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lunes, 4 de enero de 2021

Raíz de mato (reposición)

Natividad Canelón, mi mamá, es una palabrera nata, cuentacuentos, conocedora de caminos, personas, animales, montes y yerbas de las que curan y las que matan; descendiente de encantadores y fantasmas, dueña, además y por todo lo anterior, de una chispa para el relato oral que ya quisiera yo (aunque sea prestada) para el relato escrito. Ya antes he reseñado algo de su origen y de su magia:

Esta última vez la excusa fue que logré grabar en video su relato oral de una guerra de especies, que se repite seguramente miles de veces a la semana o al día en los montes de América, pero que no todo el mundo ha tenido el honor o el espanto de presenciar en persona. Se lo había oído antes y tuve la ocurrencia o el tino de escribir una versión escrita de ese testimonio (revista Épale Ccs, julio de 2017). Aprovechando el inicio de este nuevo año le pedí que me volviera a regalar esa narración (estos malos hijos, siempre utilizando a sus viejas, pidiéndoles los cuentos y arrullos que los tranquilizan).

Les debo el video completo; esta es apenas mi excusa para reanudar las publicaciones de este blog, interrumpidas en 2018.

Dice el cuento (mi versión escrita):

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Abunda en Venezuela un reptil robusto, lagarto espectacular que el ojo no entrenado pudiera confundir con una iguana. Lo llaman mato de agua y también mato huevero, por su inclinación gastronómica a los huevos de las criaturas que dejan solos sus nidos. También se come algunos animales pequeños. Por ejemplo, a las mapanares recién nacidas o muy jóvenes.
La mapanare es otro reptil que abunda en Venezuela, tiene un mal humor del coñísimo (es la serpiente que más gente ataca y mata en toda América), sobre todo cuando alguien se mete con sus hijos. El conflicto ancestral de mato versus mapanare produce enfrentamientos y situaciones insólitas.
Cuando un mato y una mapanare adulta se encuentran comienza la danza de la muerte. La culebra ataca, el lagarto esquiva, a veces agarra a la culebra (ventajas de tener manos) y le mete unos mordiscos que rompen, desgarran, pero no es fácil inmovilizar a una culebra en actitud de ataque. En algún momento de la batalla el lagarto se agota, pierde energía y velocidad y entonces la mapanare lo muerde. Los pertrechos de la mapanare contienen de 1,5 a 3 mililitros de un veneno potente y corrosivo que le ha dado el sobrenombre a la serpiente en algunos países: pudridora. La mapanare te muerde y en 4 minutos ya tienes muerto y ennegrecido el tejido del miembro donde te mordió. Si ese líquido destructor llega a penetrar el flujo sanguíneo queda poco por hacer. Medio mililitro de esa toxina basta para matar por asfixia y necrosis múltiple a un ser humano de 95 kilos o menos. El lagarto no llega a pesar nunca 3 kilos. Pero cuando la culebra lo muerde no termina la pelea: ahora es cuando comienza.
El mato ha recibido una dosis mortal para cualquier ser que no tenga al alcance un laboratorio que le proporcione suero antiofídico. Pero resulta que el mato tiene uno, y lo tiene bien cerca por cierto (güevón que fuera, para ponerse a pelear con una loca de esas lejos de su farmacia). El mato abandona la pelea y va a buscar una planta que el saber popular ha llamado raíz de mato. Escarba, muerde la raíz y se chupa un jugo amargo que contrarresta el efecto del veneno. Espera unos minutos; la culebra está allá aguardando por el segundo round de la pelea. El lagarto regresa recuperado y se reanuda el combate. Vuelve a producirse la coreografía mortal; la culebra es mordida y, al cabo de un rato, el lagarto también. Corre de nuevo el mato tras su elíxir de la vida, la serpiente espera engrinchada pero paciente, inmutable en su furia; la pulsión de muerte permanece en su sangre, como hielo en el hielo. Esa frase no es mía, maldita sea; la escribió Gustavo Díaz Solís.
La escena se repite varias veces. La norma es que triunfe el mato y despedace a la mapanare, pero a veces el cuerpo del lagarto no resiste y la culebra destruye al asesino de sus hijos.
La raíz de mato es usada ancestralmente como antídoto contra las mordidas de animales ponzoñosos por varios pueblos de la tierra. La llaman de varias formas según los países y culturas. Y así se llama un pueblo ubicado allá donde Barlovento empieza a flirtear con los confines del Waraira Repano.

 

viernes, 27 de mayo de 2016

Formación para todo combate, o muerte


Hace unos días decidí romper una especie de promesa personal, consistente en no volver a aceptar invitaciones donde se me anuncia como ponente, conferencista y mucho menos como "experto" en algún asunto. A alguna gente se le da muy bien este rol, le queda bien y (porque) lo disfruta. A mí, francamente, me incomoda, me hace sentir poco sincero conmigo y con los demás.

Anotación para los hipersensibles: no he dicho que para ser alguien honesto, sincero y revolucionario en la vida sea un requisito negarse a ser conferencista o a dar conferencias. Tan solo hablo de mi decisión y mi sentir personal; hay buenos conferencistas, conferencistas buenagente, conferencistas importantes y lúcidos, conferencistas revolucionarios. Yo vengo a hablar de mi caso y mi circunstancia: después de tanto echarle mierda a ese ser despreciable que es el "experto", ese estúpido casi arquetípico a quien presentan como sabio o conocedor de todo cuanto hay que conocer, y casi siempre se lo cree, no voy a venir yo a querer ser esa mierda, y mucho menos a aparentar que lo soy.

