos como los nuevos soberanos. LA-PIN-GA: a los soberanos les arrancan la cabeza. Entonces mejor nombramos soberano al pueblo y listo, que vean ellos a quién guillotinan cuando la mesa empiece a cojear. Para perpetrar esta maniobra funcionaba de maravilla la palabra de Rousseau: para endulzarle la píldora a la horda furiosa y hacerle ver que, a pesar de que los cargos los iban a ocupar los burgueses, en realidad la soberanía y el poder iba a tenerlos el pueblo.
***
Así, no se sorprenda de que Estados Unidos, cuyos ciudadanos no eligen al presidente sino a unos electores que elegirán al presidente, quiera dictarnos órdenes y regañarnos porque nos salimos de la norma. Porque la norma de ellos está clara: si no hay amos y esclavos no hay democracia. Y la norma venezolana también está clara: o inventamos o erramos. En este invento la democracia es un lterritorio donde la gente hace cosas en lugar de sentarse a esperar que las haga el Gobioerno. Y mientras maceramos nuestro inventa seguiremos echándoles una pela en ese tipo de elecciones que ellos mismos como clase nos impusieron.

martes, 2 de abril de 2013

Hacia un nuevo ciclo de nuestra historia

Para los venezolanos Chávez no murió el 5 de marzo. Chávez todavía es Presidente de la República. Administrativa, formal y estrictamente, por supuesto que el presidente es Nicolás Maduro y todo indica que seguirá siéndolo durante los próximos años. Pero simbólica y emocionalmente los venezolanos estamos viviendo el último período de Gobierno de un sujeto por quien votamos el 7 de octubre de 2012. Después de esa fecha no hemos elegido a nadie para Presidente (lo haremos el 14 de abril).
El espíritu, el hacer, el ejercicio fáctico del Poder Ejecutivo sigue moviéndose de acuerdo con estrategias, estilos y procederes moldeados por Hugo Chávez, quien impregnó y esculpió por 21 años la historia política de este país. Nada se ha hecho en este Gobierno provisional que no sea continuación y prolongación del que teníamos antes de marzo o antes de octubre. Pero el dato esencial para entender de qué va todo esto es que falta por cumplirse la instrucción final de su mandato, la última voz jefatural que se le escuchó pronunciar a Chávez: salir a votar por Nicolás Maduro. Cumplida esa instrucción sí podrá decirse que tenemos un nuevo Gobierno y una nueva fase de la historia institucional venezolana. O, si queremos hacerle concesiones a la tristeza, decir que ha concluido el ciclo de Hugo Chávez frente a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.
***
Lo anterior pudiera leerse apenas como el fin del camino de un hombre, pero si uno aparta un poco la emoción y el tono épico producto de nuestro amor y nuestro agradecimiento a Chávez (que nos lleva a decir cosas como que el Comandante no morirá jamás y que la patria bolivariana será exactamente la misma para siempre) nos encontraremos con que la historia de Venezuela está en proceso de dislocación, en otro momento de viraje hacia otro rumbo. Puede que lo correcto, en términos historiográficos, sea decir que ese cambio o ruptura se producirá sólo si el chavismo y su aparato partidista sufren alguna derrota y el Poder Ejecutivo cae en manos de otros factores (tras lo cual habrá que ver si de todas maneras la influencia de Chávez no marcará también la forma de gobernar de los presidentes que vendrán). Pero a partir del 14 de abril, o en el momento en que se instale el nuevo Gobierno, ya Venezuela habrá torcido su rumbo hacia otro distinto. El chavismo no murió con Chávez, pero la historia de Venezuela tendrá un signo distinto al que conocemos.
***
Este fenómeno será perceptible desde el momento en que Nicolás Maduro comience a mostrar su estilo de comunicarse con la gente e implemente las primeras políticas autógenas de su gabinete, que seguramente será muy parecido a los gabinetes de Chávez pero que no será el mismo, entre otras cosas porque su jefe ya no será el mismo. Muy probablemente las políticas sociales, el discurso antiimperialista y la relación con el pueblo y los grupos de poder no experimenten un gran cambio, pero no es ni probable ni conveniente que Maduro se dedique a repetir sin variaciones el guión dejado por Chávez, quien por cierto no tuvo un solo guión sino muchos. El Gobierno de Chávez fue mutando, evolucionando, cambiando siempre, y no hay que ser muy sagaz para detectar las diferencias entre el Gobierno chavista de 2001 y el de 2012. Así pues, Maduro no tendrá más remedio que inventar o errar.
***
Eso de "continuar la Revolución" se presta a tantas confusiones y equívocos que lo mejor es distinguir lo que pudiera ser el destino del Gobierno, el del Partido Socialista Unido de Venezuela y del del quehacer revolucionario de nuestro pueblo o de sectores de nuestro pueblo. Esto, porque nunca hemos creído que Gobierno y Revolución sean una misma cosa, ni que la Revolución consiste en mantener al PSUV al frente del aparato burocrático del Estado.
A tal efecto conviene precisar que el mantenimiento del PSUV en el poder dependerá de la eficiencia de esa maquinaria para proponer candidaturas, discursos y políticas atractivas para nuestra gente. Ganar elecciones para el chavismo es tarea del PSUV y de otros partidos. Pero eso no es la Revolución.
El Gobierno tiene una tremenda tarea, el cumplimientode una línea macro propuesta por Chávez y que no debe ser violentada: la creación y consolidación de comunas rumbo al nacimiento de un Estado Comunal. Estamos en una etapa germinal de esa construcción, y como el experimento apenas comienza entonces pareciera que el Estado Comunal consiste en que el Estado debe financiar a las comunas, cuando la realidad indica que somos nosotros (aprendices de comuneros) quienes debemos hacerlo. Está bien que un Ministerio para las Comunas se ocupe de echar a andar experiencias que luego se harán autosustentables, pero creer que la misión del Estado será financiar para siempre los experimentos comunales es un error que suponemos en proceso de revisión por parte de los responsables. Así que la labor del Ministerio para las Comunas es importante y crucial, pero no es la Revolución.
En el nivel más horizontal y masivo del experimento revolucionario nos encontramos nosotros, los que no tenemos responsabilidades de dirección o jefatura en ninguna instancia. La gente en su hacer cotidiano, que ha captado la propuesta chavista de construcción de comunas, tenemos una tarea y es demostrar que podemos echar las bases de un edificio que ha de construirse durante muchas décadas, seguramente hasta después que nosotros y nuestros hijos hayan muerto. Si el Estado Comunal que estamos apenas formulando, discutiendo y construyendo torpemente, en procesos y experiencias focales y por los momentos aisladas, se convierte en la forma de vida y de participación ciudadana de los venezolanos que todavía no han nacido, eso sí es la Revolución. Ese sí será el legado de Chávez y será también nuestro orgullo. Porque nosotros, formados y moldeados conforme a cánones burgueses, en escuelas burguesas y con un lenguaje y una forma de relacionarnos absolutamente burguesas, habremos demostrado que logramos violentarnos, derrotar nuestro ser egoísta, individualista, consumista y mezquino, para merecer el calificativo de generación revolucionaria.
La mala noticia es que los venezolanos vivientes no sabremos nunca si nos recordarán de esa manera. Lo siento. La historia está llena de gente que no se enteró del tamaño de su aporte a la humanidad.

domingo, 17 de marzo de 2013

Chávez en los altares y guerras espirituales

Incluso a uno, ateo y “más o menos” escéptico con todo asunto que suene esotérico, tenía que quedársele esculpida la declaración de los espiritistas del culto de María Lionza en 1992: aquel tipo que decía el “Por Ahora” era el Negro Felipe. Una cosa es que en ese encuadre fotográfico y de televisión que lo muestra del pecho para arriba, rodeado de micrófonos, el hombre de la boina sea igualito a la estatua del Negro Felipe que uno ve en los altares. Pero no era eso lo que decían los espiritistas: lo que aseguraban es que ese era el hombre.
Los no devotos vimos esto por televisión:

Y los espiritistas vieron esto:

