domingo, 30 de agosto de 2026

La soberanía que no nos gusta



Es una basura inaceptable todo acto que pase por el tamiz de la sumisión, llamada ahora amistad, de o con Estados Unidos. Mucha gente chavista se pregunta ahora qué hacer, en vista de que el gobierno nacional está haciendo negocios violentos y mollejúos con esa entidad criminal que nos fracturó a misilazos, a cambio de un caudal de dólares que no entraba al país en más de una década. Nadie tiene una respuesta convincente.

Va siendo hora, entonces, de explorar algunas claves, ir al origen del tema o los conceptos que estamos discutiendo profusamente (ahora, y no cuando nos tocaba): la soberanía, la Revolución. Pero esa exploración tiene que ser sincera y dolorosa, no acomodaticia.

El ejercicio del momento para “los dirigentes revolucionarios” parece ser declarar que “soberanía” es cierto concepto que nos queda cómodo como analistas, porque no nos compromete. Soberanía: esa cosa que le toca al Gobierno defender mientras yo me entero por las redes de si lo hace o no, y por las redes juzgo y castigo con mi potencia de juez implacable.

La otra parte de la soberanía, que es la defensa cotidiana y permanente de lo que nos define como pueblo, como cultura y como corriente revolucionaria, sobre eso no me gusta discutir.

Entonces hay que discutirlo.

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En el año 2002 el pueblo de Bolivia decidió sacar a patadas del país a la franquicia McDonald’s. Los titulares del momento dijeron que McDonald’s “decidió” largarse de Bolivia porque le iba mal económicamente.

La forma correcta de leer ese fenómeno es: les estaba yendo mal económicamente porque la gente no iba a comprar comida basura en esa franquicia basura. Y no iba a comprar comida basura porque el pueblo boliviano está profundamente enamorado de su gastronomía ancestral, llena de maíces, tubérculos, ajíes, leguminosas y proteínas que tienen miles de años organizando y alimentando a ese pueblo. Un buen análisis de ese acontecimiento, en este otro artículo.

Esa victoria masiva no se la deben Bolivia y el movimiento anticapitalista mundial a una decisión del gobierno de nadie: fue una victoria del pueblo. A los bolivianos no fue a adoctrinarlos ningún mamagüevo que anda dando charlas sobre socialismo, indigenismo y movimiento campesino, montado en una maldita camioneta último modelo: al pueblo boliviano lo dirigió su propio apego a las claves milenarias de su cultura gastronómica.

Así se ganan las batallas por la soberanía, no encerrándonos en una urbanización de clase media a disertar mierdas vestidos con bluyín y cachucha, prendas más antiguamente gringas que MacDonald’s y las hamburguesas.

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La pieza gastronómica que algún sifrino nos empujó a considerar el “plato nacional” es una combinación de arroz (chino), carne de vaca (europea), tajadas (de musáceas del sudeste asiático) y unas caraotas comerciales (Phaseolus vulgaris, en lugar de las autóctonas tapiramas o Phaseolus lunatus). Aunque cultural y genéticamente somos una mezcla portentosa de ingredientes, resulta al menos sospechoso que en el presunto o pretendido “plato nacional” no figure nada propio de este territorio.

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Spoiler: la soberanía es muchísimo más que la defensa de la actividad o los productos que nos proporcionan dinero. Si la soberanía fuera solo eso el tema del momento no sería la soberanía sino una simple pelea entre propietarios a ver quién se queda con la plata.

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Tal como ocurre con la idea de Revolución, mucha gente (sobre todo militantes de algo que siguen llamando sumisamente “izquierda”, porque así ordenaron los europeos llamarla) decidió que la soberanía es algo que debe ejercer y defender exclusivamente el gobierno. De nada sirve que esa Constitución que invocan cuando les conviene diga expresamente que “la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo” (artículo 5).

