martes, 28 de febrero de 2017

Jiguao: historia y leyendas



Este gusano fue combustible de la victoria federal en la Batalla de Santa Inés. Más abajo hablaremos de este episodio, recopilado vía tradición oral por José León Tapia.
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El jiguao (también llamado jiguá y chiguá según la zona de Venezuela donde lo nombren) es ese gusano cuya forma recuerda a los camarones, cuando está joven. En su adultez se convierte en un animal robusto, en una pelota de grasa. Es del color de los cadáveres exangües; a pesar del aspecto hubo ancestros que superaron esa impresión y nos legaron el dato de que son comestibles. En el llano y el piedemonte queda quien lo usa para freír. Se les arranca la cabeza y se les extrae el aparato digestivo, lleno siempre de restos vegetales, y se lanzan al sartén. Al calentarlos se ponen de color amarillento, y la grasa que chorrean es como cualquier manteca. Los jiguaos son entonces una mina de proteína dura, que no utilizamos por desconocimiento o porque culturalmente se nos ha convencido de que eso de andar comiendo gusanos e insectos no son cosas de gente civilizada. Civilizado es el que compra el aceite en 8 mil bolívares o le exige al Gobierno que obligue a venderlo más barato.
Puede uno encontrar jiguaos en las faenas agrícolas mientras se escarba en suelo lleno de nutrientes. Ese de las fotos se nos atravesó en Trujillo; mala noticia para la yuca que anduvimos sembrando, pues este animal en su estado larvario se alimenta de las raíces y tubérculos. Siente predilección por las raíces y semillas del árbol llamado yagrumo. Este gusto gastronómico fue origen de una leyenda que ha sido muy fácil de rebatir.
Al menos en lo que respecta al pie de monte barinés, la leyenda en torno al jiguá aseguraba que de sus entrañas nacían los yagrumos. La creencia en esta incongruencia biológica partía de la observación simple de este fenómeno: más de una vez algún agricultor o curioso se encontró bajo la tierra alguno de estos gusanos; por un lado del cuerpo destrozado le salía una raíz y por el otro un tallo, como si el gusano fuera la semilla. Esa primera y apresurada conclusión queda desechada con solo fijarse en que no era el cuerpo del animal lo que había germinado, sino las semillas que se había comido. No le da tiempo al organismo del gusano digerir la semilla, así que ésta revienta y se convierte en árbol inmenso. Extraño pacto el de estos seres: el jiguao se alimenta del yagrumo, pero cuando éste decide cobrársela es para siempre.

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Días antes de la batalla de Santa Inés, según le contaron a José León Tapia (anécdota documentada en Por aquí pasó Zamora) una avanzada del ejército federal se detuvo en una hacienda en el pueblo de Corozal, y allí vio a un hombre batiendo alimentos en un gran caldero. El oficial al mando le ordenó al hombre que le diera alimentos a la tropa. El hombre no tuvo problema en compartir suculentas porciones de un chicharrón que los combatientes devoraron con ganas. Cuando terminaron de comer algunos soldados pidieron "Más chicharrón de cochino". El hombre les soltó la revelación: "¿Cochino? ¡De dónde! Estos son de jiguao". Y les mostró los gusanos. Estupefacción general, maldiciones, alguna carcajada, y el oficial indignado mandó a apresar al hombre y lo sentenció a morir fusilado, "por haberles hecho comer esa porquería".

Al día siguiente llegó Ezequiel Zamora con otra avanzada del ejército y preguntó por ese hombre amarrado y azotado que esperaba la muerte. Cuando escuchó el cuento reaccionó avergonzado: "¿El coronel va a fusilar a este hombre que le ha dado de comer? Deberían estarle agradecidos pues el jiguao es uno de los mejores bocados de los llanos de Barinas", y en seguida mandó a pedir varios de esos gusanos y se los comió con gusto. En el mismo acto mandó a soltar al prisionero y le pidió disculpas en nombre de la tropa.
Uno de sus espantados lugartenientes le preguntó que de dónde conocía ese manjar tan feo, que dónde lo había probado, y Zamora le dijo: "No, yo es primera vez que veo y me como un animal de esos, pero es que a ese hombre había que salvarle la vida".
Nos guste o no la forzosa asociación de ideas, si este episodio es cierto entonces el jiguao ganó la Batalla de Santa Inés, porque su proteína les aportó a los hombres de Zamora el combustible, la energía con que se desenvolvieron en la acción guerrera.