jueves, 21 de mayo de 2026

Manifiestos y proclamas por Venezuela, por el pueblo venezolano y por la Revolución

La seguidilla de actos, declaraciones y anuncios insultantes de la entidad criminal que gobierna Estados Unidos ha propiciado varios efectos en la Venezuela bolivariana. Algunos de esos efectos eran de esperarse (y de hecho los esperábamos hace tiempo), como por ejemplo el despertar de un germen que se creía extinguido o amansado a plomo desde el 3 de enero de 2026. Ese germen, llamado índole rebelde, no podía ni puede esperar más tiempo inactivo en su lugar de estacionamiento o de reposo, mientras el enemigo del pueblo venezolano se llena la boca decretando que es el dueño de nuestro país y que, además, debemos estar agradecidos por eso.

Se cocina, no por una sino por varias vías y núcleos de actividad política, organizativa y popular, una serie de proclamas o manifiestos que, de juntarse en un solo documento y refrendarse en Cabildo Abierto o en Asamblea de Ciudadanas y Ciudadanos, su contenido y propuestas tendrían carácter vinculante (artículo 70 de la CRBV). A estas alturas no es necesario ni siquiera recordar que la soberanía reside en el pueblo y no en el Gobierno. Ese manifiesto tendría su foco y su sustrato primordial en la urgente necesidad de reafirmar, invocar y asumir con todas las consecuencias el carácter antiimperialista de la Revolución Bolivariana. 

El Gobierno Bolivariano no está en situación ni en condiciones de declararle la guerra a Estados Unidos, y quizá tampoco de impedir alguno de los repugnantes actos con facha administrativa que lesionan nuestra soberanía. El oligofrénico que despacha en la Casa Blanca ha dicho que quiere 
convertir a Venezuela en el estado número 51 de Estados Unidos, y eso no es lo más grave ni lo más insultante que ha dicho o hecho desde el 3 de enero. La respuesta del Gobierno de Venezuela ha sido todo lo cautelosa que se puede esperar de un equipo que ha sido directamente amenazado de muerte.

Individualmente, y por razones primeramente éticas, los ciudadanos y ciudadanas tampoco estamos en condiciones de solicitarle a la presidenta y al alto gobierno que se inmole en masa y que entregue la vida; la existencia de un equipo de gobierno, el Alto Mando de la Revolución, es el último o penúltimo reducto que le queda a la República y al Estado. Nada haría el gobierno de Venezuela con lanzarse a una guerra que sería un suicidio, pues estar vivo es un requisito fundamental para seguir luchando. Ha dicho Luis Britto García que nadie ha conseguido nada rindiéndose. Habría que recordarle que suicidándose tampoco ha logrado nada ninguna persona o entidad.

Pero el pueblo bolivariano sí está en condiciones de declarar y recordar que nuestra guerra con el imperio no ha terminado, y que sí hay en el país métodos para activar formas de resistencia. No en contra del Gobierno de Venezuela, que no es el enemigo, pero sí al margen de sus actuales limitaciones.

Más allá de los gestos individuales o grupales, que han sido hasta ahora puramente declarativos, y del hecho de fijar posición en redes sociales o en eventos más o menos domésticos, la Venezuela en rebelión está despertando con una contundencia que recuerda el momento del chavismo como fenómeno aluvional, de la calle y del campo. Al parecer todavía ese movimiento no es perceptible en los canales regulares (incluyendo las redes sociales) pero sí en los circuitos y territorios donde el pueblo organizado entendió y activó el principio rector de la corriente histórico-social llamada chavismo.

Ya germinó, ya levanta sus ramas y follaje. En los próximos días saldrán a la luz comunicados, manifiestos y proclamas que, a pesar de su carácter rompedor de esquemas, no constituyen una afrenta al Gobierno Bolivariano sino una expresión de un pueblo que sí puede responderle al que ha venido a humillar

sábado, 10 de julio de 2021

Después del Koki

1

La tarea importante y colosal en la Cota 905 y alrededores no es el exterminio de unos criminales (cosa necesaria y ya en marcha) sino la construcción de un cuerpo/estructura social que impida que se levanten nuevos kokis en el futuro. ¿PODREMOS hacerlo?

2

Destaqué en el párrafo anterior la primera persona del plural porque ya está bueno mi pana, ya hace rato sonó la hora de que el chavismo en pleno entienda que hacer la Revolución no es tarea de gobiernos sino de militantes convencidos, y de gente con necesidad de vivir en una sociedad distinta. El Gobierno está aplicado a una tarea importante que es la destrucción de lo sórdido y lo putrefacto; a nosotros como pueblo nos toca construir lo que viene, que deberá ser distinto a lo que hay. Si después de destruidas las bandas nos limitamos a celebrar la acción policial y a jalarle bolas a la ministra que ordenó el entrompe, en la Cota y los demás territorios volverán a surgir estructuras iguales o peores que las actuales.

3

El Gobierno exterminará las bandas, es su misión de esta hora. La nuestra (el pueblo organizado y conciente) es construir en esos territorios una comunidad distinta, donde los chamos tengan otras opciones y no se dejen captar por seudohéroes, llámense pranes, dirigentes escuálidos, o algo peor: dirigentes chavistas que se enriquecen y encumbran utilizando la memoria del comandante como trampolín.

4

NO he dicho: "La gente de la Cota y La Vega tiene que vivir de otra forma". No, mamagüevo: somos nosotros, que bastante güevonada decimos y escribimos en estas páginas y redes para que nos aplaudan, los responsables de concretar en la piel del país esas ideas que se nos dan tan bonitas en la charla.

