Mostrando entradas con la etiqueta Dioselis Gabriela Melo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dioselis Gabriela Melo. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de abril de 2012

Dioselis y la Historia del Pueblo Oprimido (II)

La Historia del Pueblo Oprimido hay que contarla, registrarla y difundirla, y esta tarea sólo puede corresponderle al pueblo oprimido. Sólo unos pocos cronistas del pueblo profundo, nacidos en él y fieles a él, han dejado su huella en la bibliografía y hemerografía catalogada como "Historia de Venezuela". Pero lo que se ha calificado como "gran historia" es una construcción clasista, autoría de sujetos-élite, ungidos por la academia y las convenciones.
***
Las clases medias y altas nos han narrado y etiquetado. Esa es una de las razones por las que todavía muchos confunden la "historia patria" con la historia del pueblo; que los pobres en vías de emancipación debemos seguir adorando a los constructores de la patria burguesa, sus valores, epopeyas e instituciones. Tan sencillo como averiguar qué significan nociones como "patria", "país", "nación" y "pueblo". NO: la historia de esta nación burguesa no va a la par de nuestra historia como pueblo, no es la misma, por mucho que al Negro Primero lo recuerde de vez en cuando la historia burguesa en el episodio aquel de la Batalla de Carabobo, cuando le pide permiso a su jefe para morirse. Del Negro Primero se dice que un héroe del Ejército Libertador y que su inmolación en el campo de Carabobo es emblema de la incorporación de los negros a la fundación del Estado nacional, pero ni de vaina se recuerda que su origen guerrero fue al lado de José Tomás Boves, de quien fue lugarteniente.
***
La gran Historia nos ha sido inculcada (impuesta) por muchas décadas en papel impreso. Libro: monolito de la historia oficial. La santidad de lo escrito ha venido dada por la valoración de las clases privilegiadas, esas que entre sus privilegios cuentan el de poder dedicarle horas, serenidad y energía a la lectura ("oficio" burgués que se le ha querido imponer a los pobres con la estafa de ley: "Quien lee es mejor persona, es más inteligente, más formada y educada"). No es gratis que para cualquiera de nosotros la visión de un tomo de 800 páginas sea una tortura y nos convoque al bostezo, mientras que para alguien que se autodenomina "estudioso" o "intelectual" es un manjar que tendrá tiempo para devorar, y más: a veces hasta le pagan para que lo haga.
***
Con el acervo audiovisual, o los materiales registrados en ese soporte, ocurre algo distinto. La masificación de las herramientas para captar, editar y difundir imágenes y sonidos ha permitido que el ser humano pobre inunde los espacios disponibles con sus historias cotidianas. Tal vez esto no sea suficiente para incidir en la esperada reconstrucción de la Historia del Pueblo Oprimido, pero es un hecho que la crónica actual, el día a día de lo que acontece en nuestros campos y ciudades está disponible en formato video. Tarea pendiente: otorgarles a estos nuevos formatos, proporcionados por la tecnología, el carácter de documento importante para la reconstrucción de nuestro hacedr en/de la historia.
***
En síntesis: es preciso desacralizar la palabra escrita e impresa, a la que la sociedad burguesa ha adjudicado la condición de fuente de conocimiento por antonomasia. Durante el 11 de abril y días siguientes, y luego en otros episodios de nuestra historia reciente, quedó demostrado que hay otros discursos, formatos, soportes y formas expresivas que están contribuyendo con la tarea urgente y necesaria de hacer que el pueblo cuente y registre su historia. Hay al menos dos documentales construidos a partir de tomas hechas de manera informal y empírica por ciudadanos que no estudiaron cine ni televisión, pero que tenían un teléfono o cámara digital en momentos cruciales como la batalla de Puente Llaguno. Esos documentales son "Llaguno, claves de una masacre" y las tres entregas de "Crónica de un golpe de Estado".