Era 1992 y había llegado, ni más ni menos, el redentor de la Corte Negra, a quien muchos también identifican con Pedro Camejo o el Negro Primero (cosa confusa, ya que éste pertenece es a la Corte de los Libertadores). De ese preciso momento, y no de estos días de fervor, data la batalla en el plano espiritual, a favor y en contra de la conversión de Chávez en símbolo y sujeto de adoración mágica.
***
¿Por qué desde el ateísmo o el escepticismo, esa coraza vital para quienes nos sentimos materialistas, también es importante este acercamiento? En primer lugar porque, crea lo que uno crea, dude, ignore o le produzca recelo, es un hecho que las religiones y cultos convocan gente en cantidad, y que esa multitud genera no sólo opiniones sino además estados de ánimo colectivos, tensiones varias y mucha energía social. Y segundo, porque si a ese plano que muchos llaman paranormal le cabe también el calificativo “virtual”, nos encontraremos con la revelación lingüística de que la espiritualidad es un territorio afín a otro que no es precisamente la calle, pero que mueve gente y voluntades por guacales: ¿qué tienen de real facebook, twitter e internet en general, y cómo es que uno invierte tiempo y energía en “eso” que no es el mundo real pero que lo afecta de manera tan certera?
Religiones: redes sociales donde no es preciso estar registrados para sentir su influjo.
***
Tal como en La Ilíada, escenario en el que los dioses se echaban cañonazos y centellas mientras en la tierra los hombres hacían lo mismo, las batallas del tiempo chavista se han desarrollado también en el ámbito simbólico de los dioses hegemónicos y los cimarrones; entre las religiones que aplastan pueblos y las que son armas de la resistencia cultural, y también entre devotos de los mismos cultos. En alguna de sus alocuciones del año 2003, esa temporada dura posterior al paro-sabotaje y al golpe de abril, el Comandante relataba que en los patios exteriores del Palacio de Miraflores la Guardia Presidencial había encontrado muerto un animal rarísimo de aspecto diabólico, degollado y con la foto de Chávez amarrada al cuello: brujería o magia negra. De sacerdotes católicos que adversaron y apoyaron a Chávez en vida se ha hablado bastante; del desprecio racista y de clase que los santurrones más conservadores expresaron cada vez que el Presidente se acercó con respeto a los babalaos o pentecostales hay otro largo rollo; de los fanáticos que le desearon la muerte a Chávez invocando para ello códigos como las ofensas a una presunta tribu de Israel y más de una maldición infernal, ni se hable.
***
Tal vez el eje geográfico donde se percibe con más nitidez y fortaleza esta tensión de lo estrictamente popular-rebelde contra lo estrictamente europeo-hegemónico sea el estado Yaracuy. Tenía que ser así, porque la montaña emblemática del culto sincrético por antonomasia está ahí cerca de Chivacoa: Sorte es el Vaticano de la religión del pueblo, y no había terminado de escribir la frase anterior cuando ya estaba empezando a sentir los embates del discurso de la convención burguesa, que informa que lo de María Lionza no es una religión porque su ceremonial no tiene una figura de autoridad reconocida por las demás religiones. Fácil: los caribeños no podemos haber inventado una religión porque somos indios, negros y feos, o una mezcla de las tres cosas. ¿Está claro?
Pero sucede que también, en ese mismo eje, nació y se formó en el caldo más rancio y conservador de la política venezolana uno de los tótems predilectos del socialcristianismo latinoamericano, el doctor Rafael Caldera. Precisamente el nombre de Caldera llevó por años la autopista que atraviesa a Yaracuy de punta a punta, desde Carabobo hasta Lara. En el año 2003, para que no quedaran dudas del carácter apostólico y romano del estado, la gestión de Eduardo Lapi mandó a poner a lo largo de esa autopista unas estatuas horrorosas de santos católicos de tamaño gigante. A ese atentado contra la estética de tan hermosa autopista lo llamaron “Museo Vial Religioso”, y es eso: una exposición de varios kilómetros donde uno ve al pasar esos muñecos abominables.


El 6 de junio del año 2004 ocurrió un evento de singular importancia simbólica. Comenzaba la campaña para el referendo revocatorio del mandato del Presidente y las calles estaban llenas de miedos y rumores. Entre otras cosas, se decía por esas fechas en predios del sifrinaje caraqueño que la Guardia Nacional había comprado 100 mil bolsas negras porque allí pensaban meter los cadáveres de una anunciada masacre: el chavismo más perro y salvaje iba a invadir los apartamentos de la gente bien en las urbanizaciones y eso iba a derivar en la mamá de las degollinas. La respuesta fue que en cientos de edificios de clase media se organizó la resistencia: ollas de aceite hirviendo, brigadas armadas, sistemas de alerta a base pitos y cacerolas cuando se acercara cualquier negro sospechoso (perdón: cualquier negro). Ese era el clima emocional cuando llegó la fecha del arranque de la campaña y el chavismo prometió llenar la avenida Bolívar de Caracas. Entonces la madrugada de aquella fecha 666 (6+6+ la suma de las cifras de 2004, que es 6) ocurrió el prodigio: la estatua de María Lionza ubicada en la autopista Francisco Fajardo colapsó y se partió en dos.
Cuando el terror se hubo medio disipado (ya que no hubo masacre y las ollas de aceite hirviendo tuvieron que desmontarse) comenzaron los análisis: la Reina estaba anunciando el fin de la era chavista, decían del lado de allá. Y el chavismo replicó que, por si no se habían fijado, la estatua se había partido justo por el vientre, lo cual significaba que no era el fin sino el alumbramiento de una nueva era.
Una réplica de la estatua herida de muerte sustituyó a ésta en el mismo sitio, y otra fue a parar a la entrada de Chivacoa. Allá, en la autopista antiguamente llamada Rafael Caldera (y ahora bautizada Cimarrón Andresote, en honor del azote de blancos aristócratas) está la Reina, humillando con su hermosura, con ese poderío hormonal de mujer Caribe; con su culo y sus tetas profanas, la pazguatería de las santas y santos europeos que pretendieron amansar a Yaracuy.



De la Reina dijo Chávez en otra ocasión: “¿Ustedes se imaginan? ¿Yo montado en la anca de esa danta, abrazando pro la cintura a María Lionza?”.
Y sí, es fácil imaginárselo.
***
Al margen o al final de estos rollos hay que volver a la pregunta: ¿convertirá el pueblo chavista en santo o en objeto de devoción la figura del comandante Hugo Chávez? Hay rastros de que ese proceso comenzó y se desarrolla desde hace tiempo. Tal como ocurre con las expresiones populares más genuinas, ese proceso tiene lugar fuera de la convención católica que norma y determina esa cuestión de quién debe o no debe ser santificado y bajo qué criterios. Estas líneas nacieron al calor del registro testimonial y fotográfico que Gustavo Borges ha comenzado a realizar en barrios del oeste de Caracas: no es que Chávez vaya a ser venerado en clave de santidad, sino que ya hay altares alegóricos y mucha gente anda macerando en ellos sus oraciones y agradecimientos. El culto al Chávez espiritual (o al espíritu de Chávez) es un hecho, un culto de facto surgido del amor del pueblo pobre. Esto, sin importar lo que diga la “santa” Iglesia católica, que por cierto le debe sumisión a la religión del ser humano pobre de Venezuela y el Caribe: la “Corte Celestial”, donde caben todos los santos e íconos cristianos, es apenas una más de las veintiuna que adoran a la Reina María Lionza.

Altar en casa de Gustavo Borges. Los Robles, El Manicomio, Caracas
Así que no son las convenciones sino el fervor de los pueblos lo que convierte a alguien en sujeto u objeto de veneración. Si tantos personajes locales de las carreteras y pueblos de Venezuela (como la de Picapica, la de Taguapire, la de Benjamín Charles en Barinas) se convirtieron con el tiempo en ánimas y seres venerables, no debe extrañar que el hombre que difundió la rabia a la injusticia y el amor al pueblo por el continente ya haya comenzado a ganarse sus altares, descansando en guerra.

domingo, 10 de marzo de 2013

El Panteón de los rebeldes



Yo no te pude hacer un monumento
de mármol con inscripciones coloridas
Tite Curet Alonso 

