domingo, 8 de enero de 2017

Breve novelita feisbuquera



Hace dos noches realicé una movida cualquiera: eliminé la cuenta que administraba en Facebook (iba a decir "mi cuenta", pero ya tú sabes) con un fin oscuro y sombrío: animar a una cantidad de gente de esa que me sigue y a quien yo sigo (iba a decir: "mis seguidores", pero ya tú sabes) para que, en vez de seguir buscando artículos e informaciones de mi autoría en esa red social vaya y busque ahora por la red venezolana Manifiesto. Iba a decir: "porque en Manifiesto los usuarios son más numerosos y más interesantes y mejor formados y más de pinga que allá", pero eso no es verdad. A menos que uno ande jugando al estratega publicitario, y ya tú sabes.
En términos numéricos no parece ser "rentable" (sigamos con el fokin lenguaje neoliberal): cierro allá una cuenta en la que me han declarado su "amistad" más de 4 mil personas, para venir a echar mis cuentos, historias y opiniones, en un espacio donde a esta hora "mis" seguidores no llegan a 200. ¿Cuál es la jugada o la expectativa entonces? Pues, básicamente, que unas 200 personas, de aquellas 4 mil, se sumen a esta red o al menos se asomen por aquí para que verifiquen que se trata de una red parecida a las otras en su estructura, pero ligeramente más "nuestra" en lo que respecta a administración, lugar de irradiación y contenidos.
¿De 4 mil seguidores espero que vengan 200? Pues sí, porque esa es más o menos la cantidad de personas feisbuqueras con las que mantengo algún contacto, comunicación o "relación" (llamemos así a la danza que se produce apenas alguien pulsa "me gusta" en alguno de tus escritos, enlaces, fotos o pajas locas). Alguna vez leí o me contaron que Facebook está programado de manera tal que solo 5 por ciento de tus "amistades" llegan a ver tus publicaciones en medio del desfile de otras publicaciones que aparecen regularmente en su pantalla, y esa es la razón principal por la que alguna gente tiene 3 mil "amigos" y rara vez recibe 50 "me gusta". También sucede que las cosas que uno publica no tienen por qué gustarle a todos sus "amigos", y tampoco tienen por qué moverlos a comentarlas, pero se atraviesa ese otro detalle: en realidad más de 90 por ciento de tus 3 mil amigos no se enteran de que publicaste algo, y por lo tanto no leen jamás lo que publicas. En mi caso personal, cuando enlazo o publico algo lo suficientemente escandaloso o propicio para la discusión, el promedio de reacciones ("me gusta" y sus variables; comentarios y compartires) ronda los 80: 50 "me gusta" más la gente que se mete a opinar a favor o en contra, y la que comparte el material. En casos excepcionales por "exitosos" (perdonen que llene esto de comillas, pero es que si no las uso van a decir que yo de verdad creo en la terminología seudoempresarial utilizada en esa y otras redes), algunas fotografías o artículos han sobrepasado las 250 reacciones, y alguna vez una foto de portada o de perfil rebasó los 600. Pero, puestos a contar con los dedos, los usuarios más recurrentes rara vez llegan a 100 por publicación.
El caso es que se trata de un experimento o ejercicio simple, destinado básicamente a desplazar aunque sea a una poquita gente, desde una red social creada por el enemigo, a otra creada por aliados y camaradas. Es verdad que esta pequeña franja es apenas un rincón dentro del gigantesco planeta creado en su totalidad por el enemigo, pero vaya, que así hemos decidido pelear: en el territorio de ellos y con las armas de ellos.
***
Ahora, van dos asuntos anecdóticos, pero reveladores de otros más complejos, o tal vez solamente curiosos, peculiares. El primero tiene que ver con algo que pudiéramos llamar daños o efectos colaterales: gente que, sin mediar ninguna intención de mi parte, parece que se ha sentido herida o agredida a causa de mi movimiento y me ha lanzado algunos relámpagos desproporcionados, a causa de malas interpretaciones. Y el otro, con mi propia actitud frente al monstruo facebook. Vamos por partes.
Como yo decidí eliminar la cuenta que administraba sin avisarle a nadie, ha habido gente que cree o sospecha que yo "la eliminé de mis amistades", y ha procedido a reaccionar de diversas maneras, Unas, por lo general la gente que me conoce en la vida real (la vida real es una vaina que existe allá afuera, al margen de estas computadoras) me ha llamado o escrito con algo de tristeza y hasta preocupación para que le informe qué demonios ha pasado o qué me está pasando a mí, en lo personal. Imagínate; lo grave que hay que andar para venir a eliminar una cuenta que te proporciona tus raciones diarias de "me gusta", ¿ah? Y otra gente que, como he dicho arriba, cree, siente, sospecha o tiene ganas de decir que yo "la eliminé" y entonces se han desatado las especulaciones y ataques más o menos graciosos, más o menos amargos. Gente que no me conoce y no me ha visto nunca en persona de pronto siente que me odia profundamente porque supone o cree que la eliminé, y comienza a fabricar mitos: hace una semana me obsequiaban sus "me gusta" y ahora de pronto soy corrupto, cobarde, indecente, contrarrevolucionario, jalabolas, opinador a sueldo. Cosas que pasan.
En cuanto a mí mismo (hablemos claro: yo no creo estar menos jodido en mi neurosis y en mi alienación que esos ex-"amigos" indignados) he sentido en estas horas algo que pudiera denominar nostalgia cibernética. Como Facebook y su espectacular arquitectura visual y sicológica se me convirtieron en un vicio, en una adicción, entonces he debido batallar contra las ganas de reactivar la maldita cuenta y zambullirme de nuevo en ese fabuloso país de gente bonita y graciosa. Recuerdo que el sector de mensajes privados ha sido el único medio de contacto con dos o tres personas con quienes quiero seguir comunicándome; rememoro algunas páginas y grupos, como por ejemplo ese donde congregamos a los guardianes y propagadores de semillas, y empiezo a lamentarme de no poder continuar la tarea; recuerdo que alguna vez decreté que el face es el espacio donde he visto plasmado y desatado el humor y a los humoristas más sorprendentes de este tiempo, y que eso de quedarme horas curioseando en discusiones y memes brillantes ha sido uno de los entretenimientos ligeros más agradables de mis trasnochos; me pongo a pensar en lo divertido que resulta el simple recorrer con la mirada las fotografías de paisajes geográficos y humanos, incluidas las muchas mujeres que te alegran los minutos con solo mostrar su felicidad o aunque sea su sonrisa; las poses en las que aparecen mirando becerriao y poniendo la boca como si quisieran besar una burbuja pero sin romperla, y entonces caigo en cuenta: hermano, el vicio Facebook es arrecho, porque se nutre de la realidad, o de parcelas de la realidad que siempre quisieras tener a la mano.
Los que aprovechando la maquinaria Facebook se inventaron una vida puede que tengan alguna salvación, ya que abandonar la falsedad no tiene que ser doloroso. Pero quienes convertimos esa herramienta en un canal para informar y recibir información del mundo real estamos un poco más atrapados: tienes piezas allá que corresponden con piezas de aquí. Y así es como, poco a poco, entre excusas y debilidades, te van jodiendo, tragándote y empujándote a seguir aportando la información por la que un día no te dirán "me gusta" sino "gracias por ayudarnos a encontrarte".
Y sí, probablemente regrese al maldito face algún día. Ya veremos si antes de hacerlo logro desarrollar algo remotamente parecido a un antídoto o sistema de seguridad. Aunque, hacerlo a estas alturas del campeonato...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Harás mucha falta!
ya me tomaré un rato para abrirle un manifies.to a los monstruos.
:)