La soberanía, lo mismo que la Revolución, es esencialmente un acto de pueblo. Se supone que existen unas instancias de información, de formación y de promoción de ideas y direcciones históricas (partidos políticos, centros de estudio, sistema educativo) a las que les corresponde o correspondió en estos 27 años la tarea de masificar, consolidar y dirigir el hecho social y territorial de encausar la enormes energías sociales hacia objetivos revolucionarios, anticapitalistas y rompedores de esquemas. Como no hicimos la tarea entonces culpamos al gobierno de lo que sea: por ejemplo, de no hacer la Revolución y de ejercer la soberanía y entregárnoslas en nuestra casa, ya hechas, en papel de regalo.

No te muevas, no hagas un coño: el gobierno lo hace todo por ti.

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¿Cómo verificar en la vida cotidiana de las personas y en el funcionamiento de los centros poblados si no hicimos bien la tarea de la formación y la dirección de nuestra gente hacia metas revolucionarias, anticapitalistas o al menos audaces? Fácil: haz una encuesta o referéndum consultivo, a ver si la gente que formaste o te tocaba formar en clave antiimperialista y contrahegemónica vota a favor o en contra de:


  1. La proliferación de comida basura impuesta como costumbre por el capitalismo industrial (hamburguesas, perrocalientes, pizzas, bebidas gaseosas);

  2. El borrado de toda referencia imperial o colonial a la toponimia de nuestros pueblos, ciudades e hitos geográficos.


Solo eso, por ahora.

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¿Te imaginas un referendo mediante el cual el pueblo decida prohibir la venta y circulación del veneno llamado cocacola? ¿Sí te parece que formaste a la gente lo bastante como para tomar esa decisión soberana? ¿O nos da algún íntimo culillito someter esa cuestión a referendo porque existe una altísima probabilidad de que el pueblo vote a favor del refresco emblema de los gringos?

Y sobre la dolarización o la conversión de Venezuela en estado gringo, ¿nos atrevemos a organizar ese referendo o hemos pensado que tal vez la gente vote masivamente por la entrega final y concluyente de la soberanía?

¿En quién reside entonces la soberanía? ¿En la gente que se asume resistencia anticapitalista o en las masas bebedoras de cocacola?

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No es gratuita ni traída por los pelos esta referencia que vincula y hermana a la soberanía con el afecto que entra por el paladar y por los oídos. Osmany Barreto dice en una entrevista (aquí la entrevista completa) algo que debería ser masivamente discutido por los que hoy creen que la soberanía tiene que ver solo con el petróleo y la plata:

“Nos preocupa muchísimo que cuando hacen una fiesta, por ejemplo, una fiesta infantil, entonces repartes perro caliente, repartes hamburguesa, repartes pizza. Cuando esos chamos tengan 50 años, ¿qué van a recordar? La hamburguesa. Creo que es un tema de seguridad nacional. Si los recuerdos de la infancia, que es lo que va a construir su identidad, está forjado en torno a la hamburguesa y al reggaetón, dentro de 50 años vamos a tener en la casa unos abuelos que para recordar sus tiempos mozos prepararán una hamburguesa y pondrán a sonar a Daddy Yankee. Que nuestra generación y la que vino antes identifiquemos la infancia con harina pan y maicina americana ya es una derrota grave. La harina precocida tiene menos de un siglo, en términos históricos eso es un ratico. Pero la referencia de la arepa real, de maíz, es ancestral, no tiene que ver con ese producto. En el tema alimentario tenemos que volver a los fogones. Y eso no es un discurso romántico ni nada, es que nosotros necesariamente tenemos que volver para allá”.