Las casas donde se sabe que vivió Hugo en Sabaneta y Barinas revelan algo que de tanto decirse parece que se olvida: el dato esencial que moldeó el carácter este compañero es la humildad. Humildes son las casas en que vivió, humildes las escuelas, campos y calles donde transcurrió su niñez. Era humilde y sencillo su lenguaje cuando dejaba de carajear al imperio para ponerse a dialogar con nosotros, y de allí la forma de soltar chistes malos cuando la ocasión le exigía moderación y respeto. ¿Por qué no te callas? Porque mi pueblo es dicharachero, viejo pendejo, y yo soy hijo de mi pueblo.
Cuando al camarada Hugo le daba por recordar a su abuela Rosa Inés su verbo resbalaba por un tobogán de ternura asociada al fogón, el olor a leña, el café y esa manera de jugar y regañar que tenían nuestras abuelas, gente que vivió la Venezuela aún no devastada por el capitalismo industrial.
Pese a los chistes fáciles que el enemigo soltó y seguirá soltando a causa de la investidura de Presidente (que por cierto le concedió el pueblo pobre, no las hegemonías o corporaciones) la vida del pana Hugo fue sencilla, y una comprensión simple de esta secuencia que es la vida debería hacernos comprender que su lugar de reposo debería estar entre su gente, rodeado de sus muertos, de su gente querida y conocida: la gente de su pueblo, la que lo convirtió en ese ser humano que fue.
El año pasado Chávez soltó unas lágrimas evocando algo tan puro y libre de referencias iconográficas burguesas como la sabana apureña, que por cierto es extensión o continuación o presagio de la sabana barinesa. Dijo Chávez que su máximo anhelo consistía en ir a colgar un chinchorro en algún rincón de ese Apure colosal y terminar sus días echándoles cuentos a sus nietos. Se le formó el consabido tarugo en la garganta y lloró ante millones de teleespectadores, algunos de los cuales se burlaron porque nunca tendrán la humildad ni la valentía de conmoverse ante un paisaje. Quien va a Apure y no regresa estremecido de llanto o de risas es porque tiene el alma muerta.
Monte y lejanía: eso era lo que estaba pidiendo el compai Hugo en sus meses finales. Pero nosotros, que nos sentimos más arrechos que él y creemos saber qué cosa es un homenaje (porque la maldita escuela adeca en que estudiamos nos “enseñó” cómo es que se homenajea a los muertos) queremos mandarlo a descansar a un ridículo panteón europeo o a un sifrino panteón posmoderno. ¿Le cumplimos su última voluntad o cumplimos la nuestra?
***
Por lo general las iconografías oficiales (burguesas) asocian la noción de “homenaje” con el boato, esa cursilería rimbombante propia de lo más decadente, por aristocrático, de la Europa medieval. La clave de la hegemonía católica, de paso, ordena adornar el ceremonial de la muerte con la consabida carga judeocristiana llena de culpas y disfraces que invocan a la postración y el sufrimiento infinito. Lo que el burgués y la burguesía entienden por “afecto” termina entonces convirtiéndose en un festival de florilegios y regorgallas propias de gente asustada que, como tiene mucha plata y no sabe qué hacer con ella, va y la invierte en sobresaturación de imágenes y símbolos que no honran a la gente sino al poder.
A propósito de los homenajes, hace poco ocurrió algo significativo con esto de los símbolos culturales que la convención burguesa considera homenajeables y dignos de premio y santificación. Venezuela entera celebró el que la UNESCO haya decretado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad a “Los diablos danzantes de Venezuela”. A CASI todos los diablos danzantes de Venezuela. No sé si los proponentes o los otorgantes, pero el caso es que alguien dejó fuera del paquete de diablos homenajeados a los diablos de San Hipólito. ¿Qué tiene que ver esto con Chávez? Mucho. Simbólica, geográficamente, quien se acerca a San Hipólito entenderá mejor a Chávez y a la Venezuela chavista.


Los Diablos Danzantes de San Hipólito nacieron en 1810; son, por cierto, los más antiguos de Venezuela. La diferencia con los homenajeados es que, mientras éstos tienen un sustrato católico que se refleja en su ceremonial (son diablos sumisos: salen a la calle, cantan, parrandean, pero cuando el cura ordena parar ellos se postran, apoyan la cabeza en el suelo y se acabó la fiesta) los de San Hipólito son cimarrones y no andan postrándose ante nadie. Su ritual es sencillo, populachero y más o menos caótico, y ensalza la fiesta del pueblo por sobre el dato de sumisión o arrodillamiento propio de las religiones. Los diablos entran al lugar de la fiesta gritando, convocando a la gente; comienza a interpretarse un golpe de polca, a cuyo ritmo unos devotos tejen un árbol a la manera del sebucán. Luego se arma la parranda propiamente dicha con merengue campesino, y más tarde con repiques de joropo (casi siempre seis por derecho, periquera y pajarillo).
Como no hay autoridad religiosa que ordene no caerse a golpes o a botellazos en mitad de la euforia colectiva, existen unas figuras que son el Diablo y la Diabla Mayores, encargados de poner orden con un fuete. Borracho que se propasa o que intenta violentar el ceremonial se lleva su correazo, y así la disciplina se mantiene, autogestionada y sin policía, y el castigo es visto más como un chiste que como un acto de represión. Cierto que el día central de la celebración es el 24 de junio, día de San Juan, pero la otra clave de estos diablos es que van para donde los inviten, en cualquier momento del año.
Los Diablos de San Hipólito recorren Venezuela varias veces al año.
Los Diablos de San Hipólito son adorados por el pueblo, porque son expresión del pueblo, y detestados o vistos con recelo por la convención burguesa (de allí que no les hayan dado el premio que otorga la visión hegemónica de “Cultura” en el mundo).
Los Diablos de San Hipólito son cimarrones, rebeldes, populacheros e incómodos para la burguesía, porque no se amoldan a las reglas establecidas.
Los Diablos de San Hipólito no serán homenajeados nunca por los convencionalismos burgueses porque su sola existencia es un salivazo en la cara de los acartonados, los falsos, los domesticados, los sumisos y los jalabolas.
Los Diablos de San Hipólito nacieron en el eje San Hipólito-Los Rastrojos, una serie de campos y caseríos en las afueras de Sabaneta de Barinas.
El camarada Hugo Chávez nació en uno de esos campos, en Los Rastrojos. Fue allí donde Mamá Rosa le enseñó las claves del valor y la vergüenza. Ese pequeño poblado merece ser reconocido como la cuna de la rebeldía americana.
Entonces, ¿encerramos a Chávez en un panteón europeo o sifrino, o le regalamos el chinchorro allá en la sabana que lo vio nacer y convertirse en leyenda, allá en la cuna de su rebeldía?

martes, 26 de febrero de 2013

Que se aparten los especialistas. El pueblo debe contar su historia


El 18 de febrero se cumplieron 30 años del “Viernes Negro”. Ahora, 24 años del Sacudón (mal llamado Caracazo, ya que todo comenzó en Guarenas y no en Caracas). El año 1983 es un antecedente importante de 1989. El primero fue el año de quiebre entre la Venezuela de la abundancia (para las clases privilegiadas) y la Venezuela del aterrizaje en la cochina realidad; el segundo, es el año de quiebre entre la Venezuela expoliada y la Venezuela en rebelión. 1989 no se comprende sin escudriñar 1983.
Para unos cuantos venezolanos esos episodios (Viernes Negro y Sacudón-27 de febrero) constituyen referencias claras, porque muchos los vivimos y tuvimos conciencia política del momento. Sabíamos lo que sucedía o teníamos al menos una vaga noción de ello. Pero hay una generación escasamente informada (o totalmente desinformada) al respecto. Voy a dividir los datos, extraídos de una búsqueda simple en la página del Instituto Nacional de Estadísticas:

  • Los venezolanos que hoy tienen entre 20 y 39 años (11.740.178 del total de 28 millones que somos) no habían nacido, acababan de nacer o eran muy jóvenes para entender desde su ocurrencia el alcance, la importancia y el dramatismo de aquellos hechos.
  • Más de 9 millones tienen 14 años o menos.
  • Es decir: existen más de 20 millones de venezolanos para quienes eso del Sacudón o Caracazo, eso del Viernes Negro y eso de los crímenes y genocidios del Estado adeco, son historia antigua que es mejor borrar de la memoria o tal vez fantasías de comunistas. Fantasías que tal vez Globovisión ayude a explicar “mejor”, o a manipular y retorcer a su antojo.
  • Un venezolano que hoy tiene 35 años, tenía 5 años en 1983 y 11 años en 1989. Es probable que recuerde los eventos del 89, pero puede decirse que no VIVIÓ lo que significó aquella rebelión ahogada en sangre. Un muchacho de 11 años está pendiente de resolver o vivir cosas muy importantes para un ser humano (la escuela, los síntomas de la preadolescencia; poco más que eso) pero no está pendiente del país, la política o la historia en desarrollo. A quienes eran así de jóvenes se les está tratando de ocultar hoy quiénes fueron los culpables de aquellas desgracias. Ahora, muchos de los responsables de esas desgracias o sus herederos políticos quieren regresar al control del Estado.