Esos materiales revelaron la existencia de una multitud de comunicadores que les arrebató a los periodistas profesionales la misión de informar, de mostrar lo que estaba ocurriendo en Caracas y en otras ciudades y poblados durante el golpe de Estado. Allí se hizo patente el enorme poder del ojo múltiple que está ahora mismo en las calles, echando mano de las tecnologías de la comunicación y sus herramientas para hacer algo que ese personaje en decadencia que es el periodista profesional no quería, no sabía y no podía hacer: ahí estaba la gente registrando la verdad de los hechos directamente desde el lugar de la noticia, sin intermediaciones. Ninguna corporación de la información ni la estructura comunicacional del Estado pudieron hacer lo que el pueblo hizo ese día: captar en imágenes detalles que de otra manera hubieran sido ocultados o manipulados por el periodismo profesional, que como te decía antes está mediatizado por los intereses de clase de sus perpetradores.
***
Ahora, soporte; lo que se llama soporte, es la lengua, el formato oral puro y simple: el cuento, la conversa y la parranda son los medios de comunicación e información por antonomasia de nuestros pueblos. Una escuela revolucionaria debería privilegiar el intercambio de cuentos y pareceres, como se hace naturalmente, por encima del consumo de productos (categoría capitalista incluso desde su denominación) como el pretencioso libro, el engreído video, la fría y distante película, el insultante foro o conferencia. Una escuela revolucionaria tendría que ser itinerante: los muchachos viajando para conocer un pueblo y un país; los chamos de la ciudad enterándose del saber y el padecer campesino y los chamos campesinos intercambiando con sus iguales de la ciudad. Esa figura maldita del profesor sabelotodo que tiene el poder de imponer doctrina y conocimiento, y además para rasparle la materia al joven que no repite dócilmente lo que él (instrumento de la hegemonía) le exige repetir, debe desaparecer, darle paso a otro tipo de relación entre seres humanos, no entre un humano superior y una cuerda de imbéciles obligados a obedecerle. Que un sujeto (y su jeta) se plante frente a un auditorio silencioso a zamparle su conocimiento pretendidamente superior es un salivazo a la cara de los asistentes, y de todo aquel que no califica como ponente.
***
Ahora, si la historia la escriben o la cuentan los vencedores. ¿quién escribió la historia de abril de 2002?
Esa es una máxima que funciona, se aplica y es pertinente con las guerras que ya finalizaron, y cuyo desenlace es el exterminio o el aplastamiento total de uno de los bandos. En nuestro caso, abril de 2002 no fue una guerra sino un episodio dentro de una guerra larga, que continuará cuando hayamos muerto los bandos en pugna: los explotadores del capitalismo y nosotros, sus esclavos explotados y excluidos. Ninguno de esos bandos ha sido liquidado y ambos manejan cuotas de poder y tienen capacidad para contar, para narrar su versión de la historia, de modo que, al no haber vencedores (todavía) tenemos en la calle dos discursos, dos versiones, dos historias. Venezuela es un país dividido en dos que produce dos historias paralelas y antagónicas.
La buena noticia es que al final de esta guerra, que es la ancestral y dolorosa lucha de clases, saldremos ganando nosotros. No "nosotros", los de este bando que estamos vivos hoy, sino los que aún no han nacido y que continuarán nuestras luchas. Entonces, sólo entonces, la humanidad se quedará con la historia escrita (contada) por los pueblos y no por los mercaderes, empresarios y "profesionales" de la información.