Por cierto que no siempre fue así. Hace diez años, y tal vez un poco menos, yo aceptaba asistir a cuanta conversa, encuentro o programa de radio y televisión sobre Comunicación y Medios me invitaran. Hasta que me percaté de algo maravilloso: entre las personas a quienes tenía de "público" siempre saltaban unas cuantas que sabían más que yo de ese tema, que mucha gente supone que es el que mejor domino, y de paso lo exponía más sabrosa y didácticamente. Así que poco a poco empecé a sacarles el cuerpo a esas cosas que llaman charlas, conferencias, ponencias, simposios, cátedras, clases magistrales o de las otras, al principio haciéndome el pendejo, luego aprendiendo a mentir diciendo "No puedo, tengo a mi perra enferma", y después diciendo francamente por todo el cañón que no quiero. Simpático nunca he sido, así que no me ha incomodado para nada que cada vez me inviten menos para ese tipo de eventos.

Creo que si un grupo de gente va a invertir su tiempo en una actividad o encuentro con alguien que sabe o dice saber mucho debería salir de allí con algo concreto en las manos. Cuando el invitado especial es un coñastre que se ha pasado la vida devorando libros y no ha hecho un coño con las manos, pues al final del encuentro la gente se irá para su casa con las manos vacías, y con la mente y el estómago vacíos también (no suelen dar comidas en esos actos).

De modo que, de un tiempo para acá, las invitaciones que suelo aceptar son sobre temas y ramas del saber que refieran a experiencias físicas y productivas (agricultura, construcción, gastronomía), útiles o tan siquiera divertidas; a sesiones en las que aportaré unos gramos de las cosas que sé y seguramente algún objeto material que ofrecer, y a cambió saldré enterado de al menos una cosa que no sabía. Intercambios de saberes e ignorares, pero con la condición de entregar algo físico o al menos útil para una aplicación práctica y real de ese presunto saber: eso me gusta.

Decía entonces que en estos días traicioné esa decisión de no volver a dictar charlas de nada, y fue porque los convocantes de esta vez fueron vecinos y compañeros comuneros, y porque la temperatura del momento actual hace casi imposible sostener conversaciones que no terminen en análisis crudos y contundentes sobre lo que ha pasado, sobre lo que está pasando y sobre lo que vamos a tener que hacer en Venezuela. Acepté entonces ir a participar como facilitador (qué más da) en un taller de formación dirigido a los Círculos de Lucha Popular (CLP) y las Unidades de Batalla Bolívar y Chávez (UBCh)de la Comuna en la que vivo, pero me llevé en la mente un cochino plan: yo no iba a ser facilitador de nada sino complicador o problematizador.

Les propuse una introducción provocadora: la lectura en voz alta de un artículo que al chavismo de chapa y carnet suele arrecharle mucho (Este: http://tracciondesangre.blogspot.com/2012/10/y-entonces-que-cono-es-una-revolucion.html), comentada y enfatizada para jurungarles la llaga, y luego otra dinámica un poco rara: yo les hacía preguntas o reflexiones sobre lo que está pasando en el país y sobre lo que deberíamos ir preparando de cara a las peleas del futuro cercano. Una especie de entrevista colectiva, pero no de varias personas entrevistando a un sujeto, sino de un sujeto entrevistando a un montón de gente humilde, campesinos e hijos de campesinos, algunos más politizados y discurseadores que otros, y al final resultó lo que tenía que resultar: una discusión dura y a ratos amarga sobre lo que viene. Y dos documentos: uno que haremos público en el periódico comunero “Piedemonte”, y otro más o menos confidencial, una especie de informe de los comuneros de nuestro territorio a las autoridades del PSUV (los talleristas son todos militantes del PSUV, cosa que yo no soy), sobre el funcionamiento de las estructuras de base y el poder popular, y algunos datos locales sobre los movimientos de la derecha; datos importantes pero locales.

Más abajo hablaremos de situaciones actuales y concretas; antes, haremos un resumen de lo que aportó el pueblo del piedemonte en esa sesión de autodiagnóstico. Tomar en cuenta, por favor, que esta es una Comuna en la que el chavismo ganó con 57 por ciento de los votos el pasado 6 de diciembre, cuando en el resto del país sufríamos una aplastante derrota.