Me empecé a dar cuenta de lo dramático de esta situación hace poco, escuchando a ese monumento a la estupidez llamado Carla Angola: la tipa le decía a uno de esos imbéciles “dirigentes estudiantiles” de la derecha que el empeño chavista en recordar los atentados a la verdad por parte de los periodistas en 2002-2003; ese recordar del golpe de Estado y ese constante rememorar el sabotaje petrolero, son “un fastidio”. Y es fácil creer que sus interlocutores lo aceptan: esos muchachos que hoy tienen 18 tenían 8 ó 9 en 2002-2003 y tal vez les importa poco lo que pasó en aquellos años (ya sus padres se lo contaron como les dio la gana).
***
De allí la importancia de volver siempre sobre la Historia. O mejor: de renovar y refrescar la relación del ciudadano con su Historia. En las escuelas debería haber una materia o cátedra llamada Historia del Pueblo de Venezuela: todos sabemos o creemos saber qué hicieron los “grandes hombres”, pero casi nunca sabemos del valor del anciano que vive a nuestro lado. De ese anciano que se llevará sus recuerdos a la tumba. Pero (este pero quisiera que se viera enorme, desafiante por concluyente):

PERO YA ESTÁ BUENO DE "ANALISTAS"
Y "ESPECIALISTAS"

En un tiempo que queremos galvanizar en la memoria colectiva como el del protagonismo del pueblo va siendo hora de que la gente le cuente a la gente su vivencia. ¿Gente? Cierto: hay que especificar y aclarar: es una perversión que sólo quienes chapean con títulos de historiador, sociólogo, sicólogo y demás ólogos hayan sido ungidos como los autorizados para explicar qué sucedió o sucede en el país. La tarea de contarnos no debe ser tarea de ilustres académicos hablabonito que el día del peo estaban guardados en sus quintas de El Cafetal o en sus apartacos de Bello Monte. Cosa triste: uno pudiera creer que los antichavistas son los únicos en segregar y despreciar el decir del pueblo humilde y sin formación académica, pero resulta que entre nosotros, dentro del chavismo, también hemos conformado la respectiva corte de declaradores de clase media que pretenden ser especialistas en riquimbili sin haber visto nunca una riquimbili.
***
Paréntesis. Hace unas semanas, un gringo mamagüevo nombrado Jon Lee Anderson (un intelectual muy adulado entre la sifrinería académica escuálida y chavista por igual; al final en esos gremios de tragalibros todos terminan cayéndose a besos) escribió un mamotreto titulado "El Poder y la Torre" (http://prodavinci.com/2013/01/28/ciudad/el-poder-y-la-torre-por-jon-lee-anderson/), un intento tan eficiente como puerco, muy bien escrito y muy hijo de la gran puta, destinado a convencer a la gente de algunas vainitas de este color:

  • Que la Venezuela de 1983 era modelo de desarrollo y democracia, porque entonces se inauguraron el metro y el Teatro Teresa Carreño;
  • Que la Torre Confinanzas (ahora la llaman "Torre de David"), ubicada frente al elevado de la avenida Andrés Bello de Caracas, es una maqueta fiel y exacta de Venezuela, porque tanto en la torre como en el país gobernamos los malandros, los criminales y los feos. No ellos, los lindos niños que estudiaron en Oxford. Pues resulta que NAOU, men: en Venezuela gobierna el lumpen.
  • Que el escritor y periodista Jon Lee Anderson sabe más que cualquier habitante de San Agustín (barrio del que dice esto: "...puede verse la basura rodando entre pendientes fangosas, un laberinto de ranchos y callejones mugrientos. Me dijeron que no me bajase en la cima, para evitar el riesgo de ser asaltado") que Venezuela está hecha mierda, y por lo tanto los habitantes de San Agustín son unos subnormales. Si Jon Lee viviera en San Agustín votaría contra Chávez, y en cambio esos negros del coño votan por el tipo que no les ha ido a recoger la basura de sus "callejones mugrientos". Ah, pero ve tú: Jon Lee no se baja en San AGustín porque saldría violado.
Las reacciones a este artículo fueron casi inexistentes del lado del chavismo. Pero del lado del antichavismo los comentarios fueron más o menos en esta tónica: "Qué terrible realidad y qué valiente Jon Lee. Gracias Jon Lee, por mostrarnos este país corrompido".
Pero de bolas que se entiende: el antichavismo sifrino (tal vez no el pueblo pobre antichavista, que es otra cosa) es un conglomerado de mamagüevos que no conocen al país y por eso lo desprecian, y basta que venga un gringo pajúo a retratarles el país dantesco que ellos quieren creer que existe, para que crean que eso que narra el Lee es la verdad. Incapacitados por el miedo a conocer a Venezuela  (¿o no fue un sifrino el que le recomendó no ir para San Agustín?) y a hablar con la gente a ver por qué sale en masa a darle amor a Chávez, prefieren comprarle su maldito reportaje al Jon Lee.
Repito: que así se porten los escuálidos es entendible. Pero ¿no estaremos haciendo nosotros lo mismo, al poner a Román Chalbaud a contar una versión de un Caracazo que él seguramente "vivió" debajo de la cama de algún hotel en Aruba?
***
Los muchachos deben enterarse, por boca de los menos jóvenes que protagonizaron o al menos presenciaron en vivo la magnitud del vuelco histórico, de cuáles eran los signos perceptibles en la sociedad. Bueno, sí va, arréchense si quieren: el señor Gustavo Menoni, habitante de La Cañada, sabe lo que es un asesinato múltiple a manos de la policía, porque él lo vio en el estacionamienbto del bloque donde vivía en el 23 de Enero; el señor Luis Britto García no sabe un coño de eso, pero es Britto y no Menoni quien sale cada 5 minutos a hablar vergas por televisión.
Aporte personal: hace ya un rato me he estado negando a aparecer en televisión o a participar en foros. No porque no haya vivido de cerca o desde adentro algunos eventos graves, sino porque ya dije al respecto lo que tenía que decir y es una recontrasoberanísima estupidez que siempre inviten a la misma docena de "especialistas" a decir las mismas vergas cada año, cuando si de algo debe estar orgulloso este pueblo es de la cantidad de gente que habla sabroso en esos barrios y campos, pero que nunca serán llamados especialistas.

Artículo referencial:

Otro:


***
Ya antes hablábamos de los recuerdos que revelan cierta perversidad relacionada con la fecha 23 de Enero. Fecha que nos han vendido como “de júbilo”. Se nos ha dicho que el 23 el pueblo salió a celebrar “jubiloso” en las calles la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. Nosotros no recordamos lo que realmente sucedió, así que lo aceptamos porque nos lo dijeron.
Pero casi nunca se nos recuerda, por ejemplo, que el día 23 de Enero los adecos y copeyanos estimularon a las masas enfurecidas para que linchara a los funcionarios del régimen que caía. Muchos policías y empleados públicos fueron degollados y despedazados en las calles, bajo la acusación de ser “esbirros”. Esos mismos que aprovecharon la rabia del pueblo para ejecutar su venganza de clase política de manera sangrienta fueron desalojados del poder hace 14 años y nadie les ha tocado un cabello. Cierto es que parte del castigo vino solo, a base de olvido: nadie recuerda que personajes tan repulsivos como el Consalvi, el Ciliberto y el Morales Bello fueron presos políticos, que fueron torturados en los 50. De nada les valió que quisieran usar ese pasado para tratar de obtener aunque sea una sonrisa, un aplauso o unas migajas de respeto. La historia los desalojó para siempre de los afectos del pueblo, y vaya que ha sido barato el castigo, en comparación con el daño espantoso que le ocasionaron a la sociedad a su paso por el control del Estado.
***
Para cerrar, y para que quede claro. Ya está bueno de que los mismos opinadores y "analistas" hablemos en los foros y programas de TV sobre estos acontecimientos. No sólo porque uno al final no es especialista en nada, sino porque:

1) Ya los opinadores habituales contamos y dijimos lo que teníamos que decir y contar.
2) Hay que buscar a otras vocerías, al pueblo profundo que siempre ha sido silenciado, para que sean sus echadores de cuentos los que narren lo narrable.
3) Debemos borrar de una vez por todas el precedente del sujeto de verbo entrenado para los auditorios, que a causa de la excelencia de su lengüeteo pareciera ser el dueño de la verdad.