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El capitalismo reside en nuestro cuerpo bombardeado de cultura gringa y de propaganda que nos amarra a referentes culturales, religiosos y económicos que no fueron diseñados por nosotros. El capitalismo no está en Wall Street ni en la Casa Blanca: está en cada decisión cotidiana que resulta en homenaje a la cultura gringa.
Los propagandistas y expertos en soberanía no tendrán éxito en masificar ninguna idea que nos haga defender y tan siquiera entender la soberanía real, la que perdemos cada vez que nos ponemos un bluyín e invertimos tiempo, energía emocional y recursos de disfrutar del beisbol, el “deporte nacional” (¿deporte nacional de quién? ¿De Venezuela? ¿En serio? ¿En qué rincón del Capanaparo inventaron el beisbol?). Los propagandistas y expertos en soberanía se limitan a engañar a la gente con la idea de que si el exministro tal fuera presidente entonces Venezuela seríamás soberana.


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Si medimos la soberanía en términos de capacidad real para producir nuestros alimentos, nuestras viviendas y nuestros procesos formativos nos encontraremos con que la soberanía la perdimos hace décadas. Ningún país que se alimente de la comida o de los seudoalimentos que compra fuera de sus fronteras puede proclamarse dueño de su soberanía. Ni el Chávez de la primera década de este siglo (cuando su popularidad se elevaba hasta el 75% entre las clases populares) logró revertir esa condición. Y mira tú que lo intentó.

Hay un episodio que a veces se recuerda y se repite, pero a manera de anécdota y sin tomar en cuenta su recio componente de propuesta estructural. ¿Recuerdan cuando Chávez propuso llenar las viviendas de gallineros verticales? ¿Recuerdan ese llamado desesperado a masificar en los niveles familiares y comunitarios la producción de proteína incluso cuando el petróleo rondaba los 100 dólares por barril?Aunque aplaudido por una Venezuela rural que se resiste a desaparecer, la dirigencia, citadina y de clase media de los partidos de Chávez, dejó ese dato y esa instrucción para la risa nerviosa y el chiste (“ese Chávez sí tiene vainas”) y lo dejó pasar, porque ¿cómo se te ocurre a ti que yo, profesional universitario, voy a estar criando animales, si mi misión es echar discursos?

La historia nos ha cobrado varias veces ese empeño en engordar a los supermercados en vez de engordar nuestra creatividad: en 2002-2003 (sabotaje petrolero), 2016, en 2019 (apagón), en la pandemia (2020-2021), las veces que nos estrangularon por desabastecimiento; en vez de pasar a la acción y a crear estructuras y mecanismos de producción, nos aplicamos a llorar desgarrados porque “los anaqueles y los expendios” estaban vacíos.

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Ahora mismo la naturaleza nos está dando oportunidades, algunas más espantosamente dolorosas y trágicas. El terremoto nos enseñó que la vivienda capitalista industrial es una trampa mortal, pero lo que se discute es dónde seguir poniendo a vivir a la gente en edificios propios de la sociedad capitalista industrial. Se avecina un período de sequía gravísimo, pero antes la naturaleza nos ha enviado varias tormentas tropicales. ¿Tienen noticias de algún proyecto de recolección de agua? ¿Saben de algún ente o comunidad que esté recogiendo el agua que hoy sobra pero que en pocos meses vamos a necesitar?

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Sigamos discutiendo sobre soberanía. Pero primero sería bueno saber de qué estamos hablando cuando decimos “soberanía”. Porque ese derecho soberano a no hacer nada con los recursos y las posibilidades reales; ese exigir a gritos que vayamos a la guerra, pero tratando de conservar el estatus y el confort de los dirigentes que no sabrían vivir sin comodidades capitalistas producto de la venta capitalista de petróleo, como que no se entiende mucho.

domingo, 2 de agosto de 2026

La soberanía, la enfermedad y la rebelión de los cuerpos enfermos

Leí hace rato un documento llamado "Declaración de Maracay", hecho público el 28 de julio. Lo firma un grupo de personas que se presentan como "dirigentes y referentes del chavismo". Consta de una introducción y tres puntos centrales, médula o estandarte de la declaración.