5

La franja que interconecta las alturas de la Cota 905, La Vega y Caricuao son de una amplitud y una belleza conmovedoras, a pesar de la depredación física y social de siglos. Tierra apta para la agricultura, para meterle músculo y piel práctica al esqueleto del socialismo.

6

Circulan en redes, de teléfono en teléfono, videos y fotografías de cadáveres, carajos despedazados por la metralla y por su propia dinámica autodestructiva. Hay una en particular, quizá la más fea e impresionante, la del cuerpo del que, se dice, son los restos del Vampi, con los sesos sirviéndole de almohada y la moto por allá atrás: quita los cadáveres, quita la moto y quita a los pacos, y pon a trabajar la capacidad de soñar y de diseñar. Maldita sea: en ese entorno maravilloso que se ve alrededor debería estarse produciendo toda la papa, la cebolla y el cebollín que unos pobres señores esclavizados nos traen desde los páramos merideños, a 800 kilómetros de distancia, por nuestra ridícula, mamagüeva, sucia, sifrina, escuálida y capitalista forma de entender lo citadino y la producción de alimentos.

 7

¿No estábamos hablando en enero de las Ciudades Comunales? En qué momento torcimos el rumbo energético de la Revolución y volvimos a creer que lo más importante es el ritual burgués y comemierda de la elección de nuevos funcionarios? Peor: ¿en qué momento nos dejamos convencer de que una Ciudad Comunal es una ciudad capitalista mejorada y perfeccionada, y no el ejercicio histórico de levantar una construcción distinta?

8

Matar a unos imbéciles con armas no será la victoria. La victoria o derrota será lo que hagamos o dejemos de hacer después, no para remendar el tejido social de la Cota, La Vega y alrededores, sino para confeccionar y poner a andar a otro distinto.

domingo, 31 de enero de 2021

Que el pueblo cuente su historia

El bicentenario de la Batalla de Carabobo es una buena oportunidad para que otros autores se apropien del relato de lo que somos. Menos corbata y más música: aprender y comprender la historia debe ser una faena agradable, o se quedará en las catacumbas


Primero, vaya un reconocimiento y aceptación de ciertas verdades: la historia como disciplina es un asunto que desde hace años se estudia en universidades e institutos especializados, y no son para nada desdeñables los aportes ni la evolución de los estudios históricos en Venezuela y en todas partes del mundo.

Hay unos métodos, unas normas y unos códigos que rigen el trabajo de los investigadores e historiadores, y gracias a ese constructo es posible diferenciar un trabajo historiográfico responsable y respetuoso de cualquier simple regadera de anécdotas y chismes improbables y sin base real. Ingresar a un viejo archivo cuyos contenidos no han sido revelados y salir de allí con relatos fidedignos o tan siquiera comprensibles no es tarea sencilla, ni debe confiársele a manos no entrenadas para tal fin.

Pero hay una frontera, un límite, que separa a ese tipo de faenas más o menos arqueológicas de otro tipo de ejercicios. Por ejemplo, el que consiste en volver sobre historias ya investigadas y suficientemente narradas, y aplicarse a encontrarle interpretaciones más lógicas, y también más audaces y más acordes con lo que somos como clase, como pueblo. Al grano: durante siglos hemos tenido la desgracia y la desdicha de recibir la información histórica y su interpretación de manos y de labios de clases dominantes, o de sujetos interesados en seguir vendiéndonos una visión fatua, conservadora, mutilada, parcial e interesada de los acontecimientos y procesos. Historia burguesa para empujar al pueblo a una visión de sí mismo, del país y del mundo en la cual siempre los pobres somos los malos, los atrasados y los incorrectos, y siempre los poderosos, ricos y hegemónicos son los héroes.

Al respecto, hay malas y buenas noticias. Las malas tienen que ver con que, después de tantos años de “formación” de ciudadanos al servicio de una historia burguesa, y a pesar del estallido de Hugo Chávez como creador de la otra conciencia, la rebelde y la rompedora de moldes, seguimos sintiéndonos aplastados en presencia de las grandes figuras y emblemas del poder canónico. Sin darnos cuenta, o por mucho que nos resistamos, seguimos aplaudiendo la iconografía, la estética y los valores de la cultura que impusieron los genocidas, los vencedores de todos los tiempos. Los sujetos a quienes nos acostumbraron a escuchar en silencio y con la frente baja son los Uslar Pietri, los Pino Iturrieta, los encorbatados del vestuario y de la mente.

La buena noticia es que, incluso de esa misma academia que sigue enalteciendo a momias y no a seres humanos, han salido baluartes de la nueva forma de mirarnos como clase y como sociedad en rebelión. Que una publicación como ésta, la más importante de cuantas narran a Caracas desde el periodismo, se abra ahora para que nuevas voces cuenten lo que ya otros investigaron y publicaron sobre 1821 y sobre la campaña de Carabobo, es un signo de los tiempos que corren: aquí leerán (y las escucharán, cómo no) voces frescas, distintas, audaces, dispuestas a aprender y a enseñar la misma historia, pero con otros registros. Esta página, “Carbono 14”, será entonces un espacio para que nuevos autores vengan a escribir sus minicrónicas, sobre la historia de aquellos días y también sobre estos, que si los miramos bien, van sobre lo mismo: antes y ahora hay un imperio y unos mandamases que derrotar, un pueblo resistente y una historia en construcción.

En las entregas que vienen iremos contando en qué medida estas páginas quedarán abiertas y disponibles para el ejercicio de exploración de la historia con más música que corbata.

En Ciudad Ccs: http://ciudadccs.info/category/campana-de-carabobo/

En Épale Ccs: http://epaleccs.info/category/carbono-14/

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Originalmente en: http://epaleccs.info/que-el-pueblo-cuente-su-historia/