No me inviten para esas vergas, pero si quieren que les colabore puedo darles contactos de gente de los barrios y pueblos que nunca ha hablado en TV, y que de pronto puede soltar algún por ahora monumental. Los hay en todas partes. Sólo hay que buscarlos y caerles.

jueves, 14 de febrero de 2013

El Tigre de Matanegra: la humildad y la leyenda

La actual generación de venezolanos es afortunada. No están tan lejanos los tiempos en que comenzó a masificarse una de las expresiones musicales más poderosas de nuestro pueblo: la música llanera, tal como la conocemos, adquirió forma, cuerpo y espíritu en las manos y en la garganta de caballeros que todavía andan por allí contando y cantando su gesta, su hazaña, su batalla por la cultura de un país. Así que los venezolanos vivientes podemos encontrar testimonios vivos de cómo fueron los inicios, o al menos la transición entre las formas originarias y las actuales de esta expresión.
Presentar desde esta perspectiva la metáfora llamada Jesús Quintero, El Tigre de Matanegra, es hacerle honor a un país noble que nos arrebataron antes de poderlo construir completo. A este tipo de hombres-símbolo de nuestra cultura es bueno ubicarlos en su exacta dimensión y mostrarlos en su contexto histórico.


Hace unos días tuve el honor de conocerlo, en conversa enriquecida por el andar barinés de Leonardo Ruiz Tirado y Ramón Arroyo. De ese breve encuentro me quedaron unas cuantas sensaciones y mucha información, pero rescato la metáfora esencial: El Tigre de Matanegra representa el ser humano sencillo y honesto, nacido en Venezuela, a quien una élite sometió a exclusión y a olvido, pero que nomás despuntar Chávez en el horizonte “Se nos abrieron los ojos” (palabras del cantante). La historia de este cantor básicamente es la de un pueblo.

Grande y sencillo

Nació Jesús Quintero en 1943 en Camachero, cerca de Santa Bárbara de Barinas y del caserío que después le dio nombre artístico. Hijo y sobrino de músicos y cantantes, fue testigo de unos cuantos momentos y eventos extraordinarios, aunque no lo parezcan. De niño iba a las fiestas y veía a sus tíos tocar unas bandolas de las antiguas, “unas bichas chiquiticas, no como las culonas de ahora, que se empezaron a ver fue cuando Anselmo López empezó a tocar”. Con esas bandolas, los cuatros y las maracas se armaba el joropo en ese tiempo (años 40 y 50). A los 12 años de edad, ya muerto su papá, lo captó un señor llamado Bernabé Márquez, nativo de Pregonero (“¡qué viejo  pa cantar bonito, y nunca grabó!”, recuerda el Tigre) y me decía “Ven acá Silvanito (Silvano se llamaba mi papá), no tenga miedo. Usted va a ser cantante, usted tiene una voz muy buena”, me decía, y me ponía a cantar con él. Y verdad fue”.
Un día se enteró de que en Santa Bárbara iba a presentarse Juan de los Santos Contreras, “El Carrao de Palmarito”; recuerda que fue cuando tenía unos 12 años de edad, así que debió ser en el año 1955. Al llegar presenció algo prodigioso: la primera arpa que vio en su vida. La interpretaba Luis Reyes, quien todavía vive. De pronto la gente comenzó a pedirle al joven Jesús que se montara en la tarima para contrapuntear con El Carrao, y como el muchacho no se movía un hombre del pueblo lo cargó y lo montó en la tarima como un gallo. “Las piernas me temblaban”, cuenta Jesús. El Carrao no aceptó cantar con él pero lo dejó cantar solo algunas de sus piezas. “Cuando terminé de cantar me dio la mano y me dijo: ‘Lo felicito, usted tiene una gran voz, un gran oído, échele bolas que usted va a ser alguien en el canto algún día’”.
Uno escucha las canciones del Tigre de Matanegra, oye tanta historia y de pronto se encara con la leyenda viviente. Al detallar al caballero en toda su sencillez, con toda aquella profunda simpleza del veguero, y comienza a dar con la clave, que por cierto no es ningún misterio: el héroe genuino, el ídolo, el símbolo que perdura, es el que nunca pierde el apego a la tierra ni a la gente humilde. Sólo la gente del pueblo reconoce al pueblo en sus códigos, con sólo mirarle la cara y los gestos.

***

“A nosotros los pelabolas nos enseñaron fue a votar. Yo votaba por Copei porque mis papás eran copeyanos, pero nunca viví de eso”, confiesa con esa honradez que se ve tan poco en estos días. “Además Rafael Caldera era un pretencioso. Una vez nos llevaron a cantarle en una finca por Pedraza, el hombre estaba ahí cerquitica de nosotros y ni siquiera nos miró”. Momento oportuno para preguntarle cuándo despertó a la política, cuándo se interesó en ese ámbito. “Lo mío empezó con Chávez”, dice.
Tenía 49 años cuando, la madrugada del 4 de febrero de 1992, presenció con su mujer el “Por ahora” por televisión. Yo le dije a mi mujer estas palabras: “A este hombre lo van a meter preso y no va a salir más nunca, pobrecito. Pero si sale y se mete en la política yo voto por él”. Comprobación de la clave: esos pocos segundos le bastaron para reconocer en aquel muchacho al compañero de miserias y de sangre, lo opuesto a aquel engreído empaltosao, el primer presidente que vio en persona sólo para recibir su desprecio.
El despertar del que habla Jesús Quintero se manifiesta de varias formas. “Imagínate que yo creía que en Cuba se comían la gente, que ese hombre de allá era muy malo. Yo sentía miedo por los cubanos. Con Chávez se descubrió que todo eso era mentira. Yo fui a cuba a llevar a un primo que estaba enfermo, estuve 15 días allá. Esa gente es buena”.
La Casa de la Cultura de Santa Bárbara de Barinas lleva el nombre y el apodo del cantante, uno de los más importantes de la canta llanera. Aquel muchacho a quien le temblaban las piernas al enfrentarse a quien representó al Diablo en la copla recogida y reinventada por Alberto Arvelo Torrealba. Ese que venció aquellos miedos para convertirse en este emblema.

miércoles, 30 de enero de 2013

La pequeña hazaña cotidiana de Las Uvitas

Profesora Yajuri Ruiz. Foto: Gustavo Borges


Yajuri Ruiz es la única docente que da clases en la Escuela Nacional Las Uvitas (dependiente de la Gobernación del estado), ubicada en ese sector de la parroquia Santa Lucía. Esto queda en el sur de Barinas, llano adentro; casi en Apure. Ella atiende a 14 niños que acuden a recibir clases entre primero y sexto grados. “En sectores cercanos yo sé de por lo menos 20 más que están en edad escolar pero en tiempo de lluvia no van a clases porque las condiciones de la zona se lo impiden”, dice.
Esta profesora se graduó en la Unellez en Educación Integral. Antes de graduarse ya daba clases, y cuando recibió su título, en lugar de irse del campo donde nació regresó para formar a los muchachos. “Esa escuela fue fundada en 1958; ahí estudiaron mi mamá y mis hermanas, mucha gente de la comunidad vio clases ahí. Ahora esa escuela está destruida, pero así mismo damos clases, entre los escombros”. El primer maestro de esa escuela fue un comandante guerrillero de nombre Rafael Buitriago. La pregunta: "¿Y por qué no le ponen el nombre de ese señor a la escuela?". Respuesta: "Porque para nosotros también es histórico el nombre de Las Uvitas" (oír abajo el audio con la explicación y la historia).
En esa zona, como en todo el llano, cuando llueve, llueve en serio, y el río Pagüey se desborda. “El Gobierno ha reparado esa carretera varias veces pero siempre vuelve a quedar destruida con las lluvias. Tampoco hay luz eléctrica”.
Relata la profesora que en tiempo de lluvias debe ir en burro desde su casa al plantel. Si usted no ha ido al llano en esta temporada no sabe lo que es una inundación; en esta zona la gente sí las vive, las padece y las enfrenta: “Tardo 40 minutos en llegar y a veces el agua me tapa todo el burrito. Hay niños que hacen recorridos más largos para ir a clases y no dejan de ir a estudiar. Pero para algunos eso es imposible, en época de lluvias no van a clases y eso es casi todo el año escolar”.
La situación laboral de la profesora también merece atención: lleva ya 8 años de servicio y todavía no le dan un cargo fijo. Sus ingresos son inferiores a lo que merece su esfuerzo. Ella forma parte de la comuna recién constituida “Victoria Popular Las Uvitas”, y tiene esperanzas de que esa estructura organizativa facilite las gestiones y trámites. Pero Misión Verdad (nuestro periódico barinés, donde publicamos originalmente esta nota) solicita para ella, su comunidad y su escuela urgente atención. Hay niños que están perdiendo clases y es hora de humanizar las condiciones en la zona antes que empiecen otra vez las lluvias.