Al leer el primero de esos tres puntos o ítems, como venezolano que sigue abrazado al anhelo de una Revolución uno se siente identificado con su denuncia y con su espíritu. Es una protesta y una mención clara y directa de la desgracia que significa vivir entre la espada y la pared, reos de un sicópata criminal que nos ganó una batalla decisiva y ahora tiene el control de buena parte de nuestros recursos y de algunos actos inherentes a las decisiones de la República.

El tercer ítem o elemento integrante de la declaración también contiene un llamado que no es solo pertinente sino además necesario: convoca a la activación o aceleración de los mecanismos asamblearios, participativos y protagónicos según la Constitución, que le den forma, músculo y movimiento a una amplia dinámica popular, organizativa. Tal vez tengo una reserva: ese fuerte llamado se centra específicamente en "fomentar una corriente orgánica de opinión". Pudiera uno decir, de mala fe, que visto ese párrafo la cosa consiste solo en una invitación a hablar (a seguir hablando).

Del segundo ítem solo diré que no me gusta el ligero tufito a campaña electoral que destila semejante mondongo discursivo. No es que los ex ministros firmantes no tengan derecho a encampañarse; si hay tanto vergajo haciendo lo mismo no se le puede escamotear a nadie el mismo derecho. Solo que ese segundo punto desentona. No lo voy a reproducir aquí, búsquenlo y léanlo.

En general el documento es un gesto importante. Tal vez lo que más me gusta de esa pieza es que por fin un grupo de chavistas-no psuvistas salta al ruedo a decir claramente lo que resulta obvio, sin caer en el trámite de tanto desubicado que quiere culpar a Delcy Rodríguez de una situación de la que es víctima.

Creo que para el chavismo la necesidad del momento no es afiliarse a ese documento ni ponerse a la orden de las convocatorias que hagan esos dirigentes (y referentes) sino multiplicar la discusión de esos gravísimos temas en tantos manifiestos y declaraciones como sea posible.

Sobre ese doloroso asunto de la soberanía y la humillación y la cosa, van algunos comentarios.

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El chavismo es esencialmente antiimperialista. Por principios, por definición y porque no es posible diseñar o tan siquiera soñar otro mundo si no confrontamos al principal hegemón, dueño perturbado y perturbador del actual mecanismo de dominación del planeta. Somos expresión y continuación de una corriente histórica (no como partido ni como opción electoral, sino como chispazo y combustible de un cambio histórico) en la medida en que decidimos enfrentar al capitalismo y en particular al principal foco de infección que amenaza con destruir a la especie humana, esa llaga que llaman Estados Unidos. Por mucho que truenen las voces fatalistas a las que les gusta rematar cualquier reflexión sentenciado que "esto se acabó", es importante reconfirmar que no hemos renunciado a ese camino, que la Revolución no claudica. Los gobiernos y los ejércitos pueden rendirse y amoldarse a las consecuencias de las derrotas militares, pero los pueblos en rebelión no se rinden. Allá los que todavía no entienden la diferencia entre Gobierno y Revolución.

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Somos un cuerpo destruido por un siglo y pico de capitalismo industrial. Nuestro cuerpo enfermo (hablo de la sociedad venezolana y de la latinoamericana, dentro de la que existimos nosotros, los chavistas) tiene la misión de asumirlo y entenderlo después de 100 años de sujeción humillante y dolorosa a nuestros verdugos. Esa enfermedad o destrucción se expresa de varias formas. Por ejemplo, en nuestra terrible adicción a lo que nos hace daño. Nuestras prácticas productivas o parasitarias, las formas de funcionar, de pensar e incluso de "ser", son copias o imposiciones made in USA. Biológica o genéticamente somos una construcción formidable de pueblos ancestrales de acá, mezclados con afro y español, pero culturalmente somos remedos norteamericanos y la alienación se nos nota en el cada día: en lo que comemos, en nuestra vestimenta, en los entretenimientos y referencias primordiales: el bluyín sigue siendo la prenda de vestir más popular, la comida chatarra con la que tropezamos en todas partes, la música que consumimos con furor.