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Lo que contienen los dos documentos generados en el mencionado encuentro es, simplificando un poco las cosas, el análisis y la visión que tiene el chavismo sobre sí mismo y sobre los procesos (violentos y de los otros) que se avecinan. Las líneas maestras del discurso aportadas por estos camaradas en pleno proceso de formación fueron más o menos las siguientes:
-Si la burguesía impone leyes contra el pueblo, habrá que rebelarse contra ellas. Arriesgarnos a convertirnos en ilegales y clandestinos si nos imponen leyes contrarrevolucionarias.
-La crisis ha dejado en evidencia quiénes somos revolucionarios y quiénes se han rendido o están a punto de rendirse; entre los revolucionarios auténticos hay gente que PARECIERA NO TENER FORMACIÓN (anoten esta expresión) mientras que otros que daban buenos discursos son incapaces de movilizarse si no le garantizan logística.
-La crisis nos ha obligado a: crear, producir, valorar lo que tenemos, activar la conciencia. Aunque nos ha arropado el facilismo porque “Papá Gobierno” nos ha garantizado todo y siempre es más fácil comprar que sembrar, aquí queda la memoria de las antiguas huertas, que ahora llaman huertos, y la gente está volviendo a entender que aquí se da de todo.
-Si la derecha está cogiendo oxígeno, ¿dónde está el pueblo que ha recibido beneficios de la Revolución? En vez de apoyar a los camaradas que trabajan gratis para traer mejoras a las comunidades los reciben con piedras.
-Habrá conflictos nacionales y seguiremos leales al PSUV al Gobierno, pero cuando lleguen los peores momentos las decisiones tendrán que tomarse en las comunidades sin consultar líneas ni instrucciones de las autoridades de Caracas. Somos Poder Popular, y el pueblo sustituiría al partido, que somos nosotros mismos.
-Seguiremos siendo revolucionarios, incluso si llega el momento de que el chavismo deba entregar el gobierno nacional.
-Cuando uno está a punto de entregarse y no seguir peleando uno lo que tiene que recordar es su origen: somos gente humilde y campesina como nuestros viejos, y nuestros viejos no se murieron de hambre. También tuvieron esa montaña donde irse a resistir cuando el ejército vino a reprimirlos. Ese es el ejemplo que deberemos seguir.
-Es preciso volver a la vieja forma de producir y cocinar alimentos, porque de esa manera el fascismo no nos podrá acorralar. Volver a la arepa de maíz para no depender de la harina industrial, que no es maíz ni sabe a maíz. El capitalismo nos arrebató esa cultura y por eso nos tienen sometidos.
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Esa Comuna cuyo chavismo organizado diserta y debate de esa forma sobre su situación entró en situación de alerta o de conciencia activa hace tres meses, cuando el precio de las caraotas rebasó por primera vez la barrera de los mil bolívares. Resultado: en un mes habrá sobreproducción de caraotas porque mucha gente se puso a sembrar (incluso alguna que nunca lo había hecho o no tenía previsto hacerlo), y ahora el único problema será movilizare el producto para venderlo fuera de la parroquia y el municipio. Precisamente al chavismo de esta Comuna le dije al final de la conversa-reunión: lo que ustedes dicen y hacen me hace imposible decir o tan siquiera pensar que yo vine a formarlos, porque de este territorio estoy obteniendo más conocimientos y claves para la vida que los que estoy en condiciones de aportar.

En este momento, entregado como estoy al aprendizaje del oficio más noble que puede aprender un ser humano, que es la agricultura, me siento seguro de tener de vecinos a los mejores maestros; a una gente que a simple vista PARECIERA NO TENER FORMACIÓN, pero que a la hora de la verdad son capaces de analizar y diseñar planes de acción en un papel o en una discusión, y además en la vida práctica y cotidiana.

¿Parecieran no tener formación? Si seguimos permitiendo que la convención burguesa nos estafe con el mito de que formarse es solamente leer, pues sí, consideraremos gente sin formación o poco formada a aquellos camaradas que no son capaces de dar grandes discursos en público ni de recitar pasajes de libros clásicos, manuales o mamotretos ladillas. En mi caso particular, hace rato dejé de mirar o escuchar con veneración a los fósiles del conocimiento, esos “expertos” que hablan en nombre de los obreros sin haber pegado nunca un bloque, o en nombre de los campesinos o sin haber pasado una jornada de trabajo en el campo. Me quedo con mi gente: la que hace agricultura limpia sin andar citando a Fukuoka ni llamando pachamama a la tierra; la que no se dice experta en movimientos guerrilleros ni anda diciendo que es capaz de agarrar un fusil para defender a la patria, pero conserva intacta la memoria de sus ancestros cercanos, que sí tomaron ese fusil y defendieron la vida.

La formación para el revolucionario de estos tiempos que se avecinan tiene que ser integral: productiva, militar; formación en recuperación de la historia de los países y de la gente, formación culinaria y emocional, formación para la cura y la sanación del cuerpo e incluso de los territorios espirituales. La figura romántica del hombre del fusil fue destruida en los años 60 venezolanos porque esos combatientes se alimentaban mayormente de productos enlatados que les llevaban de las ciudades. Echar tiros te otorga un aura de sujeto valiente y glorioso, cómo no. Pero a la hora del hambre no vayas a esperar que te traigan la sopa.

Leer mucho y saber echar discursos es importante y hace que la idea de la rebelión se difunda. Hasta que llega el momento incómodo en que el dicurseador debe procurarse alimento, vivienda y seguridad. Y entonces tendrán sus esclavos y sirvientes que procurarle todo lo que no es capaz de hacer.

O nos formamos para el combate, en las muchas formas y escenarios del combate, o nos condenamos a ser expertos en dar explicaciones sobre las razones de la derrota.

miércoles, 30 de enero de 2013

La pequeña hazaña cotidiana de Las Uvitas

Yajuri Ruiz es la única docente que da clases en la Escuela Nacional Las Uvitas (dependiente de la Gobernación del estado Barinas), ubicada en ese sector de la parroquia Santa Lucía. Esto queda en el sur de Barinas, llano adentro; casi en Apure. Ella atiende a 14 niños que acuden a recibir clases entre primero y sexto grados. “En sectores cercanos yo sé de por lo menos 20 más que están en edad escolar pero en tiempo de lluvia no van a clases porque las condiciones de la zona se lo impiden”, dice.
Esta profesora se graduó en la Unellez en Educación Integral. Antes de graduarse ya daba clases, y cuando recibió su título, en lugar de irse del campo donde nació regresó para formar a los muchachos. “Esa escuela fue fundada en 1958; ahí estudiaron mi mamá y mis hermanas, mucha gente de la comunidad vio clases ahí. Ahora esa escuela está destruida, pero así mismo damos clases, entre los escombros”. El primer maestro de esa escuela fue un comandante guerrillero de nombre Rafael Buitriago. La pregunta: "¿Y por qué no le ponen el nombre de ese señor a la escuela?". Respuesta: "Porque para nosotros también es histórico el nombre de Las Uvitas" (oír abajo el audio con la explicación y la historia).
En esa zona, como en todo el llano, cuando llueve, llueve en serio, y el río Pagüey se desborda. “El Gobierno ha reparado esa carretera varias veces pero siempre vuelve a quedar destruida con las lluvias. Tampoco hay luz eléctrica”.
Relata la profesora que en tiempo de lluvias debe ir en burro desde su casa al plantel. Si usted no ha ido al llano en esta temporada no sabe lo que es una inundación; en esta zona la gente sí las vive, las padece y las enfrenta: “Tardo 40 minutos en llegar y a veces el agua me tapa todo el burrito. Hay niños que hacen recorridos más largos para ir a clases y no dejan de ir a estudiar. Pero para algunos eso es imposible, en época de lluvias no van a clases y eso es casi todo el año escolar”.
La situación laboral de la profesora también merece atención: lleva ya 8 años de servicio y todavía no le dan un cargo fijo. Sus ingresos son inferiores a lo que merece su esfuerzo. Ella forma parte de la comuna recién constituida “Victoria Popular Las Uvitas”, y tiene esperanzas de que esa estructura organizativa facilite las gestiones y trámites. Pero Misión Verdad (nuestro periódico barinés, donde publicamos originalmente esta nota) solicita para ella, su comunidad y su escuela urgente atención. Hay niños que están perdiendo clases y es hora de humanizar las condiciones en la zona antes que empiecen otra vez las lluvias.