Aquí, parte del audio de la conversa (26 de febrero de 2013) con Yajuri y el señor Melquíades en La Castrera (Santa Lucía, Barinas):

lunes, 31 de diciembre de 2012

El hijo del Pueblo

Querido y golpeado camarada Hugo: mi último artículo de 2012 va para ti. Seguramente no lo leerás, pero sé que estas cosas han estado revoloteándote en la mente, porque más de una vez las has gritado a los vientos. Parten de esta premisa: aunque a uno, ateo o incrédulo, a veces le provoca salir de pazguato a pedirte la bendición (una manera muy nuestra, muy sembrada en nuestra alma tan española como cimarrona, de dar las gracias y profesar respeto) tú no eres el papá (o mamá) de nosotros, no eres el taita del pueblo. Tú eres hijo de este pueblo. Eres hijo de esta historia a veces violenta y a veces cantarina. Así que en vez de padre vienes a ser algo así como hermano nuestro.
***
La idea viene galopando hace rato entre quienes hemos crecido en conciencia, y creo que fue Roland Denis quien la resumió así, como la sintetiza el título. A esa reflexión tan simple y obvia y al mismo tan profunda e irrebatible provoca agregarle una serie de detalles.
Por ejemplo, que  te diferencias de tantos taitas (caudillos, jefes, presidentes, ídolos, dirigentes) de nuestro largo proceso, en que muchos de aquellos llegaron y fungieron como conductores sin ser de los nuestros, de nuestra clase o procedencia. Boves era asturiano, Bolívar también más español que americano y además aristócrata; a Páez lo delataba el fenotipo catire y la vena goda, Zamora era rico y dueño de esclavos; de los demás bisontes mandamases de los siglos 19 y 20 muchos provinieron de nuestra entraña pero no dudaron en traicionarla, y jamás llegaron ni llegarán al pedestal que el cariño de las multitudes les reserva a los genuinos hijos devenidos conductores.
***
¿A qué viene esto, precisamente en esta hora de compartir contigo tu dolor, que también es nuestro? Ni más ni menos, mi pana, vengo a echarte un par de chismes. A mostrarte una preocupación y un hastío, pero también una esperanza. Esperanza: esa cosa que uno, que ha sido jugador, lo lleva a poner el resto sobre la mesa así parezca que no hay posibilidades de ganar. A ti te gusta en esos casos usar la expresión Jugarse a Rosalinda. Y también una vez soltaste a manera de desafío: "O como chigüire o muero arponiao". Pues en esa andamos algunos: viendo dos o tres vainas frágiles o torcidas en nuestro proyecto, pero apostando a que, se enderecen o se terminen de partir, la jugada sigue siendo la que nos andas proponiendo desde 1998 (o desde 2006-2007, que es todavía más emocionante).
***
Primer chisme: todavía hay gente nuestra que cree que tú eres nuestro papá, y que en tal carácter debemos dejar que lo conduzcas, lo decidas, lo evalúes y lo arriesgues todo, mientras nosotros nos dedicamos a aplaudir y a obedecer. Ah, y a pagar impuestos: nosotros pagamos y tus funcionarios nos hacen la Revolución.
Cositas tanto o más graves: también hay gente nuestra que cree que tú debes ser presidente para siempre porque sin ti se detiene la Revolución; gente que cree que decir Revolución es lo mismo que decir Gobierno de Chávez y por lo tanto anda aterrorizada porque cree que si Chávez no gobierna entonces se acaba la Revolución. Gente que no entendió nunca tu proyecto ni la propuesta "Democracia Participativa y Protagónica", y prefiere seguir diciendo que esto no es una Revolución porque todavía hay burgueses y porque uno camina por las calles y se encuentra un poco de MacDonalds. Compas que no entendieron (y ya no lo entenderán, ya se les hizo tarde) que tu llamado en 1997 no fue una oferta electoral sino una invitación a la acción. Traduzco: gente que no comprendió que en aquel 1997 tú no nos prometiste hacer una Revolución, sino que nos invitaste a hacerla juntos. Panas queridos que reclaman: "La Revolución me falló porque hay huecos en la calle, hay delincuencia, la escuela se está cayendo, el hospital no funciona, hay apagones", y a quienes toca gritarles en la cara: "Bueno, marico, pon a funcionar con tu gente los comités de Seguridad, Obras, Salud y Contraloría". Pero no: parece que no hemos superado la etapa infantil esa en la cual el Gobierno debe resolver esos y otros problemas mientras nosotros nos vamos de rumba o nos acostamos a dormir.
Nos la pasamos clamando por gerentes eficientes, por soluciones del Estado y las Corporaciones, y no nos percatamos de que tu propuesta consiste en ir prescindiendo de las Corporaciones y del Estado e ir construyendo gobiernos comunales en cada barrio, en cada caserío, cuadra y edificio.
Gente nuestra, y mucho pueblo antichavista, que no logró entender algo esencial: que el meollito del asunto, el cogollo central de todo ese peo de mantenerte en Miraflores, no consiste en el solo hecho de tener a alguien que nos gobierne sino que (maldita sea, por qué ha sido tan difícil entenderlo):