He estado a punto de redifundir en las redes unas declaraciones en video de un sujeto, camarada al parecer, que habla de la necesidad de recuperar la soberanía que nos robó Estados Unidos. Al final no difundí nada porque ese sujeto llevaba una franela en la que relampagueaba la marca Nike. Llevaba también una cachucha, que si bien llevaba el logo de los Tiburones de La Guaira no borra en lo absoluto el origen de esa otra prenda, de amplia aceptación entre nosotros. El beisbol, ustedes saben, el "deporte nacional" que inventaron los socialistas allá en el Capanaparo.

Vengan de a 200 y me dicen que la culpa de esa entrega dócil y rastrera a la cultura gringa, que no es caso aislado sino masivo en todo el país, la tiene Delcy Rodríguez. Vengan y me dicen que las hamburguesas y perros calientes, que el trap y el reguetón, que la maña de decir "vamos a encontrarnos frente al Macdónal de la Urdaneta" son fenómenos que se instalaron aquí después del 3 de enero. Anda, échale bolas.

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Como se ha dicho, existe una pequeña oleada de declarantes que quieren acusar a Delcy Rodríguez de ser una aliada incondicional de gringos y sionistas. Gente que llama a "levantarse" contra esa fantástica asociación. A alguno lo he oído nombrar al artefacto épico por antonomasia del siglo XX: el fusil. Dénme un fusil, me voy pa la montaña y acabo con esta mielda. Supongo que la secuencia de su película mental es esta: 1) me alzo en armas, derroco a Delcy Rodríguez y tomo el poder. 2) Le declaro la guerra Estados Unidos y a todo el que se me oponga. 3) Le exijo a Estados Unidos que me devuelva a Nicolás y que me compre todo el petróleo para poder sostenerme, así estemos en guerra. 4) Trump, en presencia de semejante chorrerón de valentía y de testosterona, se va en mierda, entra en pánico y le declara al mundo: "la pinga, compañero, vámonos de Venezuela, devolvámosle a su presidente y concedámosle todo lo que quiera, porque esa gente que tomó el poder es muy arrecha y nos puede joder".

Después de eso te despiertas y regresas a Facebook a hacer insultar al pedófilo, porque, total, si ese bicho decide mandar otra vez la maquinaria de guerra a Venezuela no te va a buscar a ti sino a Delcy Rodríguez.

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Urge un frente de defensa de la soberanía, de permanente difusión del repudio que sentimos al ver pasear por nuestra patria al enemigo, después de un cuarto de siglo de haber ejecutado el gesto de sacarlo de aquí (no solo lo sacamos sino que lo pusimos a financiarnos la Revolución). Urge una manifestación dura y permanente de los ciudadanos que manifestamos nuestro rechazo al retorno de prácticas y mecanismos de control por parte de la mayor potencia del planeta. Urge entender que esas acciones no se resolverán desde el Gobierno sino desde las fuerzas primordiales que mueven la historia, y que residen en nosotros.

¿Y quiénes somos nosotros? Tristemente, ni siquiera eso lo hemos discutido suficientemente. Contentémonos con recordar o enterarnos de que somos aquellos cuerpos enfermos que, incluso en nuestra destrucción, decidimos rebelarnos.

sábado, 4 de julio de 2026

Anotaciones mentales rumbo a otra Venezuela




1) Este país no podrá ser el mismo después del año 2026.

2) No es nueva esa perspectiva ni nuevo ese anhelo: nos la pasamos diciendo que hay que cambiar y transformar al mundo. Se supone, o muchos suponemos, que una Revolución consiste precisamente en desajustarlo, descolocarlo, recomponerlo todo. La guerra nos ha desajustado como República; la naturaleza nos ha descolocado como territorio, otra vez. Toca ahora recomponer (nos). Este es el momento de decidir bajo qué criterios éticos y técnicos se hará esa reconstrucción.