Aquí, parte del audio de la conversa (26 de febrero de 2013) con Yajuri y el señor Melquíades en La Castrera (Santa Lucía, Barinas):

viernes, 28 de diciembre de 2012

El peligroso vendedor de cambures que la DIM arrestó en Altamira de Cáceres

Oírlo en la voz de Rafael Martínez Arteaga (El Cazador Novato) es uno de esos acontecimientos que no se olvidan. Me tocó escucharlo (y lamentar no haber encendido una maldita cámara o grabador) en ese bonito pueblo que en la alborada del estado Barinas fue su primera capital.
***
Se lo llevaron unos amigos de Barinas: un tipo flaco y jipato que respondía al nombre de Diego. La casa de Rafael Martínez, El Cazador Novato, es de esas que permanecen abiertas a la espera de amigos, conocidos y curiosos. Este Diego no entraba en ninguna de esas categorías, pero bastó una conversa de pocos minutos y la declaración de que él y su esposa querían un espacio suficiente para dormir y dedicarse a trabajar la tierra, y Rafael les indicó un cuarto detrás de su casa, allá en el sector La Quinta, a un par de kilómetros de Altamira de Cáceres. Diego y su mujer echaron un ojo y eso fue todo: el Cazador tenía nuevos vecinos (y no sólo inquilinos). 
Para completar el cuadro y la entrada en armonía, el Diego (quien se presentó como abogado ecuatoriano) resultó ser cantor y compositor. Muy buen cantor y mejor compositor. El Cazador, quien carga encima la fama esa de escopetero sin puntería, pero que cuando le pone el ojo y el oído a un cantor éste termina convirtiéndose en cantante fundamental, emblema o leyenda de la canta llanera (Reynaldo Armas, Dámaso Figueredo, Reyna Lucero, docenas más) todavía hoy se lleva la mano a la nuca cuando se acuerda de las melodías que su nuevo vecino le sacó a la garganta y a la guitarra: "Yo me preguntaba de dónde había salido ese señor y por qué no estaba sonando en todas las radios. Tenía a Alí Primera en un pedestal y componía varias canciones al mes".
Lo otro que conmovió al Cazador fueron las reflexiones y análisis políticos del visitante. Cualquier tema o comentario simple sobre las relaciones entre Colombia y Venezuela que se ponía en la mesa, el Diego la desmenuzaba en mil fragmentos que al juntarse daban cuenta de un rompecabezas geopolítico complejo pero clarísimo. El Cazador le mostraba una enredadera en el monte y el otro la picaba en trocitos y detrás aparecía la selva completa. "Y por qué este carajo que sabe tanto se vino a este pueblo a pelar bolas", seguía preguntándose el Cazador. Mala puntería. Más de una vez Diego le preguntó a su anfitrión qué opinión le merecía la guerrilla colombiana. El Cazador se lo decía claramente: "Me gusta más la revolución que estamos haciendo en Venezuela. Aquí no necesitamos secuestrar a nadie para hacer la revolución". Diego escuchaba y guardaba silencio.
Los demás vecinos de La Quinta también se fueron convirtiendo en asiduo auditorio para oírlo decir sencillos y complejos discursos, y cantar. Otro dato insólito: su sencillez, la forma en que se ganaba la vida: recogía los cambures de un conuco que él mismo trabajaba dentro de la parcela del Cazador, y los subía a la orilla de la carretera para venderlos. Con el producto de esa venta iba a Altamira y compraba alimentos para él y su mujer en Mercal. A veces la venta de los cambures no le alcanzaba para comprar para todo el mes y el Cazador le completaba o le prestaba el dinero que le faltaba. "Ese conuquero era muy trabajador y muy inteligente, yo lo ayudaba con mucho gusto". Varios meses tuvieron para compartir saberes y canciones.
***
Rafael Martínez, El Cazador, nos muestra la habitación para completar una imagen que no se puede decir con palabras: "Aquí vivía Diego con su mujer. Con esto se conformaba ese hombre para vivir. De aquí se lo llevaron de madrugada". Un cuarto de 4 por 6, una cama, un estante y a un costado un túnel por donde baja el agua cuando llueve. Un cuadro que uno llamaría pobreza si no conociera la diferencia entre ésta y la humildad.
La madrugada de la que habla el Cazador Novato es la del 31 de mayo de 2011. Ese día llegaron dos camionetas Hilux y de ellas se bajaron diez hombres con armas automáticas. Entraron a la casa, dieron con la pequeña habitación donde dormían el conuquero y su mujer y se los llevaron. El Cazador estaba entonces en Barinas pero su hermano le contó todo; a la mujer la soltaron en el puente, a unos kilómetros del pueblo, con las manos atadas a la espalda con alambre. Al día siguiente comenzó a difundirse por Internet la noticia de que la División de Inteligencia Militar había capturado a un guerrillero de las FARC en Barinas. Más específicamente en Altamira de Cáceres. Exactamente: en el cuartico trasero de la casa de Rafael Martínez, El Cazador Novato. Y el guerrillero capturado era conocido por su alias, Julián Conrado.
***
Días después los cuerpos de seguridad del estado le hicieron una visita domiciliaria al Cazador. Le hicieron varias preguntas, respetuosamente y sin violencia por tratarse de un personaje importante de la cultura llanera. Él respondió todo con franqueza y claridad. No sabía que Diego se hacía llamar Julián Conrado ni que era guerrillero. Hasta que le hicieron la pregunta que parecía crucial:

--¿Usted sabe la clase de problema en el que está metido?
--No sé, dígamelo usted.
--Usted tenía escondido en su casa a un fugitivo de la justicia colombiana.
--Bueno -ripostó el Cazador-, entonces dígame una cosa. ¿Ese señor estaba armado cuando lo capturaron?
--No, no estaba armado.
--Ah bueno, entonces no tengo ningún problema, porque yo estaba cumpliendo con una orden del comandante Chávez: soldado de cualquier fuerza regular o irregular que ingrese al territorio necesitado de ayuda médica o humanitaria, estamos en la obligación de dársela.

Desde entonces ya nunca más han vuelto a la casa del Cazador Novato.

Libertad para Julián Conrado

lunes, 10 de septiembre de 2012

Historia de una gente, una laguna y unas cachamas

  • Esto es una bofetada para quienes todavía no creen que en Venezuela hay una Revolución, o que no hay experiencias revolucionarias que mostrar. Y es también una sacudida ligeramente más cordial a quienes creen que sólo se puede ser anarquista leyendo a Bakunin, Proudhom y todo ese cementerio de europeos empaquetados en libros. El cuento revuelca por el piso algunos mitos que tienen que ver con la cría de cachamas. Según los sabios (académicos, tecnócratas, biólogos y demás etcéteras) en la materia, no se puede reproducir ni criar esos peces sino mediante una inversión millonaria, un método y una tecnología sofisticadísimas que sólo conocen los graduados en universidades y tal. Ya veremos qué están haciendo al respecto este montón de campesinos y soñadores.


¿Ustedes son arrechos?


La comunidad se llama El Zancudo. Queda en Apurito, municipio Achaguas del estado Apure. Allí viven 120 familias; unas 450 personas. Frente al núcleo más grande de casas de esa comunidad hay un préstamo (esos huecos enormes que dejaron las maquinarias al construir las carreteras llaneras, y que con el tiempo se llenaron de agua y se convirtieron en lagunas). Con los años esa laguna se fue cubriendo de vegetación y hacia 2010 ya casi no se veía el agua debajo de la capa vegetal. Los habitantes de vez en cuando limpiaban una parte de esa laguna y los muchachos se metían ahí para bañarse. Esa la única utilidad que le daba la gente de El Zancudo a ese "charco".
Hasta que Walter pasó por Apure y se encontró con Pedro Nieves, uno de los jóvenes que activan políticamente en El Zancudo. Pedro le contó de esa laguna, y le informó a Walter que había diez más en todo el caserío. Entonces Walter le dijo a Pedro:

--Dime algo. ¿Ustedes son arrechos?
--¿Cómo?
--Necesito saber si esta comunidad es arrecha. ¿La gente de aquí es capaz de echarle bolas a un proyecto comunitario?
--Claro que sí (Pedro, picao, no podía responder de otra forma).
--Bueno, vamos a hacer un trato: limpien esa laguna y yo les regalo unos peces para que los críen.

En dos meses la gente de El Zancudo cumplió con lo de la limpieza de la laguna y empezó a meterle presión a Walter para que llevara los pescados. "Epa, pero ya va: hay que esperar el ciclo de reproducción de las cachamas".
Hagamos un paréntesis para presentarles a Walter. Pero por favor, después de enterarse del factor Walter regrese al cuento de El Zancudo, que es más complejo y hermoso de lo que aparenta.
Coño, qué fastidioso es Walter.

Gente que trabaja gratis


Walter Lanz es un agroecólogo de toda la vida; es esa clase de gente que se enamora de cuanto tema contracultural, proyecto raro, lucha de los pobres o acción antisistema se consigue en la carretera, y ha andado suficiente país y carretera como para estar enamorado y activo todo el tiempo. Hace unos años conoció a un tipo tan emprendedor y enamorado como él de la otra sociedad. Ese señor se llama Genaro Díaz y tiene en su casa de Aroa (Yaracuy) una especie de laboratorio donde reproduce y cría unos pescados gordos llamados cachamas. Este es el dato raro que hermanó a esos dos sujetos: Genaro se ha dedicado por años a ese esfuerzo, y su punto de honor es que los peces que reproduce no están a la venta: el hombre se los regala a las comunidades que estén dispuestas a criarlos. Gente que trabaja gratis.
Walter aprendió con Genaro la técnica de la reproducción de cachamas y entre ambos crearon algo llamado Escuela Popular de Piscicultura. Digo algo, porque eso no existe ni como figura jurídica ni como estructura ni como nada, sino apenas como concepto y acción: usted va, le dice o le demuestra a Genaro que tiene dónde meter unos peces y Genaro le regala tantos alevines (pescados jóvenes) como quepan con holgura en su laguna, charco o pote acondicionado. Precisamente en Genaro estaba pensando Walter cuando le formuló aquella provocación a la gente de El Zancudo. 
Luego volveremos con Walter para que nos explique por qué es tan importante y revolucionario el ensayo de El Zancudo; por qué las cachamas en manos de las comunidades se están convirtiendo en un arma de creación espeluznante que asusta a académicos, técnicos y tecnócratas, economistas y sabios de todo pelaje.