sábado, 17 de marzo de 2012

Dioselis y la Historia del Pueblo Oprimido (I)

Dioselis Melo. Foto: Livia Montes
____________
Artículos referenciales (es decir, que hablan de lo mismo o más o menos):
____________
Hace un par de meses tuve el privilegio de ser jurado del Concurso de Crónica organizado por el Ministerio de la Cultura con motivo de los 20 años del 4 de febrero y los diez años de nuestro peculiar abril 2002. Entre los más de 60 trabajos enviados a concurso había análisis históricos, políticos y sociológicos, escritos por historiadores, periodistas, escritores, académicos. También había relatos personales simples, anécdotas de gente común y corriente que se sentó a escribir su historia personal, la mayoría con mucha torpeza pero también con muchas ganas y mucha ternura. En estos materiales me fijé con más atención. Destacaba en ese grupo una narración impactante, silvestre y rotunda por lo honesta. Se titula El diario civil de una realidad venezolana.
La autora envió a concurso un texto que, hace unos años y en otras circunstancias, yo hubiera desechado porque está "mal escrito". Las comillas, para que quede claro que si vamos a atacar la convención burguesa debemos comenzar por atacar lo que ésta considera "bien" o "mal" escrito, de acuerdo con lo que dicen las normas del lenguaje europeo con que nos comunicamos. Pero esta vez, antes de contemplar esa posibilidad, me tropecé con un párrafo que decía lo siguiente (transcribo letra por letra, tal cual lo envió la autora):

  • "Les pido disculpa por qué no soy letrada mi procedencia es campesina y me deje escandirla en la ciudad, ósea tengo los mil errores ortográficos y de todo tipo. Le pido por favor me corrijan"

Y acto seguido se manda la epopeya de su vida: su infancia dislocada por vendavales familiares, su adolescencia en las calles de Caracas, sus peleas a trompadas en Petare, su novio narco (el pran de mi vida), la cárcel, y tras todo este escenario el descubrimiento de que existe un país y un proceso político al cual decide entregarle recursos, tiempo y esfuerzos.
Esta prosa salvaje y su diáfana verdad me cautivaron. Fui a la deliberación con el resto del jurado (Lil Rodríguez, Livia Montes, Antonio Trujillo, Gonzalo Ramírez) consciente de que había muchos otros materiales que podían merecer el premio. Pero, para mi grata sorpresa, todos los demás también tenían este trabajo entre sus favoritos. Así que el concurso de crónica lo ganó esta mujer que no sabe escribir. Tremendo golpe para la convención y tremendo arrebato contra lo que este país ha considerado siempre "cultura".
***
La autora resultó ser Dioselis Gabriela Melo, una mujer de 32 años. Ella vive en el sector Caballo Mocho, al lado de la bodega Vaca Vieja (así decía el sobre con su identificación y señas) en Petare. Es una mujer muy pobre que se graduó en la Misión Ribas de Bachiller Integral, y ahora cursa Estudios Jurídicos en la Misión Sucre. De su escrito (8 páginas de cuentos reales esculpidos en verbo incandescente) rescato estos pasajes maravillosos:

  • "Fracasó el matrimonio por maltrato físico, quedó con 8 hijos y una nieta a cuesta, una campesina en la ciudad, no tenia estudio y para colmo mi bisabuela Petra la recibió a duras penas en la casa de Baruta, donde no podíamos salir del cuarto, teníamos un tío con problemas sicológicos (...) recuerdo el rancho de la Lagunita Mariche, se estaba cayendo una noche lluviosa dormimos en un carro de la línea porque se desprendio media casa por el voladero..."
  • "Mamá le pidio que se fuera de su casa y le dio gracias por arrancarle el corazón"
  • "Vivi la vida de los huele pega, aprendi que de día son humanos y de noche animales (...) avia uno parchita los gringos de ahí me tenían asco porque el latero parchita tenia sida y yo pensaba que sida era el nombre de la pareja del latero..."
  • "Era burda de lo chula, en lo que se ponian sexuales les dejaba la peluca y mira que tenia suerte, los chicos mas románticos y bellos del mundo me tocaron a mí"
  • "Que linda mi gente de Petare, me hice un pueblo, los choros me respetaban, aprendí a fumar cigarrillos y estaba reina, comenzaba a construir un mundo para mis hijos, mi gran fama de golpeadora y rebanadora de cachete se espundió..."
  • Me arrepentí de delinquir ya que en realidad le quitaba y asía daño a personas menos privilegiadas que yo (...) Mi mayor satisfacción, aver graduado 24 vencedores de la Misión Robinson en mi comunidad, que mi hijo menor junto a un grupo de jóvenes impulsaran la conformación de un consejo comunal con mi asesoría, y ponerme este vestido histórico de revolución de amor por mi patria de dignidad de independencia..."