3) Se supone, o algunos suponemos, que la actual situación de calamidad, presión extrema y profundización de toda contradicción es un momento propicio para irse al fondo del proyecto histórico que hemos olvidado, postergado o desviado. No hay que seguir insistiendo en mejorar el capitalismo, hay que abandonarlo o al menos empezar a demolerlo.

4) Es obvio que el enemigo está empujando dramáticamente a la República en sentido contrario: no Revolución, sí capitulación y entrega.

5) Mientras la República (y el Estado, y el Gobierno) se precipitan por ese barranco, los fragmentos de la fracción del pueblo que se sabe continuador de una corriente histórico-social disruptora del capitalismo y de todo colonialismo, tenemos la misión de mantener viva la brasa de la Revolución. ¿Ahora, cuando muchos ven señales de mutis y de retroceso? Sí, justamente ahora.

5a) El chavismo y la Revolución conservan ciertas sustancias adherentes que permiten decir que tiene todavía el control del Estado. Pero el chavismo y la Revolución no son un Estado ni un Gobierno, son una entidad cuya potencia y cuya sustancia reside en el pueblo. Pudieran derrocar al Gobierno, pero no acabar con el impulso revolucionario que está sembrado en el ser venezolano.

6) Estas cosas hay que decirlas precisamente ahora, cuando sobrevive la sensación de que perdimos muchas cosas que habíamos superado, y cuando arrecian los movimientos dirigidos a defenestrar al chavismo, a sacarlo del poder y de las instituciones.

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Paréntesis 1: los jóvenes formados para la revolución en estos 25 años parecen creer que la revolución y el socialismo consisten en lograr que las estructuras capitalistas funcionen bien. He oído a jóvenes pichones de revolucionario asegurar que China es comunista y que Austria y Suecia son modelos de socialismo porque en esos países ganaron partidos de izquierda. Eso es una señal de alerta más grave que el pitico ese de los teléfonos que informó que iba a temblar poco antes de que temblara. Del terremoto de la mediocridad y la ignorancia sí no se salva nadie.

Paréntesis 2: el modelo chino no nos sirve por la misma razón por la que no nos sirven el modelo europeo ni norteamericano: papi, no somos chinos ni europeos ni gringos. Aunque culturalmente estamos moldeados por gringos y europeos, somos estructuralmente y originalmente caribeños, amazónicos, andinos y afro. En esos universos culturales y espirituales debemos abrevar para obtener el nutriente histórico rumbo a la otra Venezuela.

Paréntesis 3: lo esencial del chavismo en proceso de reacomodo o de dislocación sigue vivo en varios territorios o estructuras: en la gente afecta al Gobierno Bolivariano, en los movimientos sociales y revolucionarios pre-chavistas, y en una inmensa masa a la que no le estamos parando bolas: gente que es chavista y no lo sabe o no lo cree. gente que se declara antichavistas e incluso "de derecha", pero cuando escarbas en su forma de vida, en su ética y su conducta, resulta que son expresión de lo más prístino y hermoso del chavismo.

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7) No deberíamos esperar otro coñazo, otra tragedia, otra lección planetaria y tectónica, para entender de una maldita vez que es necesario, preciso, urgente y crucial levantar un modelo de poblado distinto a la ciudad industrial capitalista. Vivir en grandes edificios no nos convierte en un país cosmopolita ni moderno ni desarrollado sino en una caricatura ridícula de las ciudades norteamericanas, nos convierte en seres que se enorgullecen de vivir en cajones de concreto que son una sentencia de muerte.