El chapuzón

Finalmente, en octubre  de 2011, la gente de la comunidad recibió los alevines y los metió en la laguna. Freddy Cortés, un habitante de El Zancudo, refiere un tropiezo que tuvieron a los pocos meses de depositados los alevines: “Nosotros no teníamos idea de cómo criar las cachamas. Un día los pescados empezaron a ‘boquear’, a salir a la superficie como buscando aire”. La razón era que esos peces necesitan que el agua esté en movimiento, porque si no les falta el oxígeno. Nadie por ahí cerca tenía una bomba de agua y mucho menos un aireador.

Walter les dijo por teléfono que tenían que poner el agua en movimiento, como fuera. Lo resolvieron con más alegría que técnica: llamaron a todo el que quisiera para darse un chapuzón en la laguna. Docenas de muchachos y adultos se metieron a bañarse y a retozar en el agua y con esta “técnica” ya no les faltó oxígeno a las cachamas, ni excusas a los muchachos para estar ahí metidos de cabeza cada vez que les provoque. A un lado del préstamo hay un samán gigante; desde sus ramas se lanzan los carajitos en permanente certamen de clavados.

Derrotado el capitalismo: no hizo falta comprar una bomba de agua ni algo tan sifrinamente sofisticado como un aireador para darles oxígeno a los peces.

Inversión: cero. Ganancia: 30 mil


Otro de los mitos que quedaron derribados en El Zancudo es el que refiere Luis Cardoza, otro habitante de El Zancudo. La pregunta del momento: "¿Dónde consiguieron el alimento para las cachamas?". La respuesta: "Les echamos restos de comida, frutas picadas como mango y guayaba, pepinillo; maíz, la planta pequeña de maíz y otras cosas".
Consultado Walter acerca de la producción, su costo y sus ganancias, dijo: "Esta comunidad derrotó esa visión que propone que sólo haciendo una gran inversión se puede obtener ganancias. Aquí la gente sin invertir un solo bolívar ha producido cerca de 30 mil bolívares; en esta laguna hay cerca de mil cachamas. Que vean los economistas qué hacen con este ejemplo".
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El pasado fin de semana hubo una singular fiesta en El Zancudo. Había gente de la comunidad, funcionarios de Insopesca, el INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas), la Corporación Venezolana de Alimentos (CVAL) y unos cuantos cantores. Pero el Walter (coño, qué fastidioso es Walter) se encargó también de que estuviera gente de otras comunidades que también están criando cachamas con métodos raros: la familia Gaviria (unos ocho coñitos de 3 a 17 años de los que hablaré en otra entrega; los venezolanos merecemos saber de estos muchachos campesinos de la sabana apureña), miembros de la primera promoción de Agroecólogos del IALA (Instituto Agroecológico "Paulo Freire"). Ellos hablaron de su experiencia en la crianza no convencional de cachamas. Dice Rubén Barráez: "Gente que le ha encontrado alternativas al uso del alimento concentrado, y les están inculcando a los niños en edad escolar el interés por la cría con métodos artesanales o agroecológicos".
También hubo una jornada de pesca: a anzuelazo limpio la gente sacó varios ejemplares de cachama. Sorpresa: se sacaron pescados de entre 800 gramos y 2 kilos 100 grs. Así que debe haber peces más grandes en esa laguna. Sin un solo gramo de alimento concentrado.




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Apéndice: lo que comemos y cómo lo producimos

Retazos de una conversa con Walter Lanz
En Venezuela andamos hablando desde hace unos pocos años de soberanía alimentaria, de la necesidad de producir los alimentos que consumimos o al menos de ser capaces de lograrlo. Uno de los obstáculos para lograr esto es la creencia generalizada de que la fuente ideal de proteína animal es la carne de bovinos (vacas, toros). Casi nadie se imagina una dieta o un mercadito familiar que no incluya unos kilos de carne bovina al mes; la competencia son el pollo (beneficiado y full de hormonas) y el cerdo (igual).
Cuando el Walter llegó a este punto del discurso lo interrumpí para decirle: "Sí, es una costumbre, un patrón cultural que nos incrustaron. Y eso es muy difícil de derrotar". El tipo me miró unos segundos y me dijo: "Marico, en Venezuela estamos comiendo carne de bovino desde hace un poco más de 200 años, pero antes de eso teníamos 7 mil años pescando y comiendo pescado".
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En el estado Apure la producción de carne bovina alcanza en promedio los 40 kilos/hectárea/año. Con ese modelo se pretende consolidar la soberanía alimentaria. "Si llenamos de cachamas los cientos de préstamos del estado Apure, hasta alcanzar una superficie de una hectárea de espejo de agua, la producción sería de 300 kilos/hectárea/año: de 800% a 1.000% más que el modelo bovino". Usando otro tipo de alimentos se puede aumentar esa brecha a 3.000 ó 4.000 kilos/hectárea/año.
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¿Cómo se impuso el modelo de la producción y consumo de bovino? Los mecanismos son muchos, pero hay uno que se relaciona con la percepción impuesta de lo que es un hombre exitoso. Cuando uno pronuncia la palabra Pescador hay una imagen que viene sola a la mente: un sujeto pobre, probablemente un indígena, con el pantalón enrollado hasta la rodilla, tirando un anzuelo con carrete o una red para sacar pescado. Luego, uno pronuncia la palabra Ganadero y aparece un hombre rico, blanco, vestido con camisa a cuadros, bluejeans nuevos, un gran sombrero, una correa con una cabilla metálica impresionante y fumando un cigarro que seguramente es Marlboro. A mucha gente no le guste que asocien su imagen a la de un pobre pescador. Pero hay algo, que no hemos investigado pero las claves andan por ahí: cuando hay temporada de ribazón esos llanos se llenan de gente y es una gran fiesta, vienen cientos de personas a pescar. Esa información viene de muy adentro: ese impulso que nos lleva a vivir de lo que nos regala el agua es más profundo y humano que este mecanismo artificial, antinatural e insostenible que es la cría de ganado. Tras ese dato y esa huella ancestral deberíamos ir, si de verdad queremos lograr la soberanía alimentaria.
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Próximo atentado de la Escuela Popular de Piscicultura: la creación de un laboratorio móvil para la reproducción de cachamas. La tecnología en manos del pueblo: ya la gente no tendrá que esperar que le lleven los alevines: ellos/nosotros/ustedes mismos podemos hacer reproducciones de cachamas en laboratorios artesanales. A la mierda otro mito: el que nos hace creer que sólo se puede propiciar el nacimiento de larvas de pescado en laboratorios sofisticadísimos. ¿Cómo lo hacía la naturaleza antes que existieran los científicos? Ganas de joder...