La obra de Dioselis es la obra de Dioselis, en su acepción más primaria, verdadera y profunda: ella, antes de contarnos esa vida, tuvo los cojones y los ovarios de vivirla. Pudiéramos ser menos generosos o entusiastas y decir: "a ella le tocó vivir esa vida", pero el caso es que la larga e intensa cadena de episodios que la ha traído a esto que ella es ahora, le pertenece. Digamos que a la hora de su muerte será lo único que que ella contabilizará como suyo, como su propiedad. Cada quien es dueño de una trayectoria, unos tropiezos, unos recuerdos, unas cicatrices y unas sensaciones, y váyase a la pinga quien venga ahora a decirme que es dueño también de la ropa, el carro y la computadora, porque todo eso se va a ir a la mierda cuando el puto cuerpo ya no dé más y vaya a pudrirse en un hueco, en el mar o donde caiga. Usted es usted y un montón de hechos o deshechos, y ya. Duélale a quien le duela, la casita que compró o invadió con tanto esfuerzo le quedará a otra gente o será demolida. Pero nadie puede demoler su vida (y allá cada quien si no está contento con su vidita triste, aburrida, plana, burguesa, estúpida, o lo más terrible de todo: normal) ni quitarle lo bailao.
***
¿Por qué tanto énfasis en algo tan obvio como que la vida de uno le pertenece a uno? Por lo siguiente. La escuela (y el liceo y la universidad: la academia en pleno) nos ordenó pensar y aceptar dócilmente que hay señores de verbo y saber incuestionable, sagrado. Así, el señor Rómulo Gallegos se fue para un hato del estado Apure, estuvo por allí dos semanas. Apoyado en la figura del dueño del hato emborrachó a unos peones, los puso a contarle sus historias (que juntas son una Historia del Pueblo), las embutió en unas cuantas páginas, les puso por título "Doña Bárbara" y listo: las clases medias y altas le concedieron a ese tipo el estandarte de emblema de la venezolanidad.
Para los venezolanos resulta normal y natural el hecho de que la historia contada en ese libro le pertenece a ese maldito adeco burgués. A muy poca gente se le ha ocurrido pensar que en realidad ese sujeto se apropió de los cuentos de un grupo de peones de hacienda, los convirtió en material calificable como "literatura" por la convención burguesa, y se ha cubierto de gloria como escritor y creador y pin pan pun.
A la mierda Rómulo Gallegos: hay que ir tras la Doña, tras Marisela, Pajarote. Hay que dejar de leer lo que nos han dicho que es "literatura" y buscarnos urgentemente como país y como pueblo, en los cuentos contados por y desde sus protagonistas, no desde sus interesados intérpretes.

***

En un tiempo en el que todo está o debería estar bajo cuestionamiento, esa figura del intelectual engreído que graba unos testimonios, los transcribe, los edita, los moldea, los hace material legible, les coloca un título y una autoría, perpetra un episodio de ese arte tramposo que es la expropiación de una historia (o de la Historia). Originalmente, estos testimonios fueron material dicho, hablado, y antes de eso fueron acto vivido: hecho padecido y gozado. Esa Historia es patrimonio del pueblo de Venezuela, nunca debería ser propiedad o mercancía ni producto para engorde de la industria editorial o del bolsillo de un autor.
Iba a decir que la aparición de Dioselis me indica que estamos en presencia del autor del futuro: el que narra desde su propia vivencia y no anda robándole o quitándole prestado el testimonio a los demás. Y que El Autor, esa figura de la sociedad burguesa, está en proceso de extinción. Es más realista admitir que ese Autor convencionalmente aceptado como tal (el escritor, el periodista, el historiador) vivirá seguramente un par de generaciones más, pero que desde ya está en quiebra. Y que su cuestionamiento debería profundizarse y acelerarse para que empiecen a surgir y a figurar las Dioselis, los autores/autoras del futuro.
Si alguien detecta en todo lo dicho anteriormente un atentado contra libros como Del 11 al 13, "AUTORÍA DE" José Roberto Duque, debe ser por algo.