7a) La destrucción de edificios y ciudades en Venezuela es idéntica a la destrucción de cualquier otra ciudad producto de la arrogancia capitalista. Hace 5 años se cayó por sus cojones un edificio en Miami. El edificio no lo hizo el chavismo y no hubo un terremoto de 7.5 grados que lo desmamagüevara en segundos: el edificio se cayó porque los edificios capitalistas se van a caer todos, más temprano o más tarde. Ni los edificios de la Gran Misión Vivienda ni los que hicieron las constructoras antes de este siglo son socialistas, son capitalistas como todos los edificios del mundo y por eso se cayeron . En ese edificio mayamero hubo 98 muertos. Proporcionalmente, si se hubieran caído mil edificios hubiese habido cerca de 100 mil muertos. Pero no estaba Delcy Rodríguez ahí para culparla de la mortandad; de resto, todo igualito: hemos copiado al pelo la receta de una tragedia al peor estilo capitalista. Imitar al capitalismo nos convierte en seres que preferimos vivir esperando la inevitable desgracia, por asco o por vergüenza a una vida digna, solo porque hace 100 años los gringos nos ordenaron dejar de ser rurales y convertirnos a la fuerza en citadinos, en caricaturas de neoyorkinos.

8) Caracas era hasta hace más o menos un siglo un valle fresco y de entorno amable, de ríos claritos y cantarinos. El capitalismo nos convenció de que lo civilizado y lo de avanzada era secuestrar a millones de personas en ese valle, ponerlos a cagarse masivamente en los ríos cantarinos y claritos en los que antes bebíamos agua, y preferir ser esclavos condenados en un cerro que campesinos apegados a la tierra y al trabajo productivo. La Guaira era o pudo ser un maravilloso territorio de pescadores pero el capitalismo lo convirtió en el barrio más frágil y más incongruente de Caracas.

9) No hay lógica comunera que prospere si nos negamos a abandonar la lógica de la ciudad que los gringos nos ordenaron construir. No hay Misión Vivienda que prospere si no entendemos que el cemento, la cabilla y el asfalto son un boleto directo a la tragedia, y si seguimos teniéndole asco, miedo o penita a la construcción con tierra, madera, bambú.

9a) Problema con el punto 9: cómo coño vas a hacer que florezca una idea de ese calibre si eso no le llena los bolsillos a ningún empresario o político.

 10) Nuestra misión más seria en las semanas, meses y años que vienen debería ser decirles a los niños de Caracas (y de su barrio más grande, La Guaira) que la culpa del trauma espantoso que están viviendo fue nuestro enorme culillo a hacer una Revolución anticapitalista de verdad, y que su formación de ahora en adelante incluirá técnicas constructivas ancestrales, estudio de materiales nobles, siembra de especies alimenticias y medicinales, aprendizaje de la electricidad, la carpintería, la albañilería, la herrería y toda disciplina útil para el trabajo y para la vida. Es bastante probable que, en lugar de eso, nos apliquemos a decirles a los muchachos que toca reconstruir la ciudad tal como estaba, con los mismos materiales y la misma filosofía de la competencia y la basura empresarial, y cuando en unos meses venga el consabido rebaño de arquitectos e ingenieros sifrinos y mamagüevos, probablemente gringos, a hacerse ricos con sus diseños chiquiluquis y gentrificadores, entonces ahora sí se estará labrando nuestra derrota secular más ignominiosa y habrán triunfado los hijos de la grandísima puta maricorinistas y proyanquis, empresarios y profesionales coños de su madre de todos los gremios; habrán triunfado los gurúes del capital, los corruptos de todos los bandos, tendencias y colores, los sucios mercaderes de la espiritualidad convertida en religiones, habrán triunfado los estafadores evangélicos y sus marioneteros sionistas, los católicos y sus marioneteros pedófilos, habrán triunfado los malditos seudorrevolucionarios que nunca renunciaron a sus riquezas, habrán triunfado los hijos de puta fabricantes de canciones y de culturas putrefactas, habrán triunfado todos esos coños de sus respectivas madres de uniforme o bata blanca o cuello blanco, y entonces los güevones y los justos tendremos que ver en quién inculcamos el germen de la rebelión otra vez, a ver si mantenemos viva la llama de la revolución verdadera, que tendrán que hacer las generaciones que vienen porque las actuales siguen o seguimos aferradas a tanta basura capitalista disfrazada de socialismo.