martes, 9 de marzo de 2010

Adobes, conversa, canto, Cayapos y Tiuna El Fuerte (El Cogollo, Cojedes)

Temprano, tipo 6 am, preparando la tierra, la paja y el sancocho, y jodiendo:


Pisando barro y jodiendo:


Utilizando los moldes para los adobes, y jodiendo:


Llenando una carretilla con barro, y jodiendo:


Usando el molde, grabando, echando fotos y jodiendo:


Free Style con cuatro, mandolina, tobo, botella y maracas:


Hip Hop con cuatro y mandolina:




La hora de la conversa, en serio y jodiendo:







































domingo, 15 de noviembre de 2009

Al barro vamos (2)

Decía hace unos días que buena parte del vacilón de hacer casas de barro es que escapa a lo que entendemos por trabajo. El trabajo aquí no es un martirio físico y sicológico a cambio de comida o dinero, sino una oportunidad para juntarse con gente buena o con ganas de jugar a serlo. Una ocasión para la jodienda, el sancocho, el trago y la construcción con las manos y el cerebro: lo que debería ser el trabajo en la sociedad que soñamos.
Todo esto sucedió el 24 de octubre allá en predios de Los Cayapos en San Diego (Carabobo):
















lunes, 24 de agosto de 2009

El Cazador Novato

Creo que es normal (no debería, pero lo es) que uno acuda al encuentro con las leyendas de su niñez (si uno supo amoldarse a todo esto vía educación sentimental de radio y televisión y toques llaneros underground, son también las leyendas de Venezuela) con actitud reverencial, o casi. Uno se la da de irreverente y de arrecho pero a la hora del pao la pinga, las leyendas se respetan. Este tipo es patrimonio cultural de Los Llanos de Venezuela y Colombia, y por lo tanto de la humanidad.
Con esa actitud fui a Altamira de Cáceres a buscar al Cazador Novato (alias Rafael Martínez), y me cagué de guapo cuando Ramón Mendoza decidió grabar, cámara de video por delante, el momento en que se acercaba al cantautor para saludarlo. ¿Y si se arrechaba el hombre y suspendía el encuentro y la entrevista? ¿Y cómo no acercarse con esa actitud a alguien que pertenece al pueblo llano (y al Llano-pueblo) en la misma medida en que pertenece a la memoria colectiva de un país?
Estamos hablando de un tipo que habla-recita-declama con este tono veguero, en este idioma específico e inmenso que es el castellanero (castellano-llanero), que inquieta y toca las fibras que te unen a la tierra:


Y también en este otro, que te hablan del bicho jodedor y cimarrón que en el fondo es:


Un tipo que en su juventud exhibía esta garganta poderosa, e iba acompañado del arpa también poderosa y eximia de un Eudes Álvarez; arpa tan poderosa y eximia que casi opaca la voz del cantor. No se pierdan lo recio del grito inicial, la caótica crónica de un acontecimiento olvidado (una rebelión indígena y una masacre, primero a cuchillo y después cultural) y sobre todo zambúllanse en el solo de arpa con su respectivo bordoneo. La descarga comienza en el minuto 1'30, cuando calla el Cazador y comienza la verdad del pajarillo. Y les advierto: si usted no lo está viendo en persona es mejor que le ponga todo el volumen a su maldita computadora, para que la experiencia valga la pena:



Al final el tipo es más humilde que el coño, abierto a la conversa franca. Y a eso nos aplicamos con Gino González, Pedro Ballesteros, Ramón Mendoza, Jorge Vásquez y Daniel Daniels. Los tres primeros, Cayapos en busca de la Venezuela que casi se nos pierde, y los dos últimos reporteros de Ávila TV a quienes llevé para que hicieran el registro de esta voz. Tuve ese privilegio: verlos y oírlos tocar y cantar en improvisación colectiva. Y además la conversa larga y sin más tapujos que el corto tiempo.