Larissa dijo...

������

elimar lorenzo dijo...

Hola, me encanta este artículo,te cuento que estoy segura que has dado un gran paso. Todo principio es difícil, pero si mis cálculos no fallan (no suelen fallar), creo que lo que ocurrirá en esta nueva red nuestra, te sorprenderá. Una de las tantas cosas que en Manifiesto he experimentado, es que me gustan sus fotos o memes, letras, palabras porque no solo logras ver lo que ves, sino que logras sentir lo que la gente siente. No conozco el feibuk (así me suena) porque simplemente cuando ingrese una vez, lo que compartían muchas personas conocidas era para mi una pérdida de tiempo, tú sabes, esos pensamientos autómatas que nos sobreponen a los nuestros y nos dejan absortos o estúpidos, pero sin duda que es un medio en donde una mayoría se desplaza y que los que lo utilizan con otros fines, pueden hacer reaccionar a gran parte de esa mayoría y desviar hacia nuestro lado, ojo, con esto no quiero decir, que todos tengamos que pensar iguales, o pensar como nosotros; precisamente esto es lo que critico de lo común en esas redes. Sin intención de contradecirme: me refiero a lo que expongo desde el inicio, creo que debemos aprovechar esas herramientas para arrastrar a la gente pa' acá. Más creo, que tú decisión es y fue la mejor y los "éxisto" ya los tienes, solo tienes que verlos desde la otra forma; fíjate, yo te vine a conocer gracias a Manifiesto. ¡Sigamos Manifestandonos!

Ivan Sotomayor dijo...

Compa, no te consigo en esa vaina...

Fermín E. Osorio C. dijo...


También he publicado varios mensajes en Feisbuc y Tuiter invitando pa´Manifiesto, pero sin moverme de allí.
Me gusta tu blog, y te invito al mío:
www.frontinoso2.blogspot.com