NOS PERMITE Y NOS INVITA A GOBERNARNOS

Pero no, el coñisimo e la madre: preferimos seguir creyendo que la Revolución se hace en Miraflores y no en la puta calle, el puto lugar de trabajo, el puto lugar donde estudiamos y bregamos: donde hacemos vida.
Muchos de nosotros siguen creyendo que la idea de volver a ganar gobernaciones y alcaldías es fortalecer esas instancias de Gobierno y de Poder. Se les hizo tarde (insisto): nunca entenderán que la idea de poner en esos espacios a chavistas leales no es atornillarlos en esos cargos sino fortalecer a los espacios que los sustituirán poco a poco a lo largo del siglo: las Comunas.
Tan vivos que parecemos y no nos damos cuenta de que para seguir dando pasos revolucionarios es preciso 1) ganar o conservar espacios de poder, y 2) evitar que los ricos y sus aliados instrumentales accedan a esas instancias. Pero que eso no significa de ninguna manera que el proyecto chavista consiste en tener un día todas las gobernaciones y blindarlas para hacerlas eternamente chavistas e inconmovibles. Nos ha costado mucho trabajo, camarada hermano, comprender que para construir una sociedad es preciso demoler la que hay, y que eso es un trabajo lento y de generaciones, pero que hay que visualizar ya: ¿cómo mother fucker vamos a ir hacia un Estado Comunal si antes no destruimos las instancias del estado burgués?
***
Sospecha: hay compas que creen que si algo no ocurre a nivel nacional entonces no es revolucionario. Que sólo cuando un Gobierno destruye a los empresarios hay Revolución.  Hace poco les mostraba a unos señores intelectuales marxistas uno de los ejemplos reales de construcción de una comuna, actual y vivo en la comunidad campesina de El Zancudo, estado Apure (tracciondesangre.blogspot.com/2012/09/historia-de-una-gente-una-laguna-y-unas.html) y les mereció desprecio: les pareció que es un caso microscópico que no acabará con el capitalismo; esto, porque desdeñan el impulso humano de difusión, reproducción y mejoramiento de experiencias. Creen que nada puede mejorarse, que todo nace y se momifica para siempre. Ellos creen que después de Lenin ya no hay más historia, que todo tiene que ser como la URSS o es reaccionario. A la formidable experiencia revolucionaria de El Zancudo la llamaron experiencia hippie. Es normal: los intelectuales burgueses, incluidos los que cobran por leer y repetir libros de Carlos Marx, nunca sabrán cuál es la diferencia entre un hippie y un campesino. Desconocen el país y al pueblo que pretenden gobernar, y pretenden someterlo a un presunto "experimento científico" contenido en manuales decimonónicos y no en nuestra realidad objetiva.
***
Te decía que entre las cosas que se nos han hecho difíciles, compa, está esa de acostumbrarnos a la idea de que algún día (en 2013, 2068, 2115 o 2342) ya tú no vas a ser Presidente de la República y sin embargo la Revolución debe continuar. Y más: algún día el antichavismo proyanqui volverá a retomar el control de ese Estado burgués que hemos tardado en demoler (porque el signo de nuestra revolución es la lentitud) y sin embargo los revolucionarios que estemos o estén vivos para cuando eso ocurra deben o debemos mantener viva la llama de la Revolución venezolana. Porque la Revolución no es una gestión de Gobierno: la Revolución es la lucha contra los mecanismos, estructuras, individuos, conductas y factores que quieren mantener vivo el capitalismo.
Hoy es relativamente cómodo hacer la revolución o sentir que uno anda en eso; pero llegará el momento en que hacer la Revolución será tan trágico como lo fue antes aquí y como lo es en otros lugares del planeta: una misión dolorosa, criminalizada, perseguida, proscrita; por hacer la Revolución nos buscarán los cuerpos de "seguridad", nos allanarán, encarcelarán, desaparecerán. Para un compañero lo suficientemente afortunado o distraído la noción hacer la Revolución puede significar hoy algo cómodo, bien visto y a veces remunerado. Vendrá el momento en que esa noción olerá a sangre y a tragedia. Pero habrá que seguir haciéndola. Ya no tendremos a VTV ni a los medios del Estado difundiendo nuestras pequeñas gestas comunitarias sino señalándolas como peligrosos gérmenes de comunismo y el terrorismo; ya no tendremos funcionarios aliados sino enemigos aplastantes. Imaginemos a Globovisión reproducido y multiplicado en las señales de VTV, Telesur y Vive: contra eso deberemos pelear. Ya se verá cómo, pero habrá que hacerlo.
***
En este momento de rumores e incertidumbre yo mantengo las dos o tres reflexiones que vengo haciendo desde 2006, en el sentido de que tú no tienes que inmolarte ni seguir alimentándonos la idea de que serás nuestro presidente por toda la eternidad. Por ahí asomaste la posibilidad de que Nicolás Maduro te suceda en la Presidencia; creo que como medida para evitar que un cachorro ultraderechista proempresarial está bien. Ya veremos si Nicolás pasa las pruebas del temple, la habilidad y el apego al proyecto, pero de momento no tendré problema en difundir la convocatoria a darle el mandato al camarada, para evitar que Estados Unidos regrese por lo que considera suyo.
***
Estos son los titulares: estás en la pelea, en tu pelea, en la que te juegas la vida. Ocúpate de ella, nosotros mientras tanto nos ocupamos de los bichos equivocaos que andan zamureando en estos días. En esa dramática alocución en la que le diste el espaldarazo a Nicolás demostraste el coraje y el sentido común suficientes para plantearlo como cosa posible: compa, si el cuerpo te pide descanso dale descanso, ya no tienes ninguna obligación con nosotros ni con nadie. Te prefiero vivo y en el chinchorro que anhelas, con la brisita llanera taladrando el mosquitero, y no sacrificándote por nosotros, que ya bastante grandecitos estamos. ¿Y la derecha que querrá venir por ti para hacerte pagar tu lealtad al pueblo? Después te cuento la sorpresa que les tenemos.
Mientras tanto, no tienes que seguir haciendo el papel de Padre nuestro, que no lo eres: tú eres hijo de este pueblo, y eso contiene una hermosa noticia: así como te parió a ti, este pueblo ha parido y seguirá pariendo carajos y carajas más arrechos y arrechas que tú. Puede que tardemos décadas o siglos antes de ver a otro de esos hijos formidables en la Presidencia de la República. Pero mientras la Historia nos lleva de nuevo a ese momento luminoso tus hermanos nos miraremos unos a otros, nos reconoceremos en esa hermandad que da la lucha de los pobres, y entonces te descubriremos multiplicado por muchos; con la autoestima alta, limpia y purificada por estos años de rebelión, nos asomaremos en ese espejo venezolano y te veremos, Chávez, reproducido en el carajito jodedor de la escuela, en la vieja que hace el mercado y regresa al rancho reventada de várices; Chávez en el jugador de truco y bolas criollas que en cada frase suelta chorros de ingenio y risotadas; Chávez en los cantores y raperos que proliferan tanto como sus coplas, líricas y versos; Chávez en la rebelión del taxista y el motorizado que en la rabia de su caos anuncian tempestades; Chávez en la tristeza de la puta y en los pequeños éxitos del ama de casa; Chávez en el albañil y en el que siembra la tierra; Chávez en los pescadores, artesanos y curanderos; Chávez en la música, en los vagos y nómadas; Chávez en la pobreza que generará otros Chávez; Chávez en las religiones blancas y en las de la resistencia; Chávez sentado en el anca de la danta y abrazado a la cintura de María Lionza, Chávez en el malandro y en el que estudia porque cree que en los libros está la salvación contra la ignorancia; Chávez en nuestras equivocaciones, contradicciones y aciertos; Chávez en todos nosotros, los que ya más nunca abandonaremos las calles.

viernes, 28 de diciembre de 2012

El peligroso vendedor de cambures que la DIM arrestó en Altamira de Cáceres

Oírlo en la voz de Rafael Martínez Arteaga (El Cazador Novato) es uno de esos acontecimientos que no se olvidan. Me tocó escucharlo (y lamentar no haber encendido una maldita cámara o grabador) en ese bonito pueblo que en la alborada del estado Barinas fue su primera capital.
***
Se lo llevaron unos amigos de Barinas: un tipo flaco y jipato que respondía al nombre de Diego. La casa de Rafael Martínez, El Cazador Novato, es de esas que permanecen abiertas a la espera de amigos, conocidos y curiosos. Este Diego no entraba en ninguna de esas categorías, pero bastó una conversa de pocos minutos y la declaración de que él y su esposa querían un espacio suficiente para dormir y dedicarse a trabajar la tierra, y Rafael les indicó un cuarto detrás de su casa, allá en el sector La Quinta, a un par de kilómetros de Altamira de Cáceres. Diego y su mujer echaron un ojo y eso fue todo: el Cazador tenía nuevos vecinos (y no sólo inquilinos). 
Para completar el cuadro y la entrada en armonía, el Diego (quien se presentó como abogado ecuatoriano) resultó ser cantor y compositor. Muy buen cantor y mejor compositor. El Cazador, quien carga encima la fama esa de escopetero sin puntería, pero que cuando le pone el ojo y el oído a un cantor éste termina convirtiéndose en cantante fundamental, emblema o leyenda de la canta llanera (Reynaldo Armas, Dámaso Figueredo, Reyna Lucero, docenas más) todavía hoy se lleva la mano a la nuca cuando se acuerda de las melodías que su nuevo vecino le sacó a la garganta y a la guitarra: "Yo me preguntaba de dónde había salido ese señor y por qué no estaba sonando en todas las radios. Tenía a Alí Primera en un pedestal y componía varias canciones al mes".
Lo otro que conmovió al Cazador fueron las reflexiones y análisis políticos del visitante. Cualquier tema o comentario simple sobre las relaciones entre Colombia y Venezuela que se ponía en la mesa, el Diego la desmenuzaba en mil fragmentos que al juntarse daban cuenta de un rompecabezas geopolítico complejo pero clarísimo. El Cazador le mostraba una enredadera en el monte y el otro la picaba en trocitos y detrás aparecía la selva completa. "Y por qué este carajo que sabe tanto se vino a este pueblo a pelar bolas", seguía preguntándose el Cazador. Mala puntería. Más de una vez Diego le preguntó a su anfitrión qué opinión le merecía la guerrilla colombiana. El Cazador se lo decía claramente: "Me gusta más la revolución que estamos haciendo en Venezuela. Aquí no necesitamos secuestrar a nadie para hacer la revolución". Diego escuchaba y guardaba silencio.
Los demás vecinos de La Quinta también se fueron convirtiendo en asiduo auditorio para oírlo decir sencillos y complejos discursos, y cantar. Otro dato insólito: su sencillez, la forma en que se ganaba la vida: recogía los cambures de un conuco que él mismo trabajaba dentro de la parcela del Cazador, y los subía a la orilla de la carretera para venderlos. Con el producto de esa venta iba a Altamira y compraba alimentos para él y su mujer en Mercal. A veces la venta de los cambures no le alcanzaba para comprar para todo el mes y el Cazador le completaba o le prestaba el dinero que le faltaba. "Ese conuquero era muy trabajador y muy inteligente, yo lo ayudaba con mucho gusto". Varios meses tuvieron para compartir saberes y canciones.
***
Rafael Martínez, El Cazador, nos muestra la habitación para completar una imagen que no se puede decir con palabras: "Aquí vivía Diego con su mujer. Con esto se conformaba ese hombre para vivir. De aquí se lo llevaron de madrugada". Un cuarto de 4 por 6, una cama, un estante y a un costado un túnel por donde baja el agua cuando llueve. Un cuadro que uno llamaría pobreza si no conociera la diferencia entre ésta y la humildad.
La madrugada de la que habla el Cazador Novato es la del 31 de mayo de 2011. Ese día llegaron dos camionetas Hilux y de ellas se bajaron diez hombres con armas automáticas. Entraron a la casa, dieron con la pequeña habitación donde dormían el conuquero y su mujer y se los llevaron. El Cazador estaba entonces en Barinas pero su hermano le contó todo; a la mujer la soltaron en el puente, a unos kilómetros del pueblo, con las manos atadas a la espalda con alambre. Al día siguiente comenzó a difundirse por Internet la noticia de que la División de Inteligencia Militar había capturado a un guerrillero de las FARC en Barinas. Más específicamente en Altamira de Cáceres. Exactamente: en el cuartico trasero de la casa de Rafael Martínez, El Cazador Novato. Y el guerrillero capturado era conocido por su alias, Julián Conrado.
***
Días después los cuerpos de seguridad del estado le hicieron una visita domiciliaria al Cazador. Le hicieron varias preguntas, respetuosamente y sin violencia por tratarse de un personaje importante de la cultura llanera. Él respondió todo con franqueza y claridad. No sabía que Diego se hacía llamar Julián Conrado ni que era guerrillero. Hasta que le hicieron la pregunta que parecía crucial:

--¿Usted sabe la clase de problema en el que está metido?
--No sé, dígamelo usted.
--Usted tenía escondido en su casa a un fugitivo de la justicia colombiana.
--Bueno -ripostó el Cazador-, entonces dígame una cosa. ¿Ese señor estaba armado cuando lo capturaron?
--No, no estaba armado.
--Ah bueno, entonces no tengo ningún problema, porque yo estaba cumpliendo con una orden del comandante Chávez: soldado de cualquier fuerza regular o irregular que ingrese al territorio necesitado de ayuda médica o humanitaria, estamos en la obligación de dársela.

Desde entonces ya nunca más han vuelto a la casa del Cazador Novato.

Libertad para Julián Conrado

domingo, 25 de noviembre de 2012

Unas crónicas viejas para un libro actual

Foto: Gustavo Borges

_________________
La joven editorial Senzala acaba de editar una recopilación de mis crónicas de sucesos, aquellas que publicaba al borde final del siglo pasado en los diarios rrrrrevolucionarios El Nacional y El Mundo. Se llama Guerra nuestra. Crónicas criminales. Como objeto artístico el libro es una belleza, un trabajo formidable de Aarón Mundo, Yanuva León y otros; el libro está lleno de ilustraciones, viñetas y señalizaciones, y en general el diseño tiene el gancho de la novísima forma de mostrar, la nueva escuela de hacedores de objetos editoriales. A ellos, gracias. Es un libro digno de mirarse.
Sobre el contenido del libro no puedo sino reafirmar que le hace honor al subtítulo o título complementario mencionado arriba: esas crónicas son criminales. Es decir, son coñoemadres, por varias razones. Algo de eso digo y explicvo en la presentación o introducción del volumen, este texto que copio a continuación.
Es un texto es de agosto de 2011, momento en que le entregué el libro a la editorial. En este año y piquito no ha cambiado nada mi percepción de esos temas. O al menos eso creo.
Dice la introducción: 
_________________

Lo que cambió. Lo que permanece.

Hace doce años, en ocasión de la primera edición de un puñado de estas crónicas (este puñado, con otras más y otras menos) quise poner el énfasis en un ejercicio de autocrítica. Admitía, en la nota introductoria, el carácter perverso inherente al hecho de que yo, para ese entonces reportero de sucesos (primero de El Nacional y luego de El Mundo) me ganaba un sueldo por contar historias del dolor y la tragedia cotidiana de un país. Un párrafo más abajo pretendí compartir con los lectores (o más bien echarle a éste, es decir, a usted) la responsabilidad de esa perversión: sucede que si a algunas personas les pagan para que investiguen y escriban sobre casos dramáticos y terribles es porque hay un público que busca desesperadamente, consume y disfruta esas narraciones. Oferta dominical: pesadillas de mayor o menor calado, padecidas por otros.
He resaltado un verbo en el párrafo anterior; ese verbo da la clave de las perversiones citadas y de las originarias. Nos matamos y dejamos matar, soportamos y perpetramos crueldades; convertimos la desgracia en espectáculo y objeto para el entretenimiento, porque vivimos en una sociedad donde todo es mercancía, todo se compra y se vende y tiene un precio. Todo: desde la vida hasta la muerte, pasando por el periodismo, el sexo, la cultura, el derecho a leer, a oír música, a querer saber cómo y por qué asesinaron a una o más personas. Uno no lee: uno consume contenidos. He leído una y otra vez todo cuanto afirmé en aquel texto de presentación y no reniego de casi nada.
Sin pretender enmendar conductas o expiar culpa alguna, quiero rescatar de estos ejercicios periodísticos (y, según dicen algunos, literarios) el carácter de denuncia de una realidad espantosa, en la cual la violencia criminal corre a la par de la descomposición de un sistema. Y aclarar, sin ninguna reserva, que estoy consciente de que esa realidad ha sufrido algunas modificaciones pero es en esencia la misma. La delincuencia más monstruosa es la que acumula dinero y poder y esclaviza grandes masas de expoliados, pero el Estado prefiere invertir todos sus esfuerzos en aplacar la otra delincuencia: la que conforman simples ciudadanos neurotizados y salidos de madre, a causa de la entronización de una cultura de la competencia y la destrucción del débil. ¿Usted quiere ser o sentirse o ser reconocido como exitoso? Pues vaya y joda a algún güevón, que todos los días sale a la calle uno y el que lo agarre es suyo.
A pesar del discurso social que ha convertido en bandera el Gobierno de Hugo Chávez, y del gigantesco salto adelante en materia de reivindicación del pueblo excluido que estamos experimentando en este país, en las calles continúan patrullando sujetos “formados” en una de las misiones más abominables del Estado burgués: reprimir al ser humano pobre para que los individuos de las clases medias y altas tengan tranquilidad. Un policía es una persona pobre a quien le han inculcado la siguiente instrucción, sin decírsela expresamente: “Cuando veas a un tipo como tú (negro, pobre, mal vestido, con una dicción y un tono que hiera el oído de la ‘gente de bien’) pídele la cédula, déjalo detenido: jódelo”.
Al momento de redactar estas líneas está en proceso de creación la Policía Nacional Bolivariana. Otra filosofía parece mover a sus creadores, y los parámetros de formación suenan bien en el papel. Aplaudiré esta iniciativa cuando vea en acción a los nuevos funcionarios, perciba en ellos una real vocación de servicio y respeto hacia la gente pobre, y  los vea humillar y encarcelar, en palmarias y públicas acciones ejemplarizantes, a los delincuentes mayores: a los empresarios esclavistas, a los expoliadores, a los intocables de siempre.
***
Van tres anotaciones al margen.
*En el momento de escribir estas crónicas, y al realizar aquella primera recopilación del año 2000, “se me escaparon” algunos detalles que ahora percibo con más nitidez. Uno, la cantidad de femicidios que reseñé, en distintas variantes: la golpiza doméstica, el ataque a tiros, la destrucción sicológica, la mala praxis médica. La forma en que abordé uno de esos asesinatos me mueve a una disculpa pública, que encontrarán en el epílogo de este volumen bajo el título genérico El engañado: dos crónicas y media. Si a alguna persona quiero dedicarle este y otros esfuerzos reporteriles es a Carolina Rodríguez Fernández (1971-1995), muchacha cuya vida fue truncada en circunstancias que no quiero repetir acá. Al final está mi explicación de todo el asunto.
*Tampoco había tenido suficiente serenidad para darme cuenta del contexto temporal en que se desarrollaron estos sucesos. Salvo tres de ellos, los casos acá expuestos ocurrieron en un momento en que Venezuela transitaba de una a otra etapa de su proceso histórico: abandonaba la administración del Estado una concepción del poder y de la democracia, y otra radicalmente distinta se disponía a sustituirla. Estas son crónicas de la muerte de una sociedad nauseabunda, y eso por alguna razón deja espacios para la esperanza: las sociedades cambian. En el caso de Venezuela, donde hemos descubierto la eficacia política de la lentitud, esperamos que sea para mejor.
*Los individuos también cambiamos. He revisado el tono y las claves del discurso que utilicé hace doce años y un poco más, y me he sorprendido regodeándome en elementos que hoy no celebraría, o que pensaría muy bien antes de exhibir: hay aquí un desparpajo y una frescura que celebro, pero también algunas referencias xenofóbicas y chistes misóginos, todos prescindibles y gratuitos. Allí los dejo, tal como los escribí a finales de los 90, porque ocultarlos equivaldría a mentir diciendo que nunca me equivoqué, que nunca fui impertinente ni injusto, que a mis treinta y tantos años tenía la misma visión del mundo que tengo ahora; y que, por lo tanto, nunca tuve oportunidad ni necesidad de mejorar o crecer en conciencia.

JRD, agosto de 2011