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Pero ya va, que se me quedó corta la reflexión de arriba. Leyenda es leyenda, y siempre las leyendas se alimentan (o son alimentadas en el imaginario popular) con buenas dosis de datos míticos, no siempre malignos y no siempre sanos. En el caso de Rafael Martínez, uno de los mitos que se le han endosado tenía al principio mala intención, pero esto no afectó la imagen del cantor sino más bien a quienes lo señalaban: de él se dijo por muchos años, con tono de duda o sospecha y con aires de acusación, que había nacido del otro lado del Arauca, es decir, en Colombia. A causa de un prejuicio xenofóbico y chovinista que afortunadamente estamos dejando atrás como pueblo, hasta bien entrado el siglo veinte llamar “colombiano” a alguien era una fuerte ofensa. Como si el llano no fuera una entidad binacional, y como si la cultura de la Venezuela profunda no se hiciera más hermosa mientras más se confunde con la colombiana.
Es inevitable de todas formas encontrarse a El Cazador Novato en pleno siglo XXI, y hacerle la pregunta de rigor: lugar de nacimiento. El hombre responde con una precisión que seguramente le quedó del tiempo en que lo señalaban de no ser venezolano: “Nací en el Alto Apure, en la hacienda Urupagua”. Ocurrió en 1940.
Rafael Martínez Arteaga vive hoy en Altamira de Cáceres, población que fue la primera capital de Barinas. Cada mes le sale al menos una presentación, así que viaja mucho. Pero su residencia la tiene instalada en un caserío cercano a Altamira. Vive solo, “Porque si viviera con una mujer no podría atender a los amigos como ustedes. Al ratico ya estaría preguntando: ‘¿Y estos cuándo se van?’”.
Tiene unos pocos años instalado en este pueblo que tiene mucho de llanero y mucho de andino, pues es justamente el umbral que separa o conecta al llano con el páramo. Barinas y Mérida no se parecen en nada hasta que uno pasa Barinitas y se encuentra con Altamira. En ese clima amable, en ese pueblo privilegiado, se fue a instalar El Cazador en esta etapa de su vida.
Conserva recuerdos remotos de su niñez y juventud, pero es difícil hacer que se detenga en el anecdotario básico del muchacho que iba haciéndose hombre. Recuerda que su papá estaba en una buena situación económica, que él se habituó desde muy joven a las faenas del llano, incluidos el parrando y la itinerancia, y de pronto está hablando de sus primeras presentaciones públicas al lado de Ángel Custodio Loyola y de Juan de Los Santos Contreras, “El Carrao de Palmarito”. Al finalizar los años 50 ya compartía, grababa y se codeaba con figuras de la enormidad de los citados, además de Nelson Morales, Luis Losada “El Cubiro”, José Romero Bello, Francisco Montoya, Jesús Moreno, otros. Es inevitable también indagar en su juicio acerca del mejor coplero, el cantor que lo impactó. Responde sin pensar mucho la respuesta: “Sin duda, don Dámaso Figueredo. Tenía el don de la improvisación, una voz clara y fuerte, un estilo veguero. Ese es el mejor contrapunteador que he enfrentado”.

–¿Recuerda alguno de esos contrapunteos?
–Pues sí, me acuerdo casi verso por verso de los momentos finales de un encuentro que tuvimos. Teníamos un rato largo contrapunteando y a mí se me habían agotado los recursos. Pensé entonces provocarlo, ofenderlo a ver si perdía la compostura o tartamudeaba para ganarle. Me acuerdo que él celaba mucho a sus hijas, sobre todo de los artistas. El les recomendaba que se enamoraran de un mecánico, de un conuquero, de un pescador, pero nunca de un músico. Le dije entonces algo como: “Se me olvida preguntarle a Dámaso Figueredo / que me diga la verdad: si él quiere ser mi suegro / para que tenga el honor el día que yo sea su yerno /y va a echar más bendiciones que un obispo en un entierro”, insinuándole que lo iba a llenar de nietos. Dámaso me respondió: “No se crea que yo ando buscando / cazador flojo para mantenerlo / tengo un chinchorro en mi casa para mí que soy el dueño / esconderé mi muchacha si me toca en un entierro / porque eso es mucho bocao para que se lo coma un perro”.

–¿Tuvo muchos problemas con las letras de sus declamaciones? En la radio y en la televisión estaba vetado porque sus canciones eran groseras y tal...
–Sí, me tocó pasar por muchas situaciones difíciles. Yo siempre defendí ese estilo porque más allá del recato y la cortesía esa es la expresión del pueblo, es parte de nuestra cultura utilizar palabras rudas, esas que llaman groserías. Pero más de una vez también llegué a cantar en fiestas de gala, con gente distinguida o que parecía distinguida, y al rato me estaban pidiendo que echara cuentos subidos de tono, que declamara las letras más fuertes.

–¿Recuerda sus grandes amores? ¿Las mujeres que lo marcaron?
–Bueno, de las mujeres mías lo único que puedo decir es que la del vecino siempre está más buena (Risas). Sí recuerdo una en especial, una muchacha indígena, muy joven y muy hermosa. Me acuerdo porque me la entregaron en unas circunstancias distintas a las de ahora, una cuestión cultural que no es fácil de comprender ahorita.

–Su apodo viene de una de sus primeras declamaciones. ¿Puede declamar esa letra?
Rafael Martínez hace una pausa y comenta que a él nunca le han gustado los apodos, que los considera una falta de respeto. Pero que en efecto a él le tocó llevar como una marca imborrable ese remoquete, “El Cazador Novato”, que es el nombre del poema más exitoso de sus inicios. Los versos hablan de la historia simple que le cuenta un hombre llamado Escalona a su amigo Juan Santos, sobre la caza infructuosa de un marrano. El narrador le colocó más pólvora de lo indicado a su arma y ésta hizo una explosión que lo tumbó al piso y espantó a la presa.


De eso están llenos los cronistas verdaderos: de profundidad y simpleza.