martes, 20 de agosto de 2013

La sangre en la cabeza

No es un asunto esotérico sino totalmente físico, natural y además perceptible y verificable. Es luna llena y uno siente que anda agitado, que la capacidad para razonar serenamente se va al coñísimo y uno empieza a embarrarla más que de costumbre. A uno “le pega la luna” porque, cuando hay luna creciente y ese “daleparriba” llega a su clímax en luna llena, todos los fluidos de la tierra suben. Todos: las mareas, la sangre de los animales (incluyéndonos), la savia de los árboles y plantas.
El mito del hombre-lobo tiene origen en la observación simple de un fenómeno natural y para nada estrambótico o mágico: los lobos aúllan y enloquecen en luna llena y los seres humanos también. La razón por la que la fabulación humana no creó El Hombre-Tortuga es que los aullidos de esos reptiles con carapacho tal vez no son tan sobrecogedores como los de los lobos (prohibido mencionar a las tortugas ninja, estamos hablando de fábulas serias). Pero a las tortugas, al igual que a los lobos, los humanos, las culebras, gatos y vampiros, se les sube también la sangre a la cabeza y a la parte más alta de sus cuerpos.
En estos días todos tenemos la sangre en la cabeza, literalmente, y es un dato universal el que la incidencia de ACVs (Accidentes cerebro-vasculares) y de infartos sube cuando llegamos a este momento del mes. Por cierto, mientras escribía estas líneas (en luna llena) supe que murió de un infarto, al borde de la medianoche y en la víspera de su cumpleaños, una mujer valiente y valiosa llamada Mary Perdomo.
Pero sucede que las pasiones humanas tienen diverso signo, así que eso del furor y el ansia puede no estar necesariamente dirigido hacia impulsos destructivos. Aunque el sexo es de alguna manera violento y de todas maneras apasionado, anótelo: esta noche es buena para conectar lo violento con lo sublime y con el amarse hasta lo sucio y lo sangriento, que es como uno debe revolcarse con alguien para que valga la pena y sea inolvidable. El sexo si no es ardoroso no es sexo sino un baile europeo; en días y noches como hoy lo que suceda en ese ámbito será menos europeo que nunca. Allá los que creen que el amor es un asunto de doncellas y príncipes y rosas y violines y pulcros condones, ese invento estúpido que tanto estorba: agradézcale a sus padres que no lo usaron en el momento crucial, porque de lo contrario usted no existiría.
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Los campesinos de todo el mundo saben que cuando hay luna creciente o llena es bueno sembrar plantas cuyos frutos crecen encima de la tierra, y que por el contrario los tubérculos, bulbos y raíces (que crecen hacia abajo) se dan mejor si uno los siembra en luna menguante. La civilización humana ha crecido y se ha alimentado al ritmo de los ciclos lunares, pero el mismo proceso que nos llevó, de ser seres apegados a la naturaleza, a intentar ser urbanos y cosmopolitas, nos ha inculcado la idea de que esas vainas tienen que ver más con la brujería y la superstición que con los saberes ancestrales de los pueblos de la tierra.
Cerca de Altamira de Cáceres la amiga Zenaida ha construido una casa que es 95 por ciento de madera, hermosísima por cierto. Casi todas las tablas y ramas están en perfecto estado, menos dos o tres, que se están pudriendo o les han caído insectos. Los montañeses de la zona saben qué pasó allí: esas ramas y vigas fueron tomadas de un árbol o árboles cortados en luna creciente. Lógica simple: si usted corta un árbol en luna llena o creciente los fluidos se quedan arriba, en el tronco o en las ramas, así que ese cuerpo se pudrirá pronto. Es la misma razón por la que a los cadáveres los “preparan” para que duren unos días sin degradarse extrayéndoles completamente la sangre. Si la sangre se queda allí empozada el cuerpo se corrompe más rápidamente.
Que a uno “se le suba la sangre a la cabeza” no es una metáfora. Cuando hay luna llena, en efecto, todos tenemos la sangre arriba, empujando hacia arriba, con tendencia a quedarse arriba más tiempo que en otras épocas. ¿Usted anda como angustiado, medio arrecho o completamente arrecho o angustiado? Esa es una de las razones físicas.
De las otras razones que se ocupe cada quien. Eso, o si quieres nos entramos a coñazos.

3 comentarios:

Gustavo Mérida dijo...

Pana, mezclaste doncellas, principes, violines y rosas con pulcros condones que también se llenan de sangre. Aunque cuando hay sangre no vale la pena usarlos. El punto es que el invento de marras es perfecto, especialmente cuando se es muchacho, para acabar adentro y que ella no se convierta en muchachita-mamá. Piensa en eso. Por otro lado, ¿te imaginas al taxista echando ese cuento?: "Y cuando los iba a acoñacear a los tres, los coños de madre se bajaron corriendo" Muy buenas, pana. Un abrazo. Pase por Épale de vez en cuando.

PANAOCHENTERO dijo...

SALUDOS DESDE TIERRA SANTA...JAJAJAJAJAJAJJAJA¡¡¡¡¡¡¡¡TO BE CONTINUED.....

Kloriamel Yépez dijo...

El Duque me insulta, vapulea, zarapandea, y al terminar de leerlo tengo una sonrisota de oreja a oreja; termino brava con él pero reconciliada conmigo. Un beso grande, Duque, como la inmensa luna llena que estaba viendo justo antes